El Renacimiento siempre ha ejercido una atracción irresistible sobre el mundo de la literatura. Su exaltación del Hombre como centro del Universo y sus maravillas artísticas lo hacen, indudablemente, muy atractivo para cualquiera que tenga sensibilidad y el escritor debe tenerla por obligación.
Buen ejemplo de ello es la novela Bomarzo, de Manuel Mújica Laínez, en la que, con la excusa de los jardines renacentistas de ese nombre, el autor argentino realizaba un auténtico ejercicio de belleza estética y de recreación de aquel mundo luminoso que salía de la oscura Edad Media.
Fuente de inspiración similar parece haber tenido el británico Mark Mills para su narración ‘El enigma del jardín salvaje’, que ahora publica la Editorial RBA. Mills nació en Londres y tras graduarse en Historia en la prestigiosa Universidad de Cambridge, vivió en Italia como restaurador de antiguas mansiones. De regreso a su país, trabajó como guionista de cine, hasta que se decidió a dedicarse a la literatura, muy especialmente a la novela policíaca.
Su primera obra popular fue El crimen de Amagansett, aparecida en 2004 y que, ambientada en la posguerra de 1945, narra un misterioso asesinato sucedido en un pequeño pueblo de pescadores de la costa norteamericana cuyo modo de vida está cerca de desaparecer, absorbido por el progreso.
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