Es éste un libro que podría ser perfectamente de miedo. ¿Qué hay más terrorífico que niños matando a niños? Una isla desierta en la segunda guerra mundial es el escenario perfecto para una demostración de hasta dónde puede llegar la crueldad infantil. Pero esta novela también es un ejemplo de cómo se puede sobrevivir sin perder la cordura, incluso madurar en pocos meses en situaciones desesperadas. Las dos caras de la moneda.
Cuando nos adentramos en el libro, éste se adueña de nuestras sensaciones casi sin que nos demos cuenta. El viento caliente nos golpea en la cara y la sensación asfixiante que produce la calima en una isla en medio de ninguna parte, propicia que nos sintamos un chiquillo más entre la legión de pequeños náufragos descritos por Golding. El clima aparece aquí como protagonista indiscutible. Los pequeños van sobreviviendo en un escenario hostil que, a primera vista, podría parecer un paraíso, pero que la ausencia de normas, o más bien de autoridad, convierte en un infierno. Son víctimas de fenómenos naturales que desatan celos y traiciones, no en vano el primer crimen se comete en plena tormenta tropical.
La ausencia de mayores también es un importante personaje. Sin órdenes de quienes consideran infalibles, cada mandato del jefe elegido por ellos es cuestionado hasta el punto de romper el grupo y convertirlo en dos clanes enfrentados: los lúcidos, cuyo pensamiento único es intentar que los rescaten, y los perturbados que sólo desean divertirse y no miden las consecuencias de sus actos.
El desastre los amenaza desde que el avión se estrella en la isla. Sin embargo los niños inocentes del primer día no volverán a sus casas, los que consiguen sobrevivir lo hacen por medio de la fuerza bruta, o de la suerte. Éste es el caso de Ralph, el jefe electo, que termina convertido en adulto a la fuerza cuando la tribu de cazadores asesina a sangre fría a sus pocos amigos y aliados y amenaza su propia vida. Un poco antes de ese momento se ha dado cuenta que la gente que de verdad le sigue es la que permanece fiel y piensan y actúan con sentido común. Los otros siguen creyendo que sobrevivir en una isla desierta es un juego de niños, y sin embargo ya conocen el sabor del poder y la impunidad que les otorga llevar la cara pintada con barro.
Desde que Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, el género humano descubrió que la vergüenza y el miedo se pueden esconder bajo una máscara y entonces los crímenes pasaron a ser “efectos colaterales”. Podéis leerlo de manera gratuita en el siguiente enlace.


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2 Comentarios en “El Señor de las Moscas, William Golding”
ami se me hiso bien interesante como ver se conportaban loo niños . en esa isla donde calleron y
aprendieron acuidarse ellos mismos
me gusta mucho la aventura que tuvieron los niños me gustan las aventuras me parecen muy divertidas y mas en la selva y saber que el unico consuelo o forma de salir de alli es por un barco o una persona que los pueda salvar.
ellos son muy valientes al acostumbrarsen a ese medio y inteligentes por que buscaron varias formas de sobrevivir