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Autores, Literatura, Otros
Vigorosa expresión del nuevo mundo

La escritura en la América hispánica

Por Glenda Vergara Estarita, en 3 de Julio de 2008

Andrés BelloLa literatura hispanoamericana fue política en sus orígenes, pues cada nacionalidad lo que hizo fue expresar su propio momento histórico después de la emancipación de España.

El nacimiento de un nuevo mundo surgido de la independencia permitió a los mismos hombres que enarbolaban las banderas políticas que empuñaran las plumas para trasladar sus respectivos discursos a la escena literaria.

El primer caso notable de una literatura impulsada por directrices políticas fue el del venezolano Andrés Bello, que en su exilio de Londres publica en 1823 Alocución a la poesía, de la que rescatamos el siguiente fragmento:
Divina poesía,
tú, de la soledad habitadora,
a consultar tus cantos enseñada
con el silencio de la selva umbría;
tú, a quien la verde gruta fue morada,
y el eco de los montes compañía;
tiempo es que dejes ya la culta Europa,
que tu nativa rustiquez desama,
y dirijas el vuelo adonde te abre
el mundo de Colón su grande escena.

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Autores, Libros, Otros

San Agustín

Entre el pensamiento filosófico y la fe cristiana
Por Glenda Vergara Estarita, en 27 de Junio de 2008

No siempre San Agustín profesó un credo cristiano. Su conversión a esta doctrina religiosa fue posible en el año 387 a través de las predicaciones de San Ambrosio. Antes había sido profesor de retórica en Roma y Cartago. En esta última ciudad italiana, el hijo de Santa Mónica, nacido en Tagaste en el año 354, simpatizó con varias corrientes filosóficas como la del materialismo, la del escepticismo, y la del maniqueísmo, antes de abrazar el neoplatonismo y dirigir su pensamiento filosófico hacia un cristianismo platonizado.

San AgustínEl tema de la verdad se impuso en la filosofía de San Agustín. En ese sentido se inclinó por la idea de que con la razón se puede obtener la verdad y combatir el escepticismo. La verdad, opinaba San Agustín, se reconoce en el ser, y el ser equivale a Dios. Es decir, sigue la orientación de Platón, pero desde una óptica cristiana.

Para San Agustín el hombre está compuesto de dos sustancias diferentes entre sí: el alma y el cuerpo. El alma es la imagen de Dios mismo, y el cuerpo al estar unido a esa alma le da una condición al hombre de vivir entre el bien y el mal, entre la oscuridad y la luz. “Dios uno y omnipotente, Creador y hacedor de todo alma y de todo cuerpo, por cuya participación son felices cuantos son felices por la verdad, no por la vanidad; que hizo al hombre animal racional de alma y cuerpo; que, en pecando éste, ni permitió que quedara sin castigo, ni le dejó sin misericordia; que dio a los buenos y a los malos ser con las piedras, vida seminal con los árboles, vida sensitiva con los animales, y vida intelectual con solos los ángeles”.

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Autores, Libros
Una vida hecha poesía

Rafael Alberti

Por Glenda Vergara Estarita, en 15 de Junio de 2008

Rafael Alberti nació el 16 de diciembre de 1902 en el Puerto de Santa María, Cadiz. En un principio, cuando su familia se trasladó a vivir a Madrid, el futuro escritor manifestó tener una marcada inclinación por la pintura. Sus primeras visitas al Museo del Prado le sirven de estímulo a su vocación, que encuentra su cauce en las pinturas iniciales que consigue exponer en 1920 en el Salón Nacional del Otoño.

En la misma época en que Rafael Alberti va labrando su camino como artista pictórico, le nace la inquietud por la poesía. El primer libro que publica de ese género literario fue Marinero en tierra, con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en el año de 1925.

Marinero en tierra está inspirado por unos sentimientos nostálgicos por el mar. Es la evocación que hace el poeta que vive en tierra, remontándose a los días de la infancia cuando el horizonte amado era un océano cercano y palpable:

El mar. La mar.
El mar. ¡Solo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?.
Rafael Alberti gestó La Amante (1926) mientras viajaba por el norte de España y por Castilla. De esta manera el autor relata poéticamente la experiencia de ese viaje. El libro se divide en cuatro partes: Hacia las tierras altas, Hacia el litoral del Norte, De vuelta del litoral y Madrid. El siguiente es uno de los poemas de La Amante:

¿Por qué me miras tan serio,
carretero?
Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carretera toda
para ti, carretero.
¿Qué más quieres?

