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Clásicos, Libros gratis
Amar más allá de la muerte

El mito de Andrómaca entre Eurípides y Racine

El mito en la literatura
Por Inma Manzanares, en 7 de Julio de 2008

En la mitología griega Andrómaca es hija de Eetión, rey, en la Tróade, de Tebas Hipoplacios (rey que será muerto por Aquiles, tal como nos dice la Iliada VI, versos 413-420: Dio muerte a Eetión, mas no lo despojó, pues se lo impidió un escrúpulo religioso… Y los siete hermanos míos que había en el palacio, todos ellos el mismo día, penetraron dentro de Hades…A mi madre, que reinaba bajo el boscoso Placo, tras traerla aquí con las demás riquezas, la liberó de regreso, luego de recibir inmensos rescates”), fiel y amantísima esposa de Héctor y madre de Astiniacte o Escamandro (Il. VI, vv 429 y ss.: ¡Oh Héctor! Tú eres para mí mi padre y mi augusta madre, y también mi hermano, y tú eres mi lozano esposo… No dejes a tu niño huérfano, ni viuda a tu mujer…).

Cuando Héctor muere en la guerra de Troya, le lloró amargamente.

Se convierte en esclava de Neoptolemo o Pirro (según el Epítome V a la Biblioteca mitológica de Apolodoro:Agamenón consiguió por privilegio a Casandra, Neoptólemo a Andrómaca…Eurípides en las Troyanas, vv. 271-291, también se inclina por esta variante. Sin embargo, Virgilio en Eneida III sí pone en boca de Andrómaca el lamento por haber sido sorteada después de la derrota troyana), y matan a su hijo, para evitar así la descendencia masculina de los soberanos troyanos (aunque no sufre la misma suerte el hijo de Príamo, Heleno, que también cae como esclavo de Neoptólemo, tal como recoge Eurípides, entre otros, en su Andrómaca, de la que hablaremos más adelante).

Hay otra versión en la que este Astiniacte no muere y participa en la fundación de una nueva ciudad con el hijo de Eneas, Ascanio y aún hay alguna otra variante que lo hacen sobrevivir y ser antepasado de los antiguos reyes de Francia, tal como señala Racine en el Segundo Prefacio a su Andrómaca. En el Epítome VI de Apolodoro y en Pausanias I 11, aparece la versión por la que Neoptólemo, llevando consigo a sus dos nobles rehenes, Andrómaca y Heleno, y por consejo de su abuela la diosa Tetis, emprende el camino hacia su tierra, caminando. Llega al país de los molosos, de los que se hace rey. Y aquí tiene de Andrómaca a su hijo Moloso (la tradición hace a este hijo el iniciador de la estirpe de los reyes de los Molosos que culmina con Pirro, famoso rey enemigo de los romanos). Todas las variantes del mito coinciden en que esta unión no cuenta con la aprobación de la misma Andrómaca que se siente obligada a ella. Que esta unión sea forzada no impide que Hermíone (hija de Menelao y Helena y esposa de Neoptólemo), la haga objetivo de sus ataques de celos (lo veremos en el comentario que haremos de la Andrómaca de Eurípides más adelante).

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Literatura
La invención de Napoleón

La isla de los Jacintos Cortados De Gonzalo Torrente Ballester

o Carta de amor con interpolaciones mágicas
Por Inma Manzanares, en 1 de Julio de 2008

obra de Álvaro DelgadoDos novelas en una o por el precio de una, eso es lo que nos ofrece La isla de los Jacintos Cortados, eso y mucho más, claro, porque además de un triángulo amoroso encaminado al fracaso, nos traslada, a través del fuego, desde una universidad norteamericana del siglo XX, a una islita perdida en el Mediterráneo, a finales de la Revolución francesa. Ambos paisajes, con sus historias respectivas, con sus personas, se mezclan en la novela y, a veces, llegan a tocarse.

Cerca de una universidad norteamericana, no importa mucho cuál de ellas, hay un laguito y en medio del laguito una isla con una cabaña que la misma universidad alquila a alumnos y/o profesores. Es la Isla de los Jacintos Cortados.

