La diferencia entre un pacto y una alianza tiene que ver con el grado de explicitación que conlleva la acción. En lo que concierne al pacto con el Diablo, las leyendas comienzan a circular durante el siglo VI, sobre todo con las historias de Teófilo (célebre monje que le habría vendido su alma al diablo). Sin embargo es posible retroceder en el tiempo y observar los primeros elementos que sirvieron de prólogo a los futuros pactos demoníacos (tantos reales como literarios, es decir “legendarios”) bajo la figura de alianzas explícitas e implícitas con el Mal.
La idea de una alianza con el diablo es muy antigua. Ya la encontramos por ejemplo en la Biblia cuando Satán intenta tentar a Jesús durante su ayuno en el desierto. Podemos incluso ir más lejos en el tiempo y pensar en la vieja leyenda del pueblo Urus (antiguos habitantes de los márgenes del lago Titicaca) que tenían, en efecto, su propia versión de la alianza con las fuerzas malignas: según el mito, Huari (el Dios del mundo subterráneo que reinaba sobre las minas de la región) decidió castigar al pueblo porque los urus habían comenzado a venerar a otros dioses como el sol o la Luna; para cumplir el castigo envió una rana, una serpiente y un lagarto (gigantes los tres) al mismo tiempo que un millar de hormigas para devorar a toda la población pero antes de la destrucción una bellísima diosa intervino y transformó los animales gigantes en piedras y las hormigas en arena; luego de la derrota Huari decidió subir a la superficie y para recuperar el respeto de los nativos volvió a darles los minerales de las minas. Claro, nos dirán los comentadores, en este mito no hay un pacto o una alianza explícita con el Diablo (Huari o Supay en este caso). Sin embargo podemos decir que esta leyenda enseñó a ese pueblo a mentener una relación dialéctica con el Bien y el Mal, venerando al Bien pero respetando al Mal.
En la hagiografía cristiana podríamos partir de la historia de Simón el Mago (siglo I), mito que en su variante católica internvendrá en la elaboración de la leyenda de san Cipriano de Antioquía. El mito de Simón el Mago está efectivamente en el origen de las diferentes leyendas de pactos demoníacos. Este personaje aparece en el Nuevo Testamento. Es muy conocido en Samaria gracias a los milagros con los que fascinaba a la población pero, con la llegada del Apóstol Felipe, se convertirá junto al pueblo y será bautizado. Tiempo más tarde Pedro y Juan llegan a la misma ciudad y llevan con ellos la nueva forma del bautismo (comportando el don del Espíritu Santo par imposición de manos). Dicha forma va a atraer inmediatamente la atención y los deseos mágicos de Simón quién le ofrece dinero a los apóstoles a cambio de la enseñanza del poder de atracción del Espíritu Santo. De más está decir que la oferta será rechazada y que se le aplicará una condena religiosa a Simón.


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Parte de la rivalidad literaria que manifiesta Goethe en sus dos ensayos teóricos: “Sobre la arquitectura alemana” y sobre todo en “En el día de Shakespeare” (la citas que acompañan este artículo están todas sacadas de estos dos textos) podría tener como punto de partida al trabajo realizado en Alemania por
Esto viene a cuento con que acabo de encontrar de casualidad -no me pregunten cómo, no pienso revelarlo- una entrevista realizada a Allen Ginsberg en 1965, en el que el poeta se explaya hablando sobre literatura, poesía, su manera de escribir y su relación con los otros poetas de ese tiempo. La conversación que mantiene Allen Ginsberg con el entrevistador es de una rara riquieza: el diálogo pasa de la poesía a la vida cotidiana, de las pinturas de
Durante los años de confección del Ifigenia se comenzaban a desarrollar tanto en Francia como en Inglaterra como en Alemania los primeros movimientos feministas: ya se producían discusiones sobre el rol y los derechos de las mujeres en la sociedad. Todas estas discusiones se encontraban afectadas por conceptos que se referían al estatuto de la mujer en la antigua Grecia (como por ejemplo la discusion tácita entre Böttiger y Goethe sobre la versión del Ion de