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Autores, Clásicos
Una pluma al servicio de la crónica novelada

Stendhal

Por Glenda Vergara Estarita, en 10 de Junio de 2008

Al igual que Shakespeare, quien basaba sus obras literarias en sucesos de la vida real de la edad media, a Stendhal en su época tampoco le preocupó ser muy original, pues si por algo se caracterizaron las suyas fue por tener argumentos recogidos también de las crónicas.

En ambos autores, independientemente de sus valores literarios, la invención escaseaba, y en el caso específico de Stendhal, los estudiosos de su obra encontraron que en las primeras de su autoría, este escritor tan importante del siglo XVIII, plagió a otros autores. Se cita, por ejemplo, el título Vidas de Haydn, Mozart y Metastasio como prueba de ello.

La visión que Stendhal tenía de la literatura era realista, de ahí que sus obras capitales transmitieran cierta obsesión por ser claras y objetivas, y que el autor demostrara a través de éstas un amplio conocimiento del ser humano, influido, muy seguramente, por ese interés que el siglo XVIII le otorgó al hombre y a la conquista de sus libertades.

Crónicas italianas fue la reproducción que Stendhal hizo con su estilo de unos manuscritos del siglo XVI y XVIII, en los que se relataban crímenes y vivencias apasionantes. De este trabajo nace La cartuja de Parma (1839), novela que no posee un argumento original del autor, pero su trama e intriga son genialmente transformados por su pluma providencial, hasta el punto de que Stendhal le da vida a un héroe que perdura en el recuerdo del lector por su valentía, su energía, y por su vocación de hombre feliz.

En el año de 1827, La Gaceta de los Tribunales reseña el proceso de un hombre acusado de homicidio. El hecho ocurrió en plena misa y la víctima de los disparos mortales fue la madre de unos niños de quienes el homicida, un ex seminarista, fue profesor. El nombre del protagonista del caso de la vida real era Berthet, que en Rojo y negro se convierte en Julian Sorel, un hombre más humano y menos estereotipado que el quedó registrado en la crónica judicial, transformado por obra y gracia de Stendhal en un personaje que obligatoriamente hay que citar cuando se habla de de los mejores de cuantos han poblado las páginas de la literatura universal.

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Autores, Clásicos, Literatura
Siglo XVIII en Francia

La novela epistolar y la novela de memorias

Otro punto de vista en la narración
Por Glenda Vergara Estarita, en 5 de Junio de 2008

17179124.jpgUn amplio sector de la crítica literaria considera que en el siglo XVIII es que el género de la novela tiene su mayor auge, en Francia, contradiciendo a quienes son unos convencidos de que con el realismo de Stendhal y Balzac es que ésta alcanzó su plenitud. La apreciación de los primeros está basada en la gran productividad que hubo, tanto a principios del siglo XVIII con una primera etapa del romanticismo, y a finales de éste con el denominado naturalismo. La calidad de las obras publicadas le da a ese siglo un lugar de preeminencia frente al siglo XIX.

Una de las obsesiones de la narrativa del siglo XVIII en Francia fue la del uso de los puntos de vista y la aspiración de darle a las ficciones una connotación realista. Es así como encontramos que el narrador en tercera persona o narrador omnisciente le da paso a un narrador en primera persona que en la mayoría de los casos le sirve a los autores para escribir novelas epistolares y novelas de memorias que tienen la ventaja de que se narran desde esa perspectiva subjetiva que le da una indiscutible autenticidad a las historias.

La novela epistolar es a lo largo de todo el siglo XVIII en Francia la más cultivada por un grueso número de autores, y es sobre la que se construye un mercado literario exitoso. Para darle un efecto más realista en algunas de estas novelas sus autores escriben prefacios en los que se hacen pasar por un editor o un compilador del material que supuestamente ha llegado de manera casual a sus manos. Tales son los casos de Las cartas persas (1721) de Montesquieu, y de Las amistades peligrosas (1782), de Choderlos de Laclos. En la primera Montesquieu, desde el punto de vista de dos persas que intercambian cartas, crítica las costumbres y las instituciones francesas. En el prefacio de esta novela da a entender claramente que él no es el autor sino el traductor de esas cartas escritas con sentido humorístico que consiguieron atraer a grandes públicos. En Las amistades peligrosas, Choderlos de Laclos escribe un prefacio del que citamos el siguiente fragmento: “Esta colección, que el público hallará quizá aún demasiado voluminosa, no contiene, sin embargo, sino el más pequeño número de las cartas que componían la totalidad de la correspondencia de que está sacada. Encargado de ponerla en orden por las personas que la habían adquirido, y que sabía yo tenían intención publicarla, no he pedido por recompensa de mi trabajo sino permiso de separar lo que me pareciese inútil, y he cuidado conservar efectivamente sólo aquellas que he considerado necesario para mostrar los caracteres y hacer más comprensibles los sucesos, se agrega a este ligero trabajo el de colocar nuevamente en orden que he conservado -lo que hecho casi siempre siguiendo las fecha- y en fin, algunas notas cortas que, en su mayoría sólo tiende indicar la fuente de algunas citas, o a motivar ciertos cortes que he permitido hacer, se verá toda la parte que he tenido en esta obra. Mi encargo no se extendía a más”. Es el recurso que utiliza el autor para hacer más real lo que va a contar.