En esta ocasión la cabaña está habitada por un profesor de literatura (el narrador, sin nombre ni muchos datos, quizás un alter ego no confesado del autor, Torrente Ballester) y por una becaria de historia (la griega Ariadna), el profesor locamente enamorado de ella, ella novia enamoradísima de un amigo de él, también del departamento de historia (Alain Sidney, Claire para los amigos). El profesor de literatura va a ser nuestro narrador, nuestro guía a través del tiempo.

Pero detengámonos un poco más en por qué viajamos a través del tiempo, cuál es el pretexto.

Sidney ha escrito un libro sobre un antepasado suyo, un eminente poeta inglés que pasó una temporada en una islita mediterránea, la Gorgona. Según contaba este poeta en sus memorias, durante su estancia en la isla se produjo algo que, de ser cierto, cambiaría completamente ciertos aspectos de la historia no sólo europea, sino mundial.

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Clásicos, Literatura

El abuelo de Pérez Galdós

El honor del apellido
Por Inma Manzanares, en 9 de Junio de 2008

No es, desde luego, el último bestseller de las grandes listas de éxitos, ni siquiera puede que sea una de las más famosas obras de Pérez Galdós. Siempre ha quedado opacada al lado de títulos como Fortunata y Jacinta, Miau, la colección de las novelas de Torquemada, los conocidísimos y poco leídos Episodios Nacionales, Misericordia y otras muchas obras de este genial novelista español. Pero vale la pena hablar un poco de ella.

Si abrimos la novela por cualquier página, me van a decir, ‘pero… ¿novela? ¿dónde está la novela?’, porque la obra tiene toda la pinta de una obra teatral, presenta la típica forma dialogada, las típicas divisiones en actos y las típicas acotaciones de cualquier obra de teatro. No obstante me acojo a la opinión del mismo autor que la subtituló “Novela en cinco jornadas” y se justificó, en el prólogo, con las siguientes palabras:

Aunque por su estructura y por la división en jornadas y escenas parece El abuelo obra teatral, no he vacilado en llamarla novela, sin dar a las denominaciones un valor absoluto (…) En toda novela en que los personajes hablan, late una obra dramática. El teatro no es más que la condensación y acopladura de todo aquello que en la Novela moderna constituye acciones y caracteres

Y para desasosiego de críticos y teóricos de la Literatura, añade:

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Ciencia ficción, Cuentos

El hombre ilustrado de Ray Bradbury

Una visión de futuro
Por Inma Manzanares, en 23 de Abril de 2008

Recopilación de cuentos, publicada en 1951, un año después de Crónicas Marcianas. La fecha de la publicación y el tema de los cuentos nos hacen pensar si no son los cuentos del Hombre Ilustrado los que quedaron en el cartapacio de Bradbury cuando publicó las Crónicas, pues, como veremos más adelante, muchos de los cuentos de esta segunda colección bien podrían haber pertenecido a la primera.

Y la misma existencia de las Crónicas, sustraen a esta obra de algo que, para mi gusto, había sido fundamental en la primera, esto es, la originalidad del contenido y de la expresión. Pues Bradbury había convertido en literatura, lo que se estaba convirtiendo en un clásico del cómic: la temática escapista hacia otros mundos o hacia otros tiempos.

Recordemos el boom que existió para este tipo de publicaciones, no sólo en EEUU, sino en todo el mundo, a partir de la crisis de finales de la década de los 20 y que llegó a su época cumbre en la década de los cuarenta y de los cincuenta, tendríamos que preguntarle a Bradbury cuántos cómics de Buck Rogers leyó y qué le quedó de este teniente de aviación que, tras dormir 500 años, despierta y tiene que salvar a la tierra; o qué de Flash Gordon y su estética de futurismo ecléctico, en el que se mezclan castillos medievales con los más ingeniosos avances científicos; o qué de otros de los muchos cómics que con esta temática se editaron en los años 30 y 40 en Estados Unidos. Muy lejos queda Julio Verne, demasiado lejos de Bradbury, con clara ventaja para el francés.

