Corría el año de 1.857. Un tribunal de París absolvía a Gustave Flaubert del delito de escándalo público, del que había sido acusado tras la publicación de “Madame Bovary”. La sociedad francesa del II Imperio, pasados los excesos románticos, estaba acostumbrada a una literatura que se adaptaba a sus gustos, que procuraba no sacudirla con manifestaciones violentas ni obscenas.
Entonces llegó Baudelaire. Seis meses después del juicio contra Flaubert, el mismo tribunal condenaba “Las flores del mal” por obsceno y contrario a la moral pública. Mas claro no pudo ser el veredicto : “Habeis querido el infierno, os habeis convertido en diablo y tratáis de arrancarle sus secretos al demonio de la noche”.
Pero Charles Baudelaire ( París, 1.821 – 1.867 ) no era ningún demonio. Existe una enorme diferencia entre un poeta que escribe indecencias por snobismo y otro que las clama porque se siente solo, dolorido y perdido sin remedio. Su adicción al alcohol, las drogas y otros vicios son síntomas masoquistas de un trauma mucho mayor.
Huérfano de padre desde los seis años, se sentirá siempre desgarrado de la normalidad familiar. Su madre volvió a casarse. El marido, el comandante Aupick, no era ningún malvado sino un hombre inteligente – fue general y diplomático – , pero sí era una persona rígida y formalista, defensor del triunfo social. El poeta, que jamás mencionó la época en que su padre lo llevaba a visitar museos, nunca aceptará a este hombre y extrapolará su frustración – consciente o inconscientemente – a toda la sociedad coetánea. Durante toda su existencia no hará otra cosa que intentar escapar de su dolor y su soledad.
Tras un viaje a las Indias, a los veinte años regresa a París y conoce a una mulata, Jeanne Duval, prostituta y diabólicamente carnal, con la que se paseaba por los locales de animación entre tragos de alcohol y dosis de droga. Esta mujer será su acompañante toda su vida, a pesar de mantener con ella una relación dañina, que él mismo definió como “una tortura o una operación quirúrgica”, que lo reducía al estado de objeto porque “desde que nacen, el hombre y la mujer saben que en el dolor se halla toda la voluptuosidad”.
Pero Baudelaire, con todos sus excesos, presenta de vez en cuando ráfagas de una clarividencia asombrosa. Para muestra, valga este análisis de la sociedad del futuro que hace a mediados del siglo XIX : “Sucumbiremos al fin por aquello que creemos que nos da vida. La mecánica nos habrá de tal modo americanizado y el progreso habrá atrofiado tanto nuestra vivencia espiritual, que ninguno de los delirios sanguinarios, sacrílegos o antinaturales de los utópicos podrá compararse a los resultados concretos….Sobrevendrá el envilecimiento de los corazones. ¿Tengo necesidad de decir que lo poco que quedará de política se debatirá penosamente en la asfixia provocada por el bestialismo generalizado, y que los gobernantes se verán obligados, para sostenerse y crear un fantasma de orden, a recurrir a medios que harían estremecer a nuestra humanidad actual, con todo y hallarse tan endurecida? Entonces, todo cuanto se parezca a la virtud – ¡qué digo yo! – , todo cuanto no sea el fervor hacia Pluto será considerado inmensamente ridículo. La justicia – si es que existe aún justicia en esa época “venturosa” – privará de sus derechos a los ciudadanos que no hayan sabido amasar una fortuna….”
Es de justicia pedir disculpas por una cita tan larga, pero, para mostrar la extraordinaria lucidez de este hombre al que tomaban por loco, se hacía necesaria. Y es que, en efecto, como iba vestido con harapos, teñía su pelo de color verde y aparentaba ser un pontífice, la sociedad lo consideraba un demente.
Pero Baudelaire, a pesar de ello, cuenta entre sus logros el de dar a conocer a Poe en Francia, el de reinventar la crítica de arte y, sobre todo, el de devolver a la literatura su función específica, que no es otra que la de mostrar – de forma bella – los resultados de la introspección del hombre, lejos de esterilidades narcisistas.
Tras algunos intentos – “Poemas en prosa”, “Diarios íntimos” y los psicodélicos “Paraísos artificiales”, estudio de la evasión por medio de las drogas – , el poeta alcanza su plenitud con “Las flores del mal”.
Este libro – conjunto de poemas – no es, a pesar de ello, una antología de versos seleccionados, sino un conjunto orgánico y progresivo, nacido de una misma inspiración. Entre el primero y el último se desarrolla un concepto de la vida, que es analizada en profundidad para despertar conciencias. Hay goce carnal y concupiscencia, alcohol, drogas, y alucinantes llamadas a la destrucción, personal y social.
En cualquier caso, Baudelaire – además de intelectual clarividente – es, según la crítica, el poeta que abre el camino a la poesía moderna, con su magistral dominio de la metáfora y la creación de lo que él denominó “correspondencias”, que no son otra cosa que sinestesias, es decir, adjetivos e imágenes sensoriales que expresan rasgos de la personalidad del hombre. Precursor del simbolismo y el decadentismo, mucho le deben Rimbaud, Verlaine, Mallarmé, etc.
Sin duda, Baudelaire, aunque murió demente, no mereció el juicio que le dedicó su época y que se evidencia en estas palabras que le dedicó, con motivo de la aparición de su obra maestra, el periódico “Fígaro” : “Hay momentos en que surgen dudas acerca del estado mental del señor Baudelaire, y otros en que no caben tales dudas. La mayoría de las veces se trata de la repetición monótona y premeditada de las mismas palabras y de idénticos pensamientos ; la basura se halla junto a lo innoble, lo repugnante se une a lo infecto. Jamás se ha visto morder e incluso masticar tantas entrañas en tan pocas páginas y nunca se ha presenciado tal revista de espectros, de engendros, de diablos, de gatos y miserias. Este libro es un hospital abierto a todas las demencias del espíritu y a todas las putrefacciones del corazón”.
Realmente, nos suena al juicio de una persona que no se ha molestado en comprender – ni siquiera en entender su obra - a quién juzga. Probablemente, el periodista no tenía la clarividencia del poeta.

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1 Comentario en “Charles Baudelaire”
una bestia Baudelaire es le autor que mas me cae…………………