La auténtica singularidad de Exiliados en democracia (Ediciones B) nace de su valentía. Es una frase que resume a la perfección lo que quiere transmitir este libro, sin duda, una de las aportaciones más valiosas a la lucha por una libertad de pensamiento, de decisión y de expresión de a que muchos vascos se han visto privados en los últimos 25 años como consecuencia de la barbarie del terrorismo etarra. Iñaki Ezkerra, el autor de este libro es uno de ellos. Su obra es el relato de lo que ha supuesto para él tener que marcharse de la que era su casa, pero no es solo su historia la que nos cuenta. 
Ezquerra es el protagonista de una obra en la que, con su testimonio, da voz a muchos otros, a todos aquellos que un día, tuvieron que dejar aquello por lo que habían luchado para salvar su vida y la de sus seres queridos. El relato de lo que ha significado para él la experiencia del exilio le sirve de excusa para hablar del sufrimiento de otros. Aunque podría regodearse en su propia desgracia, tras haber vivido durante años amenazado y bajo la supervisión constante de sus escoltas, Ezquerra no quiere centrarse en su persona. Cuenta su experiencia como exiliado y da pinceladas de su vida, pero a través de ellas no solo refleja su experiencia ni busca despertar la compasión de nadie. Su objetivo es más ambicioso. Ezquerra quiere llamar la atención sobre la responsabilidad que el mundo constitucionalista tiene en el conflicto vasco, y quiere hacerlo le pese a quien le pese, porque, cuando se ha perdido todo, la sinceridad es lo único que a uno le queda.
Un libro distinto sobre el problema del terrorismo etarra
Exiliados en democracia no es un libro más sobre el conflicto vasco. Lo diferencia de ellos su prosa dinámica, llena de “ritmo, intensidad y nervio”, como la definen sus editores. Tampoco es una historia monocoral sobre lo que supuso para Ezquerra tener que exiliarse finalmente de Euskadi.

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