En un mundo en el que el racismo, la guerra, el desempleo eran algunas de las notas dominantes, el deseo de huida, de búsqueda de otros lugares distantes en el espacio o en el tiempo, no es extraño. Pero Bradbury no recrea mundos ni futuros más felices, sino que los convierte en una continuación mucho más aterradora de lo que a él mismo le toca vivir en su tiempo y en su mundo. Muy pocos cuentos son esperanzadores en esta recopilación del Hombre Ilustrado. Veamos, uno a uno, de qué tratan

Antes, por supuesto, tendríamos que explicar a qué se debe el título. Igual que Crónicas Marcianas tenía a Marte como hilo conductor, aquí hay un hilo conductor también: un viejo feriante con su cuerpo completamente tatuado, quizás, por eso, debería traducirse mejor, El Hombre Tatuado, sin embargo, lo de Ilustrado se debe a que estos tatuajes no son simples dibujos, sino que se abren como si se trataran de un libro, o mejor aún, de una película y se proyectan ante los ojos de quien observa, mostrándole escenas del futuro, haciendo del viejo una especie de sabio pronosticador de cosas por venir. Este personaje del viejo feriante sólo tiene que ver con las historias contadas el hecho de que estén tatuadas en su cuerpo, y podemos considerar su propia historia contada en el prólogo como el cuento número 1, convirtiendo la recopilación de 18 cuentos en 19 cuentos, sólo que el cuento del viejo no terminará hasta el epílogo, un epílogo algo macabro, pero que no desentona para nada con la mayoría de los cuentos.

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Autores, Literatura

La poesía de Antonio Machado

Soñando caminos
Por Inma Manzanares, en 14 de Abril de 2008

Reconozco, desde ya, que, como aficionada a la lectura, no soy lectora empedernida de poesía lírica, siempre he estado, desde que empecé a leer, con un libro en la mano, pero pocas veces ese libro ha sido de poesía. Probablemente porque o no he sabido llegar al espíritu creador del poeta o porque el poeta no deja bien claro cuál es su espíritu creador.

En ocasiones, me ha dado la impresión que, cuando descuartizamos un poema para examinarlo, estamos desentrañando algo más que el poema, que nos estamos metiendo en las entretelas más íntimas del artista, es como fisgonear en el interior de alguien.

Pero hay excepciones, porque algunos autores sí me han permitido entrometerme en su poesía y, sin ningún pudor, he podido sacar de ella lo más jugoso.

Y uno de estos poetas que te dejan leerlo y comprenderlo y, a veces, hasta ‘simbiotizarse’ con él es Antonio Machado. Hay otros, por supuesto, en nuestra lengua, por ejemplo, tenemos a Miguel Hernández o a Alberti (a Lorca lo prefiero como autor teatral que como poeta, a pesar de su maravilloso Romancero Gitano) y a algunos más. Pero es difícil que todo lo que un poeta escriba guste a todos, eso sólo pasa con unos pocos.

Y vuelvo a decir, creo que entre esos pocos está Machado (Antonio, claro). Puede ser que descubrí a Machado cuando se ha de descubrir a los buenos poetas, pasada la adolescencia. Esto puede parecer contradictorio, porque siempre nos han dicho que es en la adolescencia cuando somos más propicios a leer poesía; pero no lo es, en absoluto, porque cuando somos adolescentes nos inclinamos hacia otro tipo de poesía, más romántica, o hacemos lecturas más ñoñas de poesías en las que luego descubrimos otras cosas.

Además de la fecha en que me regalaron el volumen de las Obras Completas de Antonio Machado, tengo apuntados en la primera página unos versos que no son de Machado, pero que expresan, perfectamente, qué es su poesía (los versos son de un poeta local, del que, espero que me perdone, no tengo el nombre):

“No es poeta quien escribe

Muchas palabras rimadas,

Sólo es poeta el que vive,

Tal como piensa y habla”

Yo decía más arriba que estas palabras, sin ser de Machado, lo definen perfectamente, porque Machado no es poeta por escribir palabras rimadas, sino por vivir tal como pensaba y hablaba.

