Hoy finalizamos la trilogía de La materia oscura, de Philip Pullman, con El catalejo lacado (2000).
El libro comienza con el secuestro de Lyra por parte de la señora Coulter y un decisivo Will que se propone rescatarla a toda costa. Los dos niños llevan a cabo un viaje al mundo de los muertos en busca del amigo de Lyra, Roger, mientras lord Asriel desafía al mismísimo Dios y la profecía acerca de la niña se va haciendo más clara. Cada personaje, independientemente del mundo al que pertenezca, adquiere un papel esencial y tiene que elegir un bando para la guerra final e inevitable. En definitiva, se va aclarando el misterio del polvo.

La característica principal de este libro es que Lyra termina por asentarse como una adulta. Poco a poco va perdiendo sentido su picardía y el aletiómetro se vuelve más críptico, mientras que su daimonion empieza a coger una forma definitiva. Así, la protagonista termina de madurar y lo hace de una forma progresiva hasta dejarnos en las manos a un personaje totalmente formado, complejo.
Luego tenemos el enorme contenido filosófico de este libro, por tres partes:
Primero, Lyra y Will emprenden juntos un descenso a los infiernos en busca del conocimiento: dónde está Roger, qué es de él y, si es posible, ayudarlo. Pero también: la búsqueda de sí mismos, el sentido de sus respectivos mundos. Allí conocerán el frío, la horrible sensación de la muerte sin haber muerto, pero también: el esfuerzo y su finalidad, la amistad como medio y fin.
Segundo: Lord Asriel desafía a Dios. La gran guerra definitiva supone un enfrentamiento entre el hombre (y lord Asriel parece una metáfora del súper-hombre, un homenaje a Nietzsche) y la instancia superior a éste, lo que queda por encima del hombre. Cómo el ansia de libertad de una sola persona pone en jaque al reino celestial, a la misma fe. La gran guerra interpersonal: ¿uno es uno o lo que hicieron de él, lo que él cree que es, lo que él cree que cree?
Tercero, el final definitivo, en el que el ser humano debe decidir y el amor queda relegado al amor por la humanidad, un esto podría ser así, pero no debe. Cada personaje lleva a cabo su vida y parece que lo hace por entero (años y años) en un momento, en el que debe actuar.


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Otro de los puntos fuertes de esta revista es su estructura. En primer lugar, Palabras Diversas presenta cada uno de sus números al mundo presentado un Editorial en el que se intenta anteponer la literatura a los problemas del mundo (violencia, discriminación, racismo…).

Tomás, un médico mujeriego, conoce a Teresa casi por casualidad y se la lleva a la cama. Tras descubrir que ella no es como las demás (con ella el juego no es el mismo, parece ir más allá del sexo), inician un extraño romance lleno de contradicciones, como las aventuras de Tomás o lo pronto que comienzan a vivir juntos. Este encuentro tan accidentado será el centro de una espiral que obedece a la vez a la malicia del azar y la fatalidad del eterno retorno, y que irá volviéndose cada vez más dolorosa, más insoportable, a medida que vayan entrando personajes como Sabina (la atractiva fotógrafa) o Franz, el amante de ésta, un marido idealista que encuentra el sentido de su matrimonio en la infidelidad.
Con Marina volvemos a la posguerra española, los 70 esta vez. Óscar Drai es un estudiante que en mayo de 1980 desaparecerá una semana, hasta ser encontrado por un policía en la Estación de Francia. A partir de ahí, Carlos Ruiz Zafón desarrolla una historia llena de aventura y desconcierto, donde una mujer envuelta en un velo negro visita todas las tardes la misma tumba en el cementerio, el miedo explota en un taller poblado por muñecos terroríficamente vivos y no paran de aparecer cadáveres. Todo esto formando una espiral que gira alrededor de la desconcertante, misteriosa, intrigante, graciosa, valiente y cobarde Marina, que descubrirá junto a Óscar la Barcelona que sólo puede tocarse en los libros.