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Autores, Literatura
Una francesa irreverente

Colette

Del anónimato a la celebridad
Por Glenda Vergara Estarita, en 31 de Mayo de 2008

colette.jpgTras el seudónimo de Colette se escondía la escritora Sidonie Gabrielle Claudine Colette, nacida en Saint Sauveur en Puysaye, Borgoña, el 23 de enero de 1873. Siendo muy joven la futura novelista francesa fija su residencia en Paris con su primer esposo Henry Gauthier-Villars, un periodista con cierta reputación que casi le doblaba la edad. La popularidad de Henry era creciente, pero sus libros aparecían a la luz pública firmados con el seudónimo de Willy. Así las cosas, cuando Sidonie, de 27 años, escribe la primera novela que haría parte de una serie, y la publica al despuntar el siglo XX, en el año de 1900, lo hace bajo el nombre de Willy. El título de la novela era Claudine en la escuela, y su inmediato éxito estuvo acompañado de un escándalo mayúsculo. En esta serie narrativa con otros tres títulos más, Claudine amoureuse, y Claudine en ménaje, escritos en la misma década de la primera, y La casa de Claudine, veinte años más tarde, Colette narra la historia de pasiones desenfrenadas de la colegiala Claudine, primero, para luego documentar la época del matrimonio de ésta en un Paris devorado por la actividad teatral, por los salones literarios, y por la lujuria sexual de los triángulos amorosos, como el creado por la protagonista y otra mujer llamada Rezi, ante la complacencia del marido de la primera.

La crítica de entonces señaló lo siguiente en relación a Claudine en la escuela: “Este libro es de verdad. Claudine no es una novela, ni una tesis, ni un diario. Es alguien, una persona viva, una persona terrible… Es la mujer total gritando por encima de su propia voz acerca de su pubertad, sus deseos y sí, sus crímenes”. Y era cierto. Imposible no encontrar en esta serie de novelas un tinte autobiográfico. Con las novelas se hizo célebre el personaje y alrededor de éste se fue creando una fiebre en Paris. Hubo marcas de cigarrillo Claudine, se diseñaron corbatas, sombreros, las mujeres se cortaron el cabello al estilo de la protagonista inolvidable que había nacido de la pluma de Colette, pero que su marido había mostrado a los lectores como si fuera de su autoría, porque en esa época Colette debió sentirse como sus predecesoras del siglo XVIII y XIX, las Bronté, Jane Austen, George Sand, etc., que temían dar la cara en un oficio reservado para varones y optaron por los seudónimos.

El tal Willy vendió los derechos de estas primeras novelas de Colette y las usufructuó con descaro, recibiendo las jugosas regalías, y solo le compró a la autora una casa de campo y le pasaba una reducida asignación. Esta fue la causa que originó la ruptura definitiva de la pareja. A partir de ahí el mundo intelectual parisino se entera de que Claudine era obra de Colette, y con ese reconocimiento tardío trabaja para sobrevivir después del divorcio como cantante de musicales, bailarina, cosmetóloga y escribe artículos periodísticos en los que deja por sentado su ideología de mujer mundana. Pero no interrumpe su carrera literaria pues en esos días es que concibe El retiro sentimental (1907), Los zarcillos de la viña (1908), La ingenua libertina (1909), y La vagabunda (1911).

La autora de francesa se casa por segunda vez durante el estallido de la Primera Guerra Mundial con el barón Henry de Jouvenel, quien fue el padre de su única hija, nacida en el año de 1913. Cuando tiene 47 años de edad Colette, que responde a su marido con la misma tendencia hacia la infidelidad, se entrega a una aventura con el hijo de éste, un adolescente de 16 años. Su tercer matrimonio fue con Maurice de Gaudeket, un judío sin bienestar económico, más joven que ella.