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Clásicos, Literatura, relatos
Mito y tragedia

Edipo Rey

La saga tebana
Por Inma Manzanares, en 10 de Abril de 2008

Nos cuenta la leyenda mitológica que la ciudad de Tebas fue fundada por Cadmo, rey fenicio y hermano de Europa, Cílix y Fénix. Su abuela había sido Io, aquella a la que Zeus había convertido en ternera (para que escapara de los celos de su esposa) y Hera le había puesto un incordioso tábano que la persiguió por todo el mundo. También Europa, la hermana de Cadmo, va a tener su vida marcada por la ganadería bovina, porque, es sobradamente conocido que fue secuestrada por Zeus, que, con forma de Toro blanco, la trajo hacia occidente y la dejó en Creta (alusión evidente y clara sobre el nacimiento de la civilización europea a partir del pueblo minoico que se estableció en esta isla), esta Europa será madre, precisamente, del rey Minos, del del Minotauro, pero esa es otra historia.

Sigamos con Cadmo. El padre de Europa, al ser secuestrada su única hija, manda a los hijos en su búsqueda. Cadmo, al llegar al continente europeo, se dirige al oráculo de Delfos y éste le dice que no se ocupe más de su hermana y que, en cambio, tome como guía una vaca (de nuevo, las vacas) que encontrará suelta y allá donde la vaca se pare a descansar, establezca su hogar y funde una ciudad. Así lo hace y el resultado es Tebas en la Beocia (palabra que etimológicamente también guarda cierta relación con la vaca). Cadmo encuentra que esta zona no estaba deshabitada precisamente, sino que vive aquí un dragón (hijo de Ares), al que tiene que combatir. Una vez que éste muere, Atenea le ordena al joven arrancar los dientes al dragón y enterrarlos. De estos dientes nacerán unos guerreros, los espartanos (hijos de la tierra), que lucharán entre sí, hasta que Cadmo logre pacificarlos, pero para entonces quedan sólo cinco (serán los ascendientes de las cinco grandes familias espartanas).

Cadmo se casará con Harmonía, hija de Ares y Afrodita, y de esta unión nacerán varios hijos: Sémele (la madre de Dioniso/Baco, consumida por Zeus que se unió a ella en forma de rayo), Ino, Ágave (que será madre de Penteo, del que descenderán, Creonte y Yocasta, y, por lo tanto, Edipo), Autóne y Polidoro (padre de Lábdaco, del que descenderá Layo, y, por lo tanto, Edipo). Los relatos que corresponden a cada uno de estos personajes son apasionantes, pero será mejor ir centrándonos ya en los que ahora nos interesa: Yocasta, Layo y Edipo.

Estamos en el siglo XIV a.C., después de una serie de reinados y regencias, de muertes y asesinatos familiares, de expulsiones y exilios, en Tebas reina Layo. Acaba de llegar del Peloponeso, trayendo consigo, raptado, a Crisipo (del que se había enamorado), hijo del rey Pélope (que le había dado refugio durante su exilio y que, de esta manera, recibió como pago a su hospitalidad una afrenta humillante). La ciudad de Tebas no castiga a Layo, por esto, Hera monta en cólera y trae, desde el Oriente, a la Esfinge, que someterá a la población y devastará los campos. Pélope, el padre ultrajado, también emite una maldición hacia Layo y Crisipo, justo antes de morir.

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Libros gratis, Literatura, relatos

Mitos: Generalidades y Teogonía

Por Inma Manzanares, en 4 de Abril de 2008

No siempre es fácil enseñar algunas cosas, por ejemplo, para que los más pequeños no hablen con desconocidos siempre fue más útil el cuento de Caperucita que una lección moral sobre a quiénes tenemos que hacer caso; para inculcarnos la humildad y el triunfo de la sencillez frente a la ridiculez de una belleza ficticia, no hay nada mejor que la Cenicienta, Blancanieves o, incluso, el Patito Feo, para mostrarnos qué importante es el trabajo tenemos a los Tres cerditos. En los cuentos hay múltiples ejemplos de comportamiento, grandes lecciones para pequeños destinatarios. Es la forma más simple de añadir ‘temas transversales’ (por decirlo de alguna forma) a la educación infantil.

