Grandes obras de la literatura
Un acercamiento literario al despertar sexual en la vieja europa


P
or suerte todavía sigue siendo un placer poder sacar tiempo de donde no lo hay para poder sentarse apaciblemente en unos de esos sofás orejeros, nada de confort-relax ni mucho menos chorradas reclinables o con masaje, lo verdaderamente autentico es un simple y confortable sofá uniplaza, donde poder tener cerca una mesita sobre la que reposar un café, o algo que aderece la situación a la que nos disponemos. Tal no es otra que la de poder degustar el sabor inconfundible de la buena lectura, la que nos evoca olores, paisajes, emociones de todo tipo. La lectura, la buena lectura, la que tantos y magníficos momentos nos depara como compañero infatigable y siempre fiel en los momentos de forzada, o bien hallada, soledad.
Leer un libro siempre es una decisión acertada, particularmente y aprovechando este humilde “atril” me postulo como firme defensor de la lectura, más aun en un momento en el que se hace necesario realizar un fomento de está. Y como todo en esta vida haber hay de todo, libros buenos, malos y los de un genero en auge, los llamados “bien-vendidos”, y donde entran títulos que imponen pero historias que cansan. Sin embargo, y por suerte, la creación literaria sigue dando muchas y muy buenas historias. El puñado de páginas que vamos a proceder a desgranar componen un excelente libro que, sin lugar a dudas, es de los que no decepcionan y además aporta visiones muy interesantes de una sociedad concreta en un determinado momento histórico.
Las grandes obras de la literatura se caracterizan porque, utilizando el código de las palabras, nos enseñan cosas de la vida, nos trasladan a un mundo forjado a marca de tinta que no tiene porque diferir del nuestro, es más, en la mayoría de los casos las grandes historias pertenecen a contextos más reales que irreales. Aunque no tomen esta afirmación al pie de la letra, pues títulos como El Señor de los Anillos no se asemejan mucho a la realidad del día a día.
Enfrentarse a la adolescencia, a ese momento de la juventud que nos empuja, casi sin remedio, a un primer proceso de maduración, despertar de la infancia y toparse de bruces con apetitos antes inexistentes. El despertar sexual de un joven es quizá uno de los momentos más recordados de la posterior existencia. Y este libro adentra en conflictos de este calado.
“En brazos de la mujer madura”, de Stephen Vizinczey (Hungría, 1933), es sin lugar a dudas una gran obra literaria, de esas que marcan al lector, de las que enseñan sobre las grandes y pequeñas cuestiones de la vida. La primera edición de este libro fue en el año mil novecientos sesenta y cinco, y desde entonces se ha convertido en un clásico del genero erótico, traspasando estos limites y consolidándose como un referente literario. Cuando entre en la librería y tuve el ejemplar en las manos pude leer la información de prensa en el reverso “…más de tres millones de ejemplares vendidos, y las criticas vertidas, avalan el éxito y la calidad de sus páginas…”, sin lugar a dudas, una vez leído con el mimo necesario puedo dar fe de la afirmación de esta sentencia.
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