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Autores, Libros
La tejedora de coronas

Germán Espinosa

Por Glenda Vergara Estarita, en 24 de Mayo de 2008

imgarticulo_t1_577_20061110_113240.jpgCompartí totalmente la opinión del escritor colombiano Jorge Franco cuando expresó que: “Como lector, como estudioso de la literatura universal, y como escritor de corta trayectoria, encuentro en la obra de Germán Espinosa toda la importancia y la trascendencia necesarias para calificarla de maestra, y aunque aún no termino de repetirla y recorrerla en toda su extensión, pretendo hacerlo con la parsimonia y meticulosidad de quienes saben degustar la exquisitez de los mejores vinos, o como seguramente me refutará el maestro, de los mejores whiskies.” Son muy justas esas palabras dirigidas a quien incursionó en la cuentística colombiana rompiendo tradiciones en el género con La noche de la Trapa. Este libro de cuentos, publicado en 1965, contiene relatos cuya intención es transgredir la realidad para ofrecernos el lado fantástico de la misma. Éste sin embargo, no fue el primer libro publicado por Germán Espinosa, ya que a los quince años de edad, cuando la gran mayoría de mortales apenas si sabe lo que significa la palabra literatura, salió impreso su poemario Letanías del Crepúsculo, un título sugestivo que además anuncia la riqueza de lenguaje del autor.

Germán Espinosa nació en Cartagena de Indias, Colombia, el 30 de abril de 1.938, y murió apenas hace unos meses, el 17 de octubre de 2007, a los sesenta y nueve años, a causa de un cáncer que en sus últimos días le impedía hablar. No es un reconocimiento gratuito que la revista Semana lo haya incluido entre los sesenta personajes más destacados de la historia del siglo XX en Colombia. Aunque su caso es el de otros autores colombianos de su generación cuya obra ha permanecido un poco opacada a causa del fenómeno de la popularidad sostenida del Nóbel Gabriel García Márquez, Germán Espinosa es un escritor traducido al alemán, al francés, al inglés, al coreano, y al chino.

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Autores, Literatura
Novela histórica

Walter Scott

Itinerario de un éxito
Por Glenda Vergara Estarita, en 19 de Mayo de 2008

henry_james3.jpgWalter Scott siempre mantuvo su imaginación de escritor arraigada en el pasado histórico de Escocia y de Inglaterra. Precursora de la novela histórica inglesa fue Waverley (1814), publicada con el anónimo de “Por el autor de Waverley”. Con este texto el autor hace la transición del género de la poesía, que había cultivado con aciertos hasta el punto de haber sido nombrado poeta laureado de la corte, hacia la narrativa, un campo en el que su popularidad no decayó sino que, por el contrario, se acrecentó a pasos agigantados.

Waverley le abrió a Walter Scott las puertas de una carrera vertiginosa en la historia de la novelística inglesa. Por año comenzó a publicar dos o tres novelas, y cada vez que una de éstas salía a la luz pública, el hecho se convertía de inmediato en un acontecimiento nacional.

Waverley está inspirada en la revolución jacobita de 1745, que pretendía instaurar en Inglaterra a la exiliada casa de los Estuardos. Aquí Walter Scott hace una recreación de Escocia por medio de un retrato realista que confronta el mundo feudal decadente de los Highlands y la industrialización de Inglaterra durante la monarquía Hannover.

El público experimentaba una auténtica fiebre por la obra de Walter Scott. En esa época sus novelas eran lo que hoy en día se llama bestsellers, con la salvedad de que este autor era un hombre de letras en toda la extensión de la palabra y su obra tenía una calidad artística incuestionable.

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Autores, Clásicos

Marcel Proust

Un ejercicio de la memoria
Por Glenda Vergara Estarita, en 5 de Mayo de 2008

verfoto.jpgEl 10 de julio de 1871 nació en Paris, Francia, Marcel Proust. Su padre fue Adrien Proust un médico que trascendió como epidemiólogo en Europa, muy a pesar del origen humilde de su familia provinciana dedicada al negocio de las tiendas. Su madre fue Jeanne Weil, judía por línea paterna y materna, de familia culta con una envidiable posición económica.