El sistema va más allá, y hemos puesto nombre a momentos que, o no queremos explicar claramente o no podemos explicarlos a un niño, ya sea por su complejidad o por nuestras creencias y ahí están el ratón Pérez, la cigüeña que trae los niños de París, los Reyes Magos, Santa Claus, el coco, etcétera, etcétera. Esto, por supuesto, no es nuevo. Se ha hecho desde siempre, y a veces los destinatarios no eran los niños precisamente.

Sin ir muy lejos, ¿quién, educado en la tradición judeocristiana, no ha oído alguna vez la historia de Adán y Eva y la manzana de la serpiente del árbol del Bien y del Mal o la historia del Diluvio Universal (la leyenda del Diluvio se repite en todas las civilizaciones mediterráneas, podemos suponer que tiene una base real) y de la Torre de Babel? Estas historias son también formas de contar de manera sencilla lo complicado. Son mitos.

La palabra ‘mito’, de origen griego, significa ‘leyenda’ y, ya desde antiguo se opuso a logos (palabra escrita y de ahí estudio), tal como se oponen lo no real e inexplicable con lo real y explicable, lo no real es el mito, desde luego.

Al conjunto de ‘leyendas’ se le llamó mitología, y cuando estas leyendas se pasaron por escrito, la mitología, se convirtió en mitografía. De manera que, por ejemplo, y por mencionar, algo distinto al tema central de este artículo, el Génesis es mitografía, porque nos llega de forma escrita.

El mito, respecto a la historia y a la novela, queda a mitad de camino entre la una y la otra, porque la novela es totalmente ficción y nadie duda de ello, la historia representa la certeza absoluta, la narración real de lo que ha pasado, en el mito no hay certeza de nada, cosas totalmente inverosímiles y o verosímiles (depende del relato) aparecen como si realmente hubieran sucedido (¿no hay quien duda todavía sobre si existió el Paraíso Terrenal y hasta se encuentran posibles ubicaciones?¿No decía Alejandro Magno que él poseía el escudo de Aquiles?)

Y hay otra distinción que tenemos que tener en cuenta, esta vez, dentro del mismo mito, porque en estas pocas líneas que llevamos, ya hemos visto dos o tres formas diferentes de mito, es decir, que dentro del concepto, no todo es tan homogéneo como parece desde fuera. Hay clasificaciones para todos los tipos, yo me quedo con una de las más simples, la recoge Ruiz de Elvira en su ‘Mitología Clásica’, ésta distingue: mito en sentido estricto, es el relato acerca de dioses o de fenómenos de la naturaleza más o menos divinizado (los relatos de Júpiter o Zeus y de toda su prole, el mito de Deméter que explica la extensión de los cultivos y el cambio de las estaciones…); leyenda en sentido estricto es el relato de los hechos de héroes y heroínas o similares, semidivinos semihumanos, con un papel decisivo en la colectividad y en el tiempo en el que viven, totalmente localizables por su nombre, y por su familia (los relatos sobre la guerra de Troya, con la historia de cada uno de los héroes: Odiseo, Aquiles, Áyax…); cuento popular (diferente al cuento literario, que eso sería una variante del género de ficción, por lo tanto, más próximo a la novela que al mito) es el relato de personajes indeterminados, sin precisión de origen ni de época ni de colectividad, a veces, carente hasta de nombre individual y, si lo tiene, a menudo, es más un apodo o un alusivo a alguna característica más que un nombre real, pero que realiza hazañas propias de grandes héroes (es el caso, por ejemplo, del españolísimo Garbancito).

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Libros digitales, Literatura

Flush de Virginia Woolf

Por Inma Manzanares, en 30 de Marzo de 2008

Flush es el nombre de un personaje algo peculiar, de esos que sin decir ni escribir nunca ni una sola palabra acaba apareciendo en la historia de la literatura y no por ser un personaje ficticio, porque no lo es. Fue un personaje de carne y hueso, tan real como nosotros mismos. Con necesidades, deseos, sueños, miedos, sentimientos de afecto, y, a veces, con muchas pulgas.

