Pilar Pedraza es una escritora tan desconocida como fascinante. Artista multidisciplinar, cultiva la pintura, la escritura, el ensayo y la docencia. Una de las pocas autoras que se instruyen en el género fantástico y de terror en nuestro país. Los universos de Pedraza se constituyen a partir de las rarezas del ser humano, al tiempo que se nutren de los deseos, los bajos instintos y las tradiciones más arraigadas.Con El Síndrome de Ambras, la autora nos transporta a un terreno inhóspito y peligroso, que no es otro que el de la España del siglo XIX. Durante el Trienio Liberal (1920-1923), Lord AlexanderAshton deberá recorrer la geografía española para reunirse con el Rey. Junto a él, una troupe de lo más variada formada por su joven mujer, Florence Losada, su ayudante Bryan de Castro y la prima de la muchacha, Emily Farrell. Las inclemencias del tiempo, los encuentros inesperados y un incipiente e inquietante secreto, irán incrementando un turbador clima, heredado de la literatura gótica. Finalmente, la represión de los sentidos acabará por explosionar.
El Sídrome de Ambras nos remite a una mutación rara cuyo origen todavía ignoramos. Se manifiesta a través del nacimiento de pelo por todo el cuerpo. Esa es la dolencia que parece acusar Lord Ashton y que tratará de esconder por todos los medios. Podríamos hacer una doble lectura, articulando una metáfora que utilizaría la licantropía como símbolo de la represión de la animalidad humana. Las bestias responden solo a sus instintos y deseos pulsionales, la razón pura los reprime. Esa es precisamente la encrucijada en la que Ashton se encuentra: deberá decidir si aferrarse al mundo que conoce y que le da seguridad (el humano) o dejarse llevar por su bestia interna. La respuesta, la encontrarás en la novela.
Otros temas y motivos se cruzan durante este recorrido. Por un lado, encontramos unas figuras femeninas, en concreto la de Lady Florence, que también experimentan una mutación de orden físico, pero esta vez en lo que concierne a su sexualidad. Pedraza juega con los estatutos de la novela victoriana, recoge sus motivos y los transgrede a través de la sátira, la intensidad y el humor. Así, se muestra explícitamente el deseo de la señorita Losada. Por otro lado, el bestialismo aparece como parafilia rotunda, a través de un circo de los horrores, en el que unos personajes o freaks se convierten en la atracción (sobretodo sexual) de los viajeros.
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No son reales, todos sabemos que no pueden existir y, sin embargo, las historias de vampiros, cazadores y demonios están ganando cada vez un mayor terreno en la literatura actual. La saga de Crepúsculo escrita por la norteamericana Stephenie Meyer es un buen ejemplo de ello. Ventas que se disparan y un público adolescente (y también adulto en muchos casos) que se ha convertido en seguidor de las historias del encantador vampiro Edward Cullen y su adorada Bella. Quienes vaticinaban que su éxito sería solo algo pasajero se equivocaban. Lejos de remitir, el interés por este universo fantástico en el que las historias de amor más inauditas conviven con los problemas reales a los que se puede enfrentar cualquier joven, no hace más que aumentar y las editoriales apuestan por nuevos títulos que rivalizan para quitar del número uno de los más vendidos a la hasta ahora imbatible saga Cepúsculo (Twilight en inglés).



