
Todavía se vendía a buen ritmo La Sombra del Viento (y lo sigue haciendo) cuando ya se comenzaba a hablar del próximo libro de Carlos Ruiz Zafón. Probablemente el autor tuviera un vago comienzo de lo que iba a ser, algún borrador, o tal vez un firme comienzo de lo que iba a venir.
Muchos esperaban (o esperábamos) una secuela, una segunda y descarada parte de su afamada Sombra del Viento, quien sabe si para aprovechar el tirón comercial o para dar continuidad a esa bien tramada historia de la Barcelona gótica.
Lo cierto e “impepinable” es que el señor Ruiz Zafón ha hecho caja a base de bien, La Sombra del Viento comenzó su andadura literaria de manera tímida, de forma inadvertida, como la hasta ahora carrera literaria de su creador que comenzó en 1993 con la publicación de El Príncipe de la Niebla, libro de aventuras para jóvenes, al que siguieron otros tres del mismo genero y publico objetivo.
Sería ya en el año 2001 cuando se lanzó su primera obra para adultos, la ya archí conocida Sombra del Viento. Sin embargo durante los primeros años de vida del libro su resonancia fue mínima, el efecto bola de nieve se estaba gestando. La editorial no aposto desde el principio por una promoción fuerte, sería el propio libro y su calidad los que se encargaran de sacarse asimismo hacía adelante.
El resultado ya no merece mayor comentario pues por todos es sabido la proyección que ha alcanzado este titulo. Yo que, no se por que extraño motivo, me muestro reacio a leer un libro cuando se le da tanto bombo en los medios me tope con este libro en lugar insospechado. Fue paseando por un pequeño pueblecito de la Italia rural, concretamente en Lugo (nada que ver con Galicia), un rincón apartado casi de todo en las proximidades de Ravena. Tiene una librería y cuatro funerarias, lo cual dice mucho de las tendencias del pueblo en cuestión. Sin embargo, en el modesto escaparate de la pequeña librería de Lugo estaba presente la edición en italiano de La Sombra del Viento. A mi vuelta a España lo compré, lo leí y no me arrepiento, es más su lectura fue de lo mas agradable.


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or suerte todavía sigue siendo un placer poder sacar tiempo de donde no lo hay para poder sentarse apaciblemente en unos de esos sofás orejeros, nada de confort-relax ni mucho menos chorradas reclinables o con masaje, lo verdaderamente autentico es un simple y confortable sofá uniplaza, donde poder tener cerca una mesita sobre la que reposar un café, o algo que aderece la situación a la que nos disponemos. Tal no es otra que la de poder degustar el sabor inconfundible de la buena lectura, la que nos evoca olores, paisajes, emociones de todo tipo. La lectura, la buena lectura, la que tantos y magníficos momentos nos depara como compañero infatigable y siempre fiel en los momentos de forzada, o bien hallada, soledad.


