Uno de los relatos que más me ha impresionado es aquel que escribió Adolfo Bioy Casares en el extraordinario cuento “Máscaras venecianas“. El cuento de Bioy relata como un hombre perdidamente enamorado de una mujer (nunca nos libramos de tener estas pasiones, las mujeres son un problema en realidad) la encuentra después de muchos años y tiene una segunda oportunidad. Lo inquietante de este cuento es que esa segunda oportunidad no es precisamente con la mujer amada.

El tema de los dobles es particularmente constante en la literatura de Borges y Bioy Casares. Ambos amigos se dedicaron a explorar el tema en distintos cuentos y relatos que tocaban el tema con elementos fantásticos. Lo interesante de la narrativa de Bioy es que sus propuestas no son solamente fantásticas sino que se aproximan a la ciencia ficción por los fundamentos científicos que utiliza para explicar los pormenores de la aventura.
La historia nos pone en una situación que todos hemos pensado alguna vez. Si la mujer que amo no me quiere. ¿No sería ideal fabricarse una copia idéntica? Todos hemos pensado alguna vez en poseer una copia de la mujer amada que sea totalmente complaciente con nuestros deseos. La mujer de nuestros sueños que adivina antes de que pronunciemos palabra el camino que deseamos seguir.
Un punto sobresaliente del relato es la manera como aborda Bioy el tema fantástico. La historia se construye de manera divertida contando los detalle de la vida cotidiana del narrador. La espléndida descripción que hace Bioy de los tipos humanos que conforman el entorno social de la historia gana interés por si sola y nos distrae por momentos del esperado elemento fantástico. Con pequeños detalles y comentarios soltados al azar (aparentemente) Bioy nos va preparando sin que lo notemos a la irrupción de lo extraordinario. La descripción de la trama y de los personajes tiende a ser realista. Bioy se preocupa por construir personajes sólidos que sustenten la historia. El elemento fantástico llega en el momento correcto y de una manera casi necesaria para el lector.
El momento cumbre del cuento es precisamente el del baile de máscaras. Uno se pierde con el protagonista del cuento en ese ambiente de ensueño en el que detrás de varias máscaras lo espera el rostro de la amada que no es otro que una copia, un doble tecnológico de la obsesión amorosa.
Es importante ver la figura que desempeña la mujer en este cuento. Ella es el motivo desencadenante de la trama. El hombre se mueve en función a lo que pueda esperar de ella. La vida se ve representada así como un baile en el que todos quieren llegar a poseer el objeto de la felicidad: la mujer.
El amor del protagonista del cuento se puede resumir fácilmente en esta frase escrita al inicio del cuento “un siglo no me alcanzaba para mirarla”. Un personaje que teme enfermarse de fiebres imposibles de curar, pero que sin embargo cae preso de otra enfermedad de fiebres más traicioneras: el amor.
En esta gran historia de amor perdido y encontrado abundan las grandes frases como: “Muchos opinan que la inteligencia es un estorbo para la felicidad. El verdadero estorbo es la imaginación”. Cuantas por soñar el momento ideal olvidamos trabajar para construirlo. Es más sencillo soñar que realizar.
Lo inesperado del cuento es como el protagonista se niega a realizar su sueño y rechaza al clon de la amada para seguir soñando con la mujer amada. Algo tan distinto al tercer miembro del triangulo amoroso que acepta con alegría a la doble más joven y más apropiada para él.
La grandeza de Bioy en adelantarse en varias décadas a la oveja Dolly no se queda solamente en ese dato. Es importante también su reflexión sobre los efectos que producirán los adelantos biológicos. ¿Podrá el amor ser compensado por copias fabricadas al gusto? ¿Podré yo fabricarme el amor de mi vida solo con elegir una célula de la amada sometida a un acelerado proceso anabólico?
Otro punto importante de la trama del libro es la ubicación de la historia. No sucede en quiméricas ciudades de Tiberias o Mongor. La historia tiene lugar en Buenos Aires, Uruguay y la vieja y clásica Venecia.
Los personajes son fácilmente identificables como hombres ordinarios. Un periodista que cae en depresión por una enfermedad que imagina incurable. Un abogado optimista y honesto que acepta las cosas de una manera práctica. Una mujer científica que acude a sus profesor para que la ayude a dar amor a los que la rodean. Solo que esa manera de dar amor de Daniela, la mujer del cuento, es regalar copias de si misma. Una mezcla de ternura y frialdad científica. Una maravillosa mujer.
Pero cómo negarse a tener una copia más joven y amorosa de la mujer soñada. Imposible no entender las razones del abogado Massey. ¿Por qué no aceptar la felicidad que se nos entrega fabricada a nuestra medida? Tal vez algún pudor ético o el mismo orgullo podría doblegar a algunos hombres, pero el práctico y honesto Massey lo acepta. Así deja libre a la mujer amada y disfruta de un amor que no le debe nada al azar.
Al contrario el protagonista del cuento tiene una obsesión con el amor mágico. El amor debe surgir como producto de la casualidad y la fuerza del destino. Aquel destino que él intentó forzar en sus largas caminatas por Buenos Aires creyendo posible lograr un “encuentro casual” con la mujer que había obligado a alejarse de él.
¿Con cuál de los dos podría identificarse el lector? Depende del fuego interior que abrigue nuestros corazones. Si somos aquellos que observamos bien la calle antes de besar a nuestras parejas porque queremos guardar el momento mágico. Seremos entonces de la misma madera del protagonista que rechazó el doble ideal por carecer de la magia del original. Una magia que olvidamos a veces que ha sido imaginada por nosotros mismos.
Si por el contrario somos de aquellos que razonamos acerca del amor y queremos encontrar el equilibrio y lo justo en él. Entonces seremos como Massey y estaremos felices con el amor que encontremos en la sonrisa de un doble parecido pero nunca igual a aquello que nos hizo imaginar que existía magia. Esperemos siempre estar del lado de los sobrios y justos. La felicidad estará más cerca de nosotros entonces.
¿De qué lado está usted?
Foto 1 en flickr


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2 Comentarios en “El clon de la amada”
[...] (Una reflexión al margen: no es que Borges y Sábato sean dos de los escritores más grande de la Argentina y punto. Es que en el siglo XX y especialmente en su segunda mitad, en Argentina, el Río de la Plata, y América Latina, convivieron los escritores más importantes de su época (y algunos de los más grandes de todas las épocas). A nombres como el de Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Felisberto Hernández, Ernesto Sábato, hay que agregar otros, de escritores de segunda fila, pero que yo no dudaría en poner en el equipo titular de cualquier selección, como el de Horacio Quiroga, Leopoldo Marechal, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alfredo Bryce Echenique, Idea Vilariño, Roberto Arlt, Augusto Roa Bastos, Alejo Carpentier, Adolfo Bioy Caseres. [...]
necesito un cuento policial