Enrique López Albujar (1872-1966) fue un narrador indigenista peruano, que recogió el lado violento de la cultura andina, como la aplicación de ajusticiamiento comunal a reos reincidentes. Estuvo acostumbrado a los temas judiciales por su experiencia como juez en Huánuco, impartiendo justicia a indios peruanos de las comunidades andinas. Escribió Cuentos andinos (1920) a los 48 años de edad, en él presenta a los indios ante el banquillo, en su máximo nivel de crueldad, el castigo es atroz para faltas graves que se remedian de forma ancestral, en estos pueblos alejados del poder central del estado.

Uno de estos cuentos sobre la violencia indígena es Ushanam Jampi, que en quechua significa el último remedio, es decir la pena capital. En este relato, los yayas o concejo de jurisprudentes del pueblo de Chupán aplican jitarishum o destierro al indio Cunce Maille por robo. Este vuelve a ver a su madre y enfrenta a tiros a los comuneros, al final ellos le persiguen y le aplican ushanam jampi, la pena de muerte con descuartizamiento, arrastan el deforme cadáver y cuelgan sus intestinos en su casa, donde vivía la anciana madre del condenado.
López Albujar estaba informado sobre los rituales y mitos andinos, los que mencionó en sus cuentos, también para interconectar distintos relatos; sin embargo resalta la violencia andina llevándola a extremos de repugnancia y casi canibalismo, algo contrario a José María Arguedas quien presentó un indio idílico en su narrativa y su accionar en función de la cosmovisión andina que busca la armonía con la naturaleza. En el extremo del parámetro conciliador de Arguedas se ubica Mario Vargas Llosa, quien con Lituma en los Andes rebajó al indio a la caricatura burlesca de la fealdad y la peligrosidad.
Si no es oficial no vale: El centralismo en el Perú data desde los orígenes de la república, la población y los pueblos del interior del país han crecido en mayor proporción que los recursos del estado. El gobierno no se hace presente en todas las comunidades con cortes, juzgados de paz letrados y otras instituciones que siguen el modelo del derecho romano germánico; es por esta deficiencia que se ha permitido a las personas notables de las comunidades impartir justicia mediante la aplicación del derecho consuetudinario, sin embargo con límites y velando por los derechos humanos de los reos.
Por esta falta de cobertura administrativa de la ley se tiene una división entre la autoridad oficial institucionalizada y la autoridad tradicional de los comuneros campesinos o ganaderos, representados en el cuento por los jueces yayas, magistrados informales de las comunidades bilingües quechua e hispano hablantes. Debido a la pobreza del indio del medio rural y su falta de entrada a la modernidad se ha considerado en el imaginario colectivo peruano que deben ser tutelados por el gobierno central, también que sus instituciones no son legítimas y que esconden un tinte de violencia y crueldad ancestral, que sería propia de la naturaleza indígena.
Lamentablemente muchos textos se valen de la ficción para justificar estos postulados, no quiero desmerecer la calidad técnica del cuento ni decir que en los Andes no hay violencia; lo único que salta a la vista es la reacción tipo Fuenteovejuna de la comunidad, y su desenfreno que los convierte en asesinos con ensañamiento. Oficial ha sido mal entendido como cosmopolita y dependiente del poder central, por eso los autores que siguen este pensamiento desprestigian y desacreditan toda institución indígena. Los yayas han chacchado o masticado coca con fines rituales para inspirar su justicia, esto los hace menos confiables porque estarían sujetos al estímulo de la planta alucinógena.

Desproporción de la pena: El castigo inicial es destierro por robo a Cunce, pero luego es por desacato a la autoridad y asesinato de comuneros y un juez yaya: Cunce es acuchillado y luego descuartizado, curiosamente a la ira colectiva se suma la de los perros de la comunidad que vienen a mordisquear su cadáver mientras dura el proceso de descuartización: “desarrollose una escena horripilante, canibalesca”, el caníbal es el otro el que no comparte el logos occidental, López Albujar era mestizo, de piel oscura, pero toma distancia de los indios que se le pueden parecer físicamente por su educación, por su acceso a las leyes y a la representación del estado centralista para el que administró justicia.
Lo suficiente habría sido que lo dejen muerto a puñaladas, no que prosigan a mutilar y despedazar su cuerpo. Para entender esto habría que considerar la cosmovisión andina; en el juicio que dicta destierro para Cunce, el reo se muestra rebelde e insulta a todo el pueblo, por ello el jefe de los yayas le dice que se le destierra para no desatar la ira de los jircas o cerros sagrados del lugar, que castigarían al poblado con la esterilidad del campo. Se representa la ira del indio inextinguible, su sed de venganza insaciable, la ficción de este relato inspirada en la casuística del derecho solo equipara la justicia comunal indígena con el crimen y la atrocidad.

