“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro…” Con estas cándidas líneas se abre en el recuerdo de muchos de nosotros una puerta que nos transporta a un mundo donde el tiempo transcurría de forma dulce y reposada. Aquel entrañable rincón de nuestra memoria infantil quedará eternamente atado a aquella obra que inmortalizara a uno de los más prestigiosos literatos de nuestra historia y al que hoy recordamos merecidamente, en el 49º aniversario de su muerte. Poeta universal, embajador de las letras españolas en el mundo entero, Juan Ramón Jiménez Mantecón, se ha convertido en referencia incuestionable de la cultura hispánica contemporánea.
Nacido un 23 de diciembre del año 1881, en el onubense municipio de Moguer, Juan Ramón Jiménez vive la infancia de un niño solitario y profundamente observador. Llegada la adolescencia, su padre, Víctor Jiménez le envía a Sevilla con el propósito de realizar la carrera de Derecho. Sin embargo, la sensibilidad artística que ya palpitaba en él, y que abarcaba tanto la pintura como las letras, hizo que no finalizara dichos estudios. Gran responsable de aquella decisión, fue su encuentro, en aquella época, con los intensos versos de otro grande de nuestra poesía, Gustavo Adolfo Bécquer. Así, parte a Madrid, contando 19 años de edad, donde se encontrará con el movimiento modernista que abanderara el también poeta nicaragüense Rubén Darío, y del que llega a ser un gran admirador. Fruto de aquellos días son sus dos primeros libros “Nínfeas” y “Almas de Violeta” que publica en el año 1900. También en aquel año fallece su padre, hecho que, unido a otras circunstancias personales difíciles le sumen en una profunda neurosis depresiva, teniendo que ser recluido en un sanatorio mental francés, en 1901. Esta situación ser repetirá en los siguientes años, con sucesivas crisis, lo que no le impedirá escribir obras como el memorable “Platero y yo”.
Su vida amorosa tiene como protagonista a Zenobia Camprubí de Aymar, con la que se casaría en 1916, después de no pocos y esforzados intentos. Queda reflejado aquel tiempo feliz en su “Diario de un poeta recién casado”, dedicado a su amada esposa. Con el estallido de la guerra civil española, se ve obligado a exiliarse en Estados Unidos, aunque no definitivamente, pues vivirá también en Cuba y en Puerto Rico, donde establecerá su residencia por motivos de salud. Mientras tanto, su reconocimiento dentro del mundo literario sigue creciendo al igual que sus obras poéticas, y finalmente recibe el merecido Premio Nobel de literatura, el 25 de octubre de 1956. Sin embargo, las mieles del éxito no le ayudaron a superar la desgarradora muerte de su esposa, Zenobia, tan sólo tres días después, a manos de un penoso cáncer. Finalmente, un abatido Juan Ramón Jimenez, fallece, año y medio después, el 29 de Mayo de 1958. Hoy, pasado casi medio siglo, nos queda su mundo interior reflejado en numerosos poemas, su prosa poética, su búsqueda de la pureza literaria y su legado humanista, que reflejan, de forma calmada, la ternura del padre de aquel entrañable animal de carga, llamado Platero.
Mas información | Fundación Juan Ramón Jiménez y Centro Cervantes Virtual


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3 Comentarios en “Juan Ramón Jiménez: La poesía del mundo interior”
quiero sus obra y vida de juan ramon jimenez
PARA AQUELLOS ,Y SOMOS MUCHOS, QUE AMAMOS LA POESIA LAS HORAS SE REPARTEN EN LA ANGUSTIA Y EN LA CALMA,PERO ESO SI,SIEMPRE REPOSAMOS EN EL ENSUEÑO DE LA POESIA gracias
[...] Puedes leer aquí Platero y Yo, la obra más popular del autor español Juan Ramón Jiménez. [...]