Roberto Arlt nació el 2 de abril de 1900 en Buenos Aires, en pleno barrio de Flores.
Era hijo de un inmigrante prusiano (que le hacía honor a la fama de hombres estrictos que tiene los prusianos) y una italiana. Desde niño Arlt tuvo una relación conflictiva con su padre debido a su severidad y dureza en el trato. Esta situación lo llevó a abandonar la casa paterna a los dieciséis años.
A partir de ahí se ganó la vida en diferentes oficios donde conoció el ambiente de las clases humildes de Buenos Aires. Podríamos decir que se educó en La Universidad de la Calle, como la llama la lengua popular, más prestigiosa para muchas personas que la propia universidad de Cambridge (me pregunto si esas personas aceptarían que los opere un cirujano recibido en la Universidad de la Calle?).
Los personajes o las personas que allí vio, así como el ambiente de las pensiones y los cafetines, pasaron luego a sus novelas.
Alrededor de 1925 comenzó a trabajar como periodista en diarios como Crítica y El Mundo. Allí escribió distintas clases de artículos, desde la crónica policial hasta la crítica cinematográfica, lo que fuese necesario para “ganarse el puchero”. Poco a poco fue publicando sus propias obras. En algún momento las crónicas que se le encargaban pasaron a ser mordaces y/o humorísticas miradas sobre la ciudad de Buenos Aires.
Aunque continuó ejerciendo el periodismo durante largos años, entre otras tareas como corresponsal en España, de todas sus colaboraciones periodísticas lo que más se recuerda son sus famosas Aguafuertes porteñas, que aparecieron de 1928 a 1935. Arlt se divertía y divertía a los lectores narrando sus andanzas entre ladrones y pistoleros de poca monta, y prostitutas.

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Es considerado uno de los maestro de la ciencia ficción, aunque él no considere que lo que escribe sea ciencia ficción. (Como muchos artista se sienten molestos cuando les ponen una etiqueta. Otros escritores tiene una actitud distinta, no les molesta que los cataloguen, ya que esto les simplifica trámites tediosos, como cuando un periodista les pregunta: cómo definiría su estilo, maestro?).
Esto viene a cuento con que acabo de encontrar de casualidad -no me pregunten cómo, no pienso revelarlo- una entrevista realizada a Allen Ginsberg en 1965, en el que el poeta se explaya hablando sobre literatura, poesía, su manera de escribir y su relación con los otros poetas de ese tiempo. La conversación que mantiene Allen Ginsberg con el entrevistador es de una rara riquieza: el diálogo pasa de la poesía a la vida cotidiana, de las pinturas de
Cuando Lehmann habla de las caracteríticas principales de este tipo de corriente artítica señala la desjerarquización de los elementos teatrales contemporáneos. Efectivamente, en las nuevas tendencias teatrales podemos observar de que manera el texto deja de ser el elemento hegemónico estructurante de la puesta en escena. En estas nuevas manifestaciones artísticas el texto es sólo un elemento más que no impone ninguna relación de poder ni de pre-existencia; así el nuevo texto teatral compartirá el escenario con la danza, la pintura, la iluminación, la música, la arquitectura, el video-clip, sin que haya un elemento más importante que los otros. Es cierto, en muchos casos el concepto de teatro se mezcla (y sus fronteras se oscurecen) con el de de “performance”. Esta contaminación subraya, sobre todo, la preponderancia de la presencia física del actor-performer por sobre la vieja concepción dramática del personaje. En efecto, en esta nueva manera de pensar las artes escénicas el concepto de personaje comienza a borrarse. En lugar de la creación de un personaje a partir de una acción que tiende a la mímesis (según la
Nació en una familia cercana al movimiento revolucionario de México. En sus años de juventud mostró simpatías por el lado republicano en la Guerra Civil Española y por los movimientos de izquierda. Pero con el correr del tiempo marcó distancia con estas corrientes de pensamiento lo que le valió duros reproches durante el resto de su vida. (El hecho que en un artículo dedicado a un poeta sea necesario brindar este tipo de información ya es un signo de lo que fue el siglo XX).
Vallejo fue un fiel representante de su país. Si algo caracteriza al país andino que fue otrora el imperio de los incas es la reflexión y la pena. Visitar el Perú es observar en el ciudadano medio esa pena oculta y el aire reflexivo que llevan con un carácter amable y apacible. Las razones de este carácter peruano, uno de las tipos humanos más tranquilos de América, ha sido materia de especulación durante mucho tiempo. Se piensa que la tristeza arraigada en el carácter de los peruanos se deba a las heridas dejadas por la época de la colonia española. Los argumentos que sustentan esta tesis tienen su principal sustento en la idea de que el pueblo más poderoso de América del Sur fue sometido durante el dominio español a la más cruel dominación. Durante los años de la dominación española al poblador peruano se le negó la condición de ser humano en muchas ocasiones. Algo que debió afectarlo como colectivo o sociedad. Un imperio humillado en su más extrema versión.