Representación de Cunce Maille: El tono serio de la narración no cae en la caricatura, más bien resalta la peligrosidad del indio acusado, está maniatado en el juicio y lo llevan cuatro mozos corpulentos, es alto fornido, ceñudo, no se inmuta ante los insultos de la muchedumbre y para ser apresado ha recibido golpes de los comuneros y mordeduras de perros. Este personaje esta curtido en el crimen, es ladrón reincidente, su fuerza es extraordinaria, es indio puro que refleja altivez, gallardía y porte señorial; sale del común de sus vecinos, aunque malvado su presencia lo destaca del indio promedio bajo de estatura y de menor contextura física.
El acierto del narrador es crear un villano del cuento sin desmerecerlo en sus rasgos ni en su bravura, más bien destacándolo de un común indiferenciado. Cunce enfrenta a los comuneros desde la torre de la iglesia disparando, cuando baja por el engaño de Facundo, un indio casi tan fuerte como el pero más astuto, Cunce lo vence, y al cortarle la lengua sonríe satánicamente. Su maldad adquiere relieve diabólico, además están enfrentándose al pie de la iglesia, estos indios pueden participar del culto cristiano pero conservan sus creencias milenarias, su religiosidad es sincrética. El hombre poseído por el demonio no respeta el templo ni se cohíbe ante él. Al final Cunce será representado como el vencido, el cadáver, su diferencia de aspecto con los comuneros se anulará porque se vuelve un despojo descuartizado al que arrastran por el pueblo sin piedad.
Conclusión: Los textos literarios que toman distancia del ethos del indio lo juzgan severamente, condenan su falta de modernidad como responsabilidad de ellos. En una nación centralista, la presencia del estado es mínima en los pueblos apartados de las provincias del Perú, por esta razón los comuneros mantienen sus instituciones ancestrales para administrar justicia. La peligrosidad es igual en reos y justicieros, todos se uniformizan en la violencia en una narración que los ve como el otro distante del modelo aceptado como civilizado.

Añadir a Del.Icio.Us


1 Comentario en “La justicia del otro en Ushanam Jampi”
“Ushanan-jampi” es un cuento excelente. Con este cuento en especial, Lopez Albujar abre las puertas primero hacia el indigenismo, y ahora hacia la interculturalidad. Es justamente la objetividad con la que escribe, la que permite penetrar al lector en el mundo indigena - no con la finalidad de barbarizar al indio y escandalizar al lector - el cuento es una herramienta de comunicacion. Si aveces da la impresion de que el relato es un ataque al hombre indigena, es precisamente porque la percepcion del lector esta precondicionada con la mentalidad occidental/eurocentrista, la cual hace dificil aceptar los acontecimientos y costumbres del mundo andino.
No cabe duda de que “Ushanan-jampi” es un cuento violento, capaz de estremecer al lector desde los primeros parrafos. Pero los procedimientos andinos con respecto a la administracion de justicia en esta historia estan bien explicados, los yayas del pueblo acataron las reglas aplicando en primera y segunda instancia la fuerza de la palabra. La tercera vez lo expulsaron del pueblo para siempre. Si Conce Maille se atrevia a regresar a Chupan, entonces le aplicarian el remedio ultimo, la muerte.
En mi opinion, Lopez Albujar no juzga al indio, ni lo malinterpreta ni lo inferioriza - mas bien lo despoja del estereotipo tradicional (del indio sumiso e ingenuo el cual necesita ser protegido por el hombre blanco) y lo expone tal y como es: distinto al hombre blanco, distinto al mestizo - tanto en apariencia como en costumbres. Pero tambien es un ser fuerte, valiente e inteligente; capaz de arriesgar su vida por pasar unos minutos al lado de su madre y en su pueblo. Es un ser con alma y con amor a la naturaleza y la tierra. Tambien es un ser que no perdona, que busca justicia, que sigue las normas de sus ancestros, que lucha hasta el final.