
Librería San Ginés en Madrid
Quien haya estado siguiendo las noticias sobre el estado del mercado editorial en las últimas semanas habrá podido percibir mensajes contradictorios. Hemos sabido hace poco que en 2008 se editó la mayor cantidad de libros en España de la última década, lo que ha llevado a algunas lecturas triunfalistas como “las editoriales sortean la crisis“. Sin embargo el estudio del INE arrojaba un récord negativo: la tirada media por publicación cayó casi un 5%, la menor cifra en diez años.
¿Qué significa eso? Que este último año se han editado muchos más libros, pero con tiradas menores para hacer hueco a los demás. Esto en principio esto podría sonar beneficioso para los eternos perjudicados por el sistema, los escritores noveles, que ven aumentar sus oportunidades de publicar un manuscrito. Pero menos tirada significa también menor visibilidad en puntos de venta, mayor competencia y una presencia más corta. El autor no gana más, el librero no liquida su stock y los libros vuelven sin tocar a la editorial.
Resulta que puede que las editoriales no hayan esquivado a la crisis después de todo, sino que estén viviendo su propia versión de ella. La crisis financiera se ha producido por una multiplicación desaforada de compras, a precios en ocasiones desorbitados, de productos inseguros, asumiendo que “basta con que uno salga bien”. La fiebre por dar con el best-seller, el libro que venda cientos de millones de ejemplares en unos meses, ha multiplicado ediciones que en el mejor de los casos son insuficientes y en el peor dinero quemado. En un excelente artículo en Público Paula Corroto habla de “burbuja editorial“.
“Los almacenes de las distribuidoras y las editoriales rebosan libros, aunque muy pocos llegan a las manos del lector. Según los últimos datos oficiales de la Federación de Gremios de Editores de España, las librerías devolvieron en 2007 un 28,5% de las novedades que se pusieron en el mercado. Una cifra que no para de crecer desde 2004. Según la otra parte importante de la cadena del negocio editorial, los distribuidores, en 2008 no se mejorará: el porcentaje devoluciones oscilará entre el 32% y el 35%”.
Los fenómenos Dan Brown y J. K. Rowling han convencido a las editoriales de que la medida del éxito es dar con el best-seller de temporada. Notemos que, salvo en excepciones como ‘Los pilares de la tierra’ de Ken Follet, la vida de un best-seller es breve, de un par de años a lo sumo. Durante ese período, sin embargo, todo el esfuerzo promocional va dirigido al best-seller, en menosprecio de los volúmenes que no logran tantas ventas. Hay que asegurarse que esté en todas partes, que sea lo que todos quieren leer.
El problema está en que especular con best-sellers es un ejercicio de riesgo. ¿Quién decide lo que se va a poner de moda? La respuesta es simple: todos y ninguno. No lo hacen sólo los autores, las editoriales y las campañas de promoción. Por ejemplo: ¿porqué de entre el magma de thrillers místicos que aparecen continuamente ‘El código Da Vinci’, desde luego no el mejor de entre ellos, causó tal fenómeno? ¿Por qué de entre todos los aspirantes a suceder a Rowling ha salido victoriosa Stephenie Meyer? ¿Porqué Stieg Larsson y no, por ejemplo, Henning Mankell?
Los lectores saben lo que les gusta, pero ni siquiera ellos saben lo que va a convertirse en best-seller. Y el sistema funciona mientras haya un superventas tirando de él. Si triunfa una novela histórica, se publica novela histórica por doquier. Si se pone de moda la literatura fantástica, cualquier cosa con elfos o dragones en la portada salta a los anaqueles. Pero la inflación de las novedades no puede durar siempre, y los lectores también sufren crisis de confianza cuando ven que sus distribuidores no siguen una pauta clara, a rebufo de tendencias caprichosas.
La solución a la crisis (a cualquier crisis) pasa por el retorno a los valores seguros y perdurables. La edición de clásicos, por ejemplo, se ha disparado. Son un producto con un mercado estable (ayuda el ser un imperativo académico) que, si bien no da mucho dinero, garantiza ingresos fijos al editor y al librero. Y al lector le garantiza un producto de calidad. Otro sector que continúa ingresando es de la literatura infantil y juvenil, cuyos destinatarios son paradójicamente mucho menos volubles en sus gustos que los adultos.
Sabemos que hemos estado viviendo un espejismo desde el momento en el que una escritora aparece en lo alto de una lista Forbes por haber ganado 300 millones de dólares en un año. Como todas las historias de éxito, la avaricia rompe el saco. Queda esperar que el mercado se aplique la lección y regrese a un modelo más racional que no lo estrangule. Los propios libreros recuerdan que el fenómeno ‘La sombra del viento’ no se hubiera producido de no haber tenido el libro en los escaparates durante varios meses.
Imágenes: Wikipedia

Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “¿Está el sistema editorial en crisis?”
Aun no se han realizado comentarios.