James Joyce (1882-1941) muestra una visión crítica de los hombres que presumen de conquistadores y viven a expensas de las mujeres, esto en su cuento Dos galanes, en que narra la aventura de dos hombres jóvenes que son distintos por temperamento, Corley, presumido, feo y vulgar, junto a Lenehan, serio, crítico y a la sombra de su amigo. Debido a la fama de fanfarrón de Corley, Lenehan lo sigue para confirmar si de verdad puede sacar dinero de una prostituta, antes sirvienta doméstica.
Corley se justifica de haber tenido una etapa inicial en que agasajaba a muchachas de su casa, corriendo a cuenta de los gastos, solo que en el presente prefiere vivir a una mujer fea que se ha enamorado de él, sacándole una moneda de oro. Por su parte, Lenehan tiene mayores aspiraciones pero igual está en la mediocridad de la falta de empleo y de una posición estable. Espera conseguir una mujer que le guste, y siente gran curiosidad por las mediocres aventuras de Corley.

El perfil del mediocre: Corley es un gigoló de mujeres de clase baja, pero convencido del mérito de sus conquistas. En Europa, las sirvientas no son racialmente distintas del resto de mujeres, pues hay homogeneidad en el biotipo, para vulgarizar su lance, la mujer que mantiene a Corley va a ser robusta, tosca de rasgos y de expresión vulgar. Tampoco se puede esperar mucho del éxito de Corley, pues Joyce lo pinta con una cabeza grasienta, enorme que gira de lado sobre un mentón prominente.
Lenehan está retratado con más indulgencia, por momentos se mira en su reflejo algo avejentado a sus 30 años de edad. Está al tanto de su amigo Corley, aún con sus conocidos porque no tiene nada propio que contar. La noche que Corley le cuenta que va a sacar dinero de la prostituta, antes sirvienta, Lenehan permanece inquieto, come en un bar para hacer tiempo, pero después retoma la posible ruta del gigoló para que este le cuente los pormenores de su hazaña.
Al final, orgulloso de su mediocridad Corley presenta su moneda de oro a su discípulo de correrías. Lenehan por su parte se asombra, pues están a un nivel económico bajo. Ninguno tiene certeza de mejorar su vida, Corley ya se a resignado a ser un vividor de mujeres y Lenehan cree que podrá mejorar su vida de un momento a otro, pero no sabe cómo y lo peor es que sigue en la órbita de Corley. El referente para conseguir mujeres en Corley para Lenehan no aporta solución, porque este espera más.

La expresión del gusto: A pesar de que la prostituta que apoya a Corley es fea, este dice que es una buena criada, la describe mejor de lo que es. No siente amor por ella, como en el cuento Un triste caso, el amor es una dimensión que supone compenetración, y él ni su verdadero nombre le ha dado y finge ser de buena posición social. Sólo Lenehan experimenta disgusto ante la fealdad de la meretriz, cuando pasa cerca de Corley y ella, pero esto no diezma su curiosidad, quedando pendiente del desenlace.
Es un estereotipo del conformismo de los hombres que pasan o superan los 30 años y han tenido pocas buenas experiencias amorosas, se rinden ante las mujeres feas que los compran con regalos, dinero y atenciones. Sólo Lenehan aún no se abandona a la conquista fácil, prefiere seguir buscando aunque no sabe cómo empezar. Sin embargo el anhelo de belleza de Corley debe ser menor que el de Lenehan, porque su configuración es fea y vulgar, a conciencia sabe que no puede aspirar a más.
Lenehan es rollizo, rubicundo, tiene poco cabello y canas, el rostro estragado, si no es tan feo como Corley, tampoco es un galán que pueda esperar conquistar a las mujeres más atractivas. Lo que lo diferencia de Corley es su actitud mesurada al hablar y su punto de vista crítico con que cuestiona a su amigo. Todo es negativo en el entorno de Rutland Square para este par, hasta la mesera del Bar Refrescos está desaliñada. Las posibilidades de alcanzar la belleza se reducen más cada vez.

El trabajo con las mujeres: Corley a pesar de su vulgaridad es una especie de inspiración para Leneham. Se sorprende de que Corley no sienta culpa de la prostitución de la mujer que conoció cuando era sirvienta, se justifica diciendo que antes de él hubieron otros hombres para ella. Leneham quiere ver como su amigo trata a las mujeres fáciles, pues sabe que es lo único que puede presenciar en el universo mediocre en que se desenvuelve y en el fondo aspira absorber la experiencia del gigoló.
El relato es irónico, connota con el título la antítesis de los galanes o conquistadores cabales de las mujeres. El trato de Corley es de rufián, el sigue a la meretriz hasta un lupanar, donde la espera para que le de el dinero. La justificación para que Lenehan no tenga una mujer como le gusta es su falta de trabajo en el presente del relato, no tiene que ofrecer materialmente. El parecido físico no importaría porque Corley vulgarizado por la fealdad explota a las mujeres.
Lenehan trata de burlarse de Corley comparándolo con Don Juan Tenorio, pero en el fondo reconoce habilidades sociales en su amigo que le faltan para concretar el abordaje de las mujeres y más aún dominarlas que es lo que ansia. La etapa de la galantería en estos dos hombres está prácticamente quemada, descuidados en su presentación y con poco que ofrecer a las mujeres decentes, deben culminar en las conquistas más simples, con Corley pavoneándose en ello y Leneham observando.
Conclusión: Dos amigos se mueven en la mediocridad, Corley como aprovechador de una prostituta, para pedirle dinero; y Lenehan en la órbita de su vulgar amigo, cuyas mujeres no le gustan sino que le fascina su facilidad para engancharlas y dominarlas. Los dos están quedándose sin un amor definitivo, consumiendo su juventud, con el deterioro que se muestra en la fealdad y grosero aspecto de Corley y el avejentamiento de Leneham. No son galanes, solo ramplones con pretensión.
Fotos:
“James_Joyce” de literalgia.blogspot.com
“James%20Joyce%20%20(1998)” de isaacsonpaintings.com
“joyce650″ de nytimes.com
“James_Joyce” de nathankramer.com

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1 Comentario en “Dos galanes de James Joyce”
me encanthan tus comentarios y la manerra de persibir la obra de james joyce