Sí, con muchas pulgas, y no porque fuera sucio ni despreocupado de su propio ser, que no era, porque estaba orgulloso, en extremo, de su ‘rancia estirpe’, sino porque así lo quiso la naturaleza y sus largos pelos.

Estamos hablando, desde luego, de un perro. Eso es Flush un perrito que, viviendo tan pegado a su ama, acaba siendo una extensión de ella. Hasta cierto parecido físico logran.

cocker.jpgFlush nace en la campiña inglesa y vive en casa de los Mitford, y , aunque su dueño presumiera de un abolengo que no tenía, el perrito sí que procedía de la auténtica y aristocrática estirpe de los spaniel, en concreto, de la familia de los cocker. Y tal como el muy inglés Spaniel Club hubiere designado, poseía todas las características para que nadie dudara de quiénes fueron sus ilustres antepasados, a saber, de pelaje negro, tenía cierto matiz rojizo o marrón, que al sol relumbraba como ‘el mismo oro’. Sus ojos tenían color avellana, sus orejas enmarcaban ‘la cabeza como una capota’, sus pies estaban ‘endoselados con mechones’ y la cola era ancha.

Cuando la señorita Mitford lo sacaba a pasear, Flush, en una especie de vuelta a sus más remotos orígenes, oía, allá en lo más hondo de su cerebro, los gritos de los cazadores de conejos en las llanuras españolas y, toda su compostura y su frío temperamento inglés se venían abajo, ante la llamada de los instintos cazadores de su raza.

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Clásicos, Literatura, fantasía

Relatos verídicos de Luciano de Samósata

Por Inma Manzanares, en 21 de Marzo de 2008

Relatos fantásticosNo es el primer libro de viajes, desde luego, ni siquiera el primero que trata viajes con estos destinos, pero es, eso sí, el que nos llega más completo, pues conservamos el texto íntegro, frente a otros de los que nos ha llegado parte o sólo fragmentos o, lo que es peor, sólo referencias de otros autores. Por ejemplo hay un autor también griego llamado Antonio Diógenes que escribió una obra titulada Las maravillas de más allá de Tule, debió de ser todo un novelón, pues hay referencias en varios autores, pero por desgracia sólo conservamos algunas partes más o menos completas y algunos fragmentos. Y en ella ya hay un viaje a la luna, además de otros portentos e historias fantásticas que influyeron en autores posteriores como el mismísimo Cervantes. Por la forma en la que están escritas, probablemente las Maravillas de Antonio Diógenes datarían del siglo I d. C. Tan sólo un siglo antes de que naciera Luciano de Samósata, que va a ser el autor del que nos ocupemos en este artículo.

Imagínense, un viaje contado en primera persona, un viaje que se hace simplemente por el afán de conocer y ver cosas nuevas. El punto de partida, las mismas columnas de Heracles. El barco, una nave ligera. Y en el barco cincuenta y un hombres con deseos de saber cuál es el final del Océano y qué gente habita más allá. Este es el inicio del viaje que Luciano nos va a contar bajo el nombre de Relatos verídicos.

De pronto, el mar que se había mantenido sereno, se encrespa, crece el oleaje y todo oscurece. Durante setenta y nueve días (ojo con la precisión temporal) viven en medio de la tormenta. En el día ochenta, el sol sale de nuevo y el mar se calma. Se encuentran ante una isla en la que desembarcan, en ella hay un río que en lugar de agua, lleva vino, y los peces que en ese líquido viven, en lugar de saciar el hambre, emborrachan. Los campos están plagados de vides-mujeres, cuyos cuerpos, como el de Dafne en las representaciones en las que aparece convirtiéndose en laurel, eran mitad vegetales, mitad humanos. Sus besos enloquecían a los hombres. Así pues, huyen de la isla y vuelven al mar.

