Todos los estudiosos del tema están de acuerdo en que el Kama Sutra es la obra más famosa que se haya escrito sobre el sexo. Realmente sólo los “64”, la segunda parte de la versión de sir Richard Burton, trata exclusivamente del sexo.
Este personaje fue el traductor más reconocido de las obras “Ananga-ranga” y “El jardín perfumado”, además del Kama Sutra, y perteneció a la sociedad Kama Shastra, que editó éste último en 1.883. Sin embargo, durante más de cincuenta años, su acceso estuvo reservado a investigadores, bibliófilos y caballeros a los que el exotismo les atraía. Hubo de esperar hasta los años sesenta del pasado siglo para que su contenido se hiciera accesible para el gran público. Evidentemente la apertura a nuevas culturas, especialmente a las orientales tuvo gran importancia en la difusión del libro, puesto que lo hindú “estaba de moda”.
Hoy vamos a centrarnos en sir Richard Burton, unos de los hombres a los que debemos las traducciones de estos volúmenes. Desde pequeño tuvo a la maleta por compañera. Su padre, el teniente coronel Joseph Burton, inquieto y temerario (características que heredaría su hijo), llevó a su familia dando tumbos por toda Europa. Otro rasgo heredado por Richard que, aunque más intelectual que Joseph, no dejó de vagar por el mundo con su esposa Isabel y su sobrina Georgiana Stisted. Ya desde joven demostró un carácter indomable: fue expulsado de Oxford por batirse en duelo y se unió a la Infantería nativa de Bombay en Baroda, en 1.849. Era apodado por sus compañeros “mestizo blanco” debido a la fascinación que produjo Oriente en él. Su gusto por las ropas, las lenguas indias y los bazares hindúes le valieron el ascenso a espía.
Sin embargo su pasión por la India no fue bien entendida en el ejército de Su Majestad y el informe que le encargaron sus superiores sobre los burdeles de la zona fue tan explícito que le relevaron del servicio por “saber demasiado”. Sólo estuvo tres años en Oriente. Volvió a casa enfermo y deprimido.
Desde 1.850 hasta 1.890 (fecha de su muerte) la historia de gran parte de su vida está escrita desde el prisma de la profunda fe católica de su esposa Isabel. Se habían conocido el año cincuenta del siglo en Boulonge y se casaron en 1.860. Cuentan que al verlo por primera vez le dijo a su hermana: “Ese hombre se casará conmigo”. Años antes, en 1.853 Burton se disfrazó de afgano y se embarcó en una de las mayores aventuras de su vida: un viaje a la Meca. Fruto de sus experiencias nació el libro “Peregrinación a Medina y la Meca”, 1.855.
Tras esta peripecia Richard Burton se embarcó en otra gran aventura: encontrar la fuente del Nilo. Junto a John Speke descubrió el lago Tanganyka. Mientras su compañero de viaje quería continuar hacia el Norte, nuestro personaje rechazó acompañarlo y Speke llegó hasta el lago Victoria, verdadera fuente del Nilo, haciendo historia como su único descubridor.
Otras aventuras igualmente particulares fueron vividas por Burton, entre ellas su designación como cónsul en Damasco. A pesar de ser un destino ideal para alguien enamorado de Oriente y entrado en años, rechazó el puesto y fue trasladado a Trieste, donde murió. Aparentemente un hombre de su categoría, explorador apasionado, podría verse encerrado en aquel lugar. Nada más lejos de la realidad. Fue allí donde desarrolló todo su potencial intelectual y elaboró traducciones interesantísimas de grandes obras. Mientras Isabel no sabía qué ocurría en el estudio de su marido, muchos otros intelectuales de la época se dieron cita allí. Fueron los fundadores de la sociedad Kama Shastra, que fue una sociedad semi-secreta, no podía ser de otro modo pues se dedicaba a publicar obras eróticas.
Cuando Richard murió había terminado recientemente la traducción y estudio de una sección sobre homosexualidad y pederastia de “El jardín perfumado”; cuando Isabel leyó las más de mil páginas escritas por su marido, las echó al fuego


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