Cuentos

Un triste caso de James Joyce

madurez en inercia hacia la soledad
Por Gonzalo Valdivia, en 24 de Septiembre de 2008

James Joyce (1882-1941) retrató el Dublín de su época en su novela de aprendizaje El Ulises y en otros relatos como su cuento Un triste caso, que narra el encuentro de un hombre seco de emociones, James Duffy con una mujer cansada de su matrimonio, la señora Sinico, casada con un capitán que paraba de viaje y madre de una joven profesora de música. Ambos se hacen amigos y se frecuentan, pero cuando ella se insinúa a él, Duffy decide romper todo vínculo de comunicación.

La señora Sinico, desolada por la incomunicación, se vuelve alcohólica y muere atropellada por un tren. Duffy se entera por el periódico, su desazón le mueve a tomar trago y deambular por la calle, hasta que ve a los enamorados del parque disfrutando de la vida y se da cuenta que a su edad desperdició una oportunidad de amor, con una persona que se había fijado en él. Constata su soledad porque siente que nadie lo quiere, que es ajeno al festín de la vida y que solo ella quiso quererlo.

La vida monótona: Duffy es un metódico cajero de banco, vive con austeridad sin más que un mobiliario estrictamente práctico. Se dedica a leer y de vez en cuando escribe traducciones por pasatiempo. Es un ateo que encuentra justificación en Nietzsche, pero a pesar de ello visita a sus parientes en Navidad y en los cortejos fúnebres. No tiene amigos por su carácter aburrido. La ruptura de su rutina comienza luego de encontrar casualmente a la señora Sinico por tercera vez.


El le propone frecuentarla pero no está preparado para el amor ni el cortejo, cuando ella lleva su mano a su mejilla, el se ofusca y a la siguiente reunión le avisa que ya no deben verse. Pasa cuatro años de la interrupción de las visitas a Sinico donde vuelve a su estado habitual. A ella solo la conoció porque coincidieron en un concierto, donde esta mujer estaba acompañada de su hija. Duffy no veía futuro en la relación con una mujer casada y le empeoraba el carecer de experiencia en romances.

En los años alejado de la señora Sinico escribe una sentencia suya inspirada por la filosofía de Nietzsche, de que entre una mujer y un hombre la amistad es imposible porque debe haber comercio sexual. Influido por este filósofo que despreciaba la caridad y la espiritualidad de las relaciones humanas, Duffy se convence de su elección. El es egoísta, nunca daba limosna, estaba convencido de su pensamiento egocéntrico, en el que no hay cabida para afectos altruistas.

La soledad: En este cuento, la soledad aparece como predisposición del ser de Duffy, no tiene inteligencia afectiva, es frío, no se le ocurre como concretar la relación. Pasa su vida contando dinero ajeno, en el aburrido espectáculo de ver desfilar monedas y billetes. La señora Sinico vive una soledad más moderada, el matrimonio la envuelve con la vida doméstica, tiene la distracción de la música que comparte con su hija Mary. Empieza a sentirse sola cuando Duffy deja de verla.

El festín de la vida es una oportunidad inaccesible para Duffy, el gozo está fuera del banco y de filosofías egoístas. No basta con resignarse a no vivir y esconderse en los libros o en los conciertos ocasionales, pues la soledad golpea e irrumpe a la conciencia del solitario. La vida organizada de las parejas se restriega contra su cara cuando ve a los enamorados en Magazine Hill. Se siente más aplastado cuando le miran estos jóvenes como a un inoportuno extraño y se retira.

Duffy se lamenta de su vida ordenada, que lo ha sumergido en la soledad y le ha privado de los recursos para el Eros. En su soledad se consume por la culpa de abandonar a la señora Sinico a su soledad y conducirla a la muerte. La soledad sigue un curso irreversible para Duffy, quien supone que difícilmente habrá quien lo recuerde a su muerte. Esta soledad implica ser proclive a la tristeza como actitud vital de un hombre ajeno al disfrute de la vida.

El pseudo intelectual: Duffy se llena de libros, pero no ha destacado en el terreno intelectual, estuvo en mítines socialistas sintiéndose diferente a los obreros, a quienes analiza como hombres que no saben que hacer con su ocio. Cree que es una entidad pensante que puede socavar las bases de poder de la burguesía. Con su conversación logra deslumbrar a la señora Sinico, quien cree que sus pensamientos son dignos de escribirse en un libro.

Duffy posa de contestatario al establishment para ocultar su conformismo, que lo ha llevado a perder las habilidades sociales para tener amigos que al menos estén al tanto de su existencia y para entablar una relación amorosa. El falso intelectual puede cautivar a una mujer con un ámbito de vida reducido a su casa. Ella necesita conversar, los libros que le presta Duffy son un pretexto para verse. Pero para el cajero de banco, las citas se reducen a la aridez de los libros y a temas que no lo comprometen afectivamente.

La inteligencia de Duffy es mera erudición, la inercia de los años le ha despojado de inteligencia práctica en la madurez. Tampoco puede mesurar el impacto que causará en la mujer del capitán al dejar de frecuentarla. Sentirá tristeza y soledad muy tarde para revertir el curso de su destino. El capitán Sinico se desentiende de su mujer, pero Duffy no sabe aprovechar la coyuntura. James Duffy carece de los medios para mejorar su posición de cajero y vivir mejor.

Conclusión: La vida metódica de un cajero de banco, sin habilidades sociales y sin experiencia para el amor cambia radicalmente cuando conoce a una mujer hastiada de su matrimonio. Duffy no puede canalizar la disposición de la señora Sinico a la consecución del Eros. Apresuradamente, ella toma la iniciativa pero el no reacciona en ese momento y decide acabar su relación con ella. Duffy cede a la inercia de su madurez llevada sin satisfacciones tendiendo siempre a la soledad.

Fotos:

“james_joyce” de englishfootballpost.com

“joyce” de blog.syracuse.com

“V_foto%20joyce” de dublin.cervantes.es

“james_joyce” de randomkitty.net

“joyce” de metu.edu.tr

“joycejames” de kennys.ie

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