¿Quién no conoce aquel popular micro relato que rezaba: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”? Seguramente que todos los aficionados a este género literario breve. Su autor es Augusto Monterroso, de nacionalidad guatemalteca, pero nacido en Honduras y presa de varios exilios a Méjico y posteriormente a Chile, donde conoció al poeta Pablo Neruda.
Esta recopilación, bajo el nombre “La exportación de cerebros”, aúna una serie de relatos, algunos verdaderamente breves (“El dinosaurio”), que exhiben de fondo, también algunos, una crítica social a la historia de Hispanoamérica, la cual ha sido motivo de explotación por la propia Europa, así como reflexiones sobre la propia escritura como en “Leopoldo (sus trabajos)” donde reconoce que “está bien leer mucho, estudiar con ahínco“, pero “observar a las personas le sirve más a un escritor que la lectura de los mejores libros. El autor que se olvide de esto está perdido”. “El mejor escritor era el que de un asunto baladí hacia una obra maestra”, continúa Monterroso. Las fábulas de la misma manera ocupan un eje temático distinguido en este libro.
En “Myster Taylor”, cuyo nombre original es Mr. Percy Taylor, narra la historia de un cazador de cabezas en la selva amazónica. A través de este personaje, Monterroso, traza una crítica mordaz sobre la posesión, la riqueza y el progreso, en la que las cabezas cortadas se convierten en un producto codiciado que, ante un déficit, su posesión justifica cualquier decisión como la de fomentar la guerra con las tribus vecinas en aras de un progreso mediatizado para lograr más cabezas cortadas.
En este texto se hace referencia a las “Obras Completas” de William G. Knight, quien defendía la idea de que “si no se siente envidia de los ricos la pobreza no deshonra” o que “ser millonario no deshonra si no se desprecia a los pobres”.
“La exportación de los cerebros”, que da título al libro, sigue en la misma línea y denuncia la exportación obligada de los cerebros (mentes inteligentes) a los países más desarrollados, si bien termina por defender esta política porque “si Hispanoamérica cree tener en la actualidad unos veinte cerebros como éstos, y no los deja escapar, se estará jugando torpemente su destino”.
En el apartado de fábulas, el autor, convierte a los animales en protagonistas. En “vaca”, el propio animal queda sin reconocimiento a pesar de su contribución con leche a la humanidad; En “la oveja negra”, el animal convertido en un símbolo de la torpeza se convierte en una excusa para buscarle una razón a su existencia, en este caso, la mera y justificada realización de esculturas. En este apartado, destacan otras muy breves narraciones que describen lo que sucede cuando una mosca que sueña con ser un águila; una rana quiere ser una rana auténtica; o un mono quiere ser escritor satírico.
También hay tiempo para recordar en sus narraciones a la época clásica grecorromana, como en su versión de “La tortuga y Aquiles”, en “La tela de Penélope o quién engaña a quién” o en “Gallus aureorum ouorum”, el Gallo de los Huevos de Oro.


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