El panteón universal de las letras está poblado de escritores que llegaron a él cuando habían pasado años, a veces muchos, de su muerte. Personas que se entregaban al arte de la pluma con un misterioso empuje que les llevaba a trabajar de forma desmedida, en circunstancias bastante precarias, y con la sensación de ser un “loco” incomprendido más en la sociedad de su época. Así es como en repetidas ocasiones la historia nos muestra como la muerte les sorprendía en la más mísera pobreza y enfermedad, abandonados a su suerte, que pintaba negra durante su existencia. Nuestra literatura no sería literatura sin nuestro afamado y admirado Cervantes, pero sabemos que sus días terminaron de manera semejante. Y la historia se repite en diferentes culturas, hoy queremos hacer una breve reseña de la literatura portuguesa, hermana de la nuestra, que también cuenta con su “Cervantes” luso, Luis Vaz de Camoes. Hoy, cuando se cumplen 127 años de su deceso, su reconocimiento en los dominios del portugués es indiscutible, teniendo incluso su nombre como designación del mayor premio de literatura concedido en Portugal y Brasil, a semejanza de nuestro prestigioso Premio Cervantes.
Principalmente, se le conoce como poeta, aunque también llegó a escribir algunas obras de teatro. Sus orígenes son confusos y están en mano de las hipótesis de eruditos y estudiosos de la historia de la literatura. Se sabe que viajó bastante, lo que le permitió enriquecer la calidad de sus obras. Una de las más valoradas fue su poema épico “Los Lusiadas” que narra la hazaña marítima del navegante Vasco de Gama. Aunque también compone sonetos memorables como el “Amor de fuego”, con una sensibilidad que palpita con fuerza con el paso de los siglos y de las traducciones.
Parece cierto que murió pobre, tanto que un amigo tuvo que pagar el lugar donde yaciera al morir, en Lisboa. Pero los escritores tienen un fortuna que pocos más comparten, la de conmover almas e impulsar espíritus, él desde luego que lo hizo, y por eso queremos recordarle mediante unos versos suyos, que aún traducidos, acarician el lenguaje y los sentimientos:
“Amor es fuego que arde sin arder;
una herida que duele sin lamento;
un gran contentamiento sin contento
un dolor que maltrata sin saber”
Su obra | Proyecto Cervantes

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