
Rojo y negro es una de las novelas clásicas de principios del XIX más representativas del romanticismo francés, y una de las dos que ha dado fama mundial a Stendhal, seudónimo bajo el que escribía Henry Beyle. Este gran escritor ha dado lugar a anécdotas hoy por casi todos conocidas, entre las que destacan la que gira en torno a la creación de su otra gran novela, La cartuja de Parma, y la que dio lugar al denominado “mal de Stendhal”. En cuanto a la primera, se dice que la escribió en 58 días (no recuerdo si era exactamente este el número pero, en todo caso, tardó aproximadamente dos meses, lo cual, teniendo en cuenta la extensión de la novela y la calidad de la misma es toda una hazaña, de ser cierta la leyenda). La segunda cuentan que sucedió en Florencia, cuando Stendhal visitaba la iglesia de la Santa Croce. Dicen que quedó de tal manera embargado por la belleza del lugar, que la abandonó aquejado de una sensación de vértigo, de ahogo y de angustia, debido, según el médico que le examinó, a una sobredosis de belleza. Ciertamente Florencia es una ciudad inolvidable, en la que uno parece haber viajado en el tiempo para pasear por las calles del Renacimiento italiano, y hay lugares, como la iglesia que hemos mencionado, el Duomo, el museo de los Uffizi, y tantos otros, que abruman por la cantidad y calidad de las numerosas obras de arte que nos rodean (no es nada raro sentirse abrumado por el espectáculo, aunque, lo del vértigo y el ahogo…, en fin, posiblemente Stendhal tenía una sensibilidad especial, y no creo que fuera precisamente de complexión atlética, pero todo puede pasar en una ciudad como Florencia).
Dejando al margen los comentarios acerca del gran escritor, esta novela ha estado siempre “compitiendo” con la otra gran obra de Stendhal, La cartuja de Parma, la cual finalmente alcanzó más renombre y fue más elogiada que la primera. Personalmente creo que Rojo y negro está muy por encima de La cartuja de Parma, es una novela con más fuerza, con ese dramatismo que rodea a la figura del personaje principal, Julien Sorel, con un romanticismo más refinado, no tan empalagoso como el de La cartuja de Parma.

Añadir a Del.Icio.Us
Este último trató de prevenir las amenazas que se cernían sobre el medio ambiente antártico, pero no prohíbe las actividades relacionadas con los recursos minerales, sino que se limita a establecer un marco jurídico general para el caso de que llegaran a iniciarse algún día, de tal manera que se hiciesen compatibles con las exigencias de la protección del medio ambiente antártico.



Su obra más conocida es sin duda Cañas y barro, pero he elegido esta otra novela porque, además de ser representativa del peculiar estilo literario de Blasco Ibáñez, aborda una vez más el tema de la denuncia social, y es una obra breve pero muy intensa, escrita en circunstancias muy especiales para su autor: en marzo de 1896, huyendo de una persecución policial a raíz de un enfrentamiento entre la masa y las fuerzas del orden, 


Pongo el acento especialmente en Manuel Leguineche, sin querer por ello desmerecer la aportación de María Antonio Velasco, pero creo que en la obra se nota sin duda la brillantez de un autor cuya trayectoria ha sido merecedora de los más importantes premios literarios y del reconocimiento por parte de crítica y público.