Cuando Lehmann habla de las caracteríticas principales de este tipo de corriente artítica señala la desjerarquización de los elementos teatrales contemporáneos. Efectivamente, en las nuevas tendencias teatrales podemos observar de que manera el texto deja de ser el elemento hegemónico estructurante de la puesta en escena. En estas nuevas manifestaciones artísticas el texto es sólo un elemento más que no impone ninguna relación de poder ni de pre-existencia; así el nuevo texto teatral compartirá el escenario con la danza, la pintura, la iluminación, la música, la arquitectura, el video-clip, sin que haya un elemento más importante que los otros. Es cierto, en muchos casos el concepto de teatro se mezcla (y sus fronteras se oscurecen) con el de de “performance”. Esta contaminación subraya, sobre todo, la preponderancia de la presencia física del actor-performer por sobre la vieja concepción dramática del personaje. En efecto, en esta nueva manera de pensar las artes escénicas el concepto de personaje comienza a borrarse. En lugar de la creación de un personaje a partir de una acción que tiende a la mímesis (según la
Quizás uno de los puntos de vistas más conocido (y más general) sea el que se lee en las páginas de R. Modern, quién se basa en hechos históricos estrictamente literarios de la cultura alemana. Es por eso que le otorga todo un capítulo a este movimiento, hecho que no ocurre ni en la “Historia de la literatura alemana” de Beutin ni en la “Historia social de la literatura y el arte” de A. Hauser donde el sturm und drang se encuentra inmerso dentro del caítulo dedicado a la ilustración. Esta es una de las diferencias principales, ya que muestra una concepción del sturm und drang como un movimiento aparte del de la Ilustración, opositor, contrario. Y hasta ve en estos jóvenes a los precursores del romanticismo, por sus ideas de libertad absoluta y de abolición de toda traba (como por ejemplo la violación de la regla de las tres unidades del teatro “iluminista frances” que Gottshed quería importar a Alemania)
En efecto, en la obra no hay diálogos, sólo escuchamos los monólogos interiores de ambos personajes que nos cuentan sus estados de ánimo, sus pensamientos, sus estipulaciones en relación al comportamiento propio y a las reacciones, siempre inciertas, del otro en ese momento especial que es el inicio de una relación sentimental. El hallazgo del autor consiste precismamente en ese diálogo de sordos que se desarrolla al escuchar los pensamientos de los protagonistas. Las situaciones cómicas fluyen por sí solas cuando comparamos los pensamientos femeninos y los masculinos sobre un determinado tema de conversación, o cuando observamos que una actitud como la elección del restaurant se transforma en una reflexión sobre los puntos en común y sobre lo traumático y complicado que puede resultar esta elección para el que debe hacerla.
Si investigamos las fuentes bibliográficas de la época, podemos verificar que este hombre llamado Faustus (es decir, el afortunado; patronimio que iba bien con su profesión de astrólogo) asistió a la Universidad de Heidelberg dónde se lo menciona en los archivos de 1509. Se dice incluso que consiguió convencer, gracias a su técnica oratoria, al ilustre jefe luterano Frantz von Sickingen, quién lo ayudó a conseguir un puesto en el Colegio de Kreuznach de dónde sería echado más tarde por ser acusado de sodomía: en 1528 un proceso-verbal nos muestra la expulsión de Ingolstadt del doctor Fausto; otro proceso-verbal en 1532 nos enseña que el consejo de Nuremberg lo tilda de gran sodomita y de nigromante. Aunque por toda Alemania se conociesen sus malas costumbres y su “arte mágico”, seguía siendo consultado por diversas personalidades importantes: en 1523 le escribió algunas predicciones al conquistador alemán Philippe von Hutten sobre su futura expedición en Venezuela. Parece ser que unos años más tarde todas estas predicciones resultaron exactas, como lo prueban las cartas que el conquistador envío desde Venezuela en 1534. Este aspecto es muy interesante ya que encontramos aquí por primera vez como la leyenda de este personaje llamado Fausto ingresa en el territorio del Nuevo Mundo, excediendo las fronteras europeas.