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Libros, Literatura

Un soñador para un pueblo

Por Inma Manzanares, en 15 de Marzo de 2008

En esta ocasión, vamos a presentar (por decirlo de alguna manera) una obra de teatro. No son frecuentes las reseñas de obras de teatro, al menos, si las comparamos con las dedicadas a novelas y cuentos. Quizás por esa doble naturaleza que tiene la obra teatral de servir para la lectura y la contemplación y quizás, también, porque las obras de teatro contemporáneas, las escritas en los últimos años, están más dirigidas a la representación que a la lectura (sucede por ejemplo con los musicales visuales de Blue Man o los catalanes Dagoll Dagom). No ocurre así con todas las obras de este tipo, a veces, la representación es bastante complicada (sucede, por ejemplo, con La Celestina de Fernando de Rojas, por nombrar un clásico español) y, otras veces, es tan impactante la lectura como la representación, siendo aconsejable ambas. Lo que es una suerte, porque en lugar de una obra, podemos considerar que son dos en una.

Esto último es lo que sucede con las obras de Buero Vallejo, y lo digo en plural, porque aunque no vamos a comentar todas sus obras aquí, es una de sus principales características: tan maravillosas son las representaciones que de su obra se pueden hacer como la misma lectura de ella. Un buen director teatral le puede sacar mucho jugo a sus acotaciones y a sus diálogos y hacer que el espectador disfrute. El lector puede gozar de la lectura, como si de una novela se tratara.

Ésta que ahora comentamos, Un soñador para un pueblo, se estrenó el 18 de diciembre de 1958 y forma parte de las obras históricas de Buero Vallejo, pues recrea un episodio de la historia española del siglo XVIII.

Buero Vallejo nos sitúa junto al palacio del marqués de Esquilache, ministro italiano de Carlos III, justo el día antes del motín que tendrá lugar contra el ministro. El pueblo está descontento ante las reformas que el italiano quiere hacer, reformas que el pueblo ve como un entrometimiento en sus tradiciones. Bernardo es el personaje que representa a este pueblo descontento y que encabezará el motín popular. Tenemos ya los dos polos: Bernardo, por un lado, Esquilache, por el otro: Bernardo, la tradición, el pueblo que opta por el oscurantismo, frente a Esquilache que representa la modernidad y las luces. La última reforma, lo que parece llenar el vaso, es la orden de acortar la capa española y sustituirla por la italiana, mucho más ligera y con menos posibilidad de ocultar el rostro. Pero el asunto de la capa es simplemente la excusa. La realidad va más allá. Porque Bernardo que se cree líder, no deja de ser un peón de una fuerza mayor, representada, en la obra, por el marqués de Ensenada o el de Villasanta, dos posturas también interesantes dentro de la aristocracia tradicional española.

Ensenada y Villasanta, a pesar de compartir su desprecio hacia Esquilache, tienen actuaciones diferentes, desde el primer momento, sabemos que Villasanta odia todo lo que representa Esquilache, nunca se oculta. Sin embargo, Ensenada que aparenta compartir la política reformista de Esquilache es, en realidad, la mano negra que mueve el motín. Puede ser que en el fondo comparta esa actitud de culturizar al pueblo, lo que no soporta es que venga de manos extranjeras, tampoco soporta la preocupación que Esquilache siente por la opinión del pueblo. Tiene su postura algo de xenofobia, además de la arrogancia del noble que usa al pueblo para sus fines, pero que se despreocupa de los problemas que realmente éste tiene.

Siguiendo con el bando “anti-Esquilache”, hay otros personajes significativos, por lo que caracterizan, es el caso de doña María y Claudia, doña María es vecina del marqués, y tiene hacia él dos aversiones: una por ser extranjero, otra por querer imponer tradiciones que a ella le parece aberrantes y prohibir lo que para ella es lo correcto, hay una escena bastante esclarecedora de su idea de cómo debe ser Madrid: una vez iniciado el motín y cuando éste ya empieza a tomar cierta inclinación que favorece a los amotinados “(…La luz baja, hasta que desaparece casi totalmente. Poco antes, Doña María se asoma a su balcón con un perol de desperdicios y otea a una y otra parte.)

DOÑA MARÍA.- ¡Agua va!

(Tira el contenido del perol a la calle y cierra…)

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