A causa de su condición enfermiza el niño Marcel apenas si pudo asistir con cierta regularidad al colegio. En la década de 1880 sufre su primera crisis de asma, el padecimiento que habría de acompañarlo a lo largo de toda su vida. En el liceo Condorcet conoció a varios amigos como el futuro historiador Daniel Halévy , el futuro filósofo Léon Brunschvicg, y jacques, el hijo del famoso músico Bizet, con quienes compartió su afición por la lectura.

En 1889 Marcel Proust ingresa al ejército como voluntario y esta etapa fue tan gratificante para él que cuando termina su servicio solicita una prórroga que le es negada y entonces debe volver a la vida civil y decidir el camino que va a seguir. En 1890 escoge estudiar Derecho y Ciencias políticas y aunque obtiene su título profesional no ejerció la carrera por falta de vocación. Durante esos días vivía entregado a la vida social y al cortejo de mujeres, circunstancia que le da fama de ser un joven frívolo y superficial.

Su inclinación por la escritura se evidencia a los 20 años, cuando colabora con Le Banquet, una revista fundada por los exalumnos del liceo Condorcet. Los que leen sus artículos lo acusan de imitar el estilo de Anatole France y no le auguran un buen futuro en las letras, por seguir obsesionado con los temas banales de la alta sociedad. Era la época en que estaba enamorado de Marie Finaly, la hija de un banquero judío, estaba muy deslumbrado también por la condesa de Chevigné, y conoce al conde Robert de Montesquiou, el poeta homosexual que lo presenta a la alta aristocracia parisina. Entre las relaciones homosexuales que se le atribuyen, se destaca la que tuvo con el joven músico Reynaldo Hahn, un judío de origen venezolano, y con Lucien Daudet, un estudiante de arte, hijo del escritor. Esta presunción de homosexualidad en la relación con este amigo, originó que retara a duelo al periodista que difundió el rumor, y aunque no hubo ninguna situación que lamentar, este acto dejó en la sociedad la certeza del valor del joven Marcel Proust.

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Autores, Literatura

Anais Nin

Identidad y literatura
Por Glenda Vergara Estarita, en 3 de Mayo de 2008

anaissomelivelike.jpgAnaïs Nin es una autora que rompió abiertamente con la literatura patriarcal y le dio una voz a la identidad femenina con su escritura osada que se constituyó en un desafío a su época. Nació en Paris, Francia, el 21 de febrero de 1903. Era hija de Rosa Culmell, una franco danesa, y de Joaquín Nin, pianista y compositor cubano de origen español. Por línea paterna era descendiente de franceses, cubanos y daneses, pero la nacionalidad norteamericana de su madre marcó el futuro de su vocación literaria, pues es a Nueva York donde se traslada con ésta cuando tenía 12 años de edad. Sus padres se habían separado, y este acontecimiento marcó sus inicios como escritora, ya que en esa época comenzó a escribir sus diarios íntimos, en los que anota con toda sinceridad sus impresiones sobre su vida y lo que la rodea. Textos como el siguiente surgieron de su pluma en esos días: “Soy Ángeles, Anaïs, Juana, Antolina, Rosa, Edelmira Nin y Culmell. Tengo doce años y soy bastante alta para mi edad, todo el mundo lo dice. Soy delgada, tengo los pies grandes y las manos también, con los dedos largos, que suelo crispar por nerviosismo. Tengo la cara muy pálida, unos grandes ojos castaños, perdidos, y temo que revelen mis insensatos pensamientos. La boca grande, me río muy mal, y sonrío regular. Cuando me enfado, hago una mueca con los labios”.

El regreso a Europa de Anais Nin se lleva a cabo en 1923. Se había casado con el banquero norteamericano Hugo Ghiler y se establecieron en las afueras de Paris. Sus aventuras amorosas fueron de público conocimiento como las que sostuvo con el escritor Henry Miller y el psicoanalista Otto Rank, y con el artista y activista peruano Gonzalo Moré. La relación con Henry Miller al principio es intelectual, pues Anais desconocía el mundo bohemio y artístico que el escritor le muestra en Montparnasee, donde se dan alegres tertulias sobre filosofía y literatura. Son los días en los que June, la esposa de Henri Miller, viaja a Paris y Anais se siente fuertemente atraída por su belleza y su arrolladora personalidad. Cuando June regresa a Nueva York es que Henri y Anais se convierten en amantes. Luego, en 1932, June viaja nuevamente a Paris, y con Anais y Henri, conforman un triángulo amoroso. Lo que sentía Anais por cada uno de los esposos lo expresa así: “Henry me da el mundo, June me da la locura”.

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