Tú, el Inmortal es una novela de ciencia-ficción escrita en 1966 por el talentoso estadounidense Roger Zelazny (1937-1995). Supone una personal revisión a la mitología griega, y un culmen en su carrera literaria, por el que ganó uno de sus muchos premios Hugo logrados. Su temprano éxito y su buena aceptación por parte de los ya
consagrados (escribió Deus Irae con Philip K. Dick), le convirtió en la mayor promesa de la ciencia-ficción junto a Samuel R. Delany. Quizás su excesiva pretenciosidad provocó, desgraciadamente, un inevitable estancamiento, quedando Zelazny en el lugar de eso precisamente, una eterna promesa.
En este libro, se puede apreciar desde la primera página, desde los primeros párrafos, que el lector tiene ante sí una lectura amena pero complicada, llena de términos y de circunstancias (anteriores a los que se narra) que ha de asimilar para la comprensión del relato. E instantáneamente se nos presenta a Conrad Nomikos (atención al hecho de que su nombre sea de origen heleno), un auténtico héroe a la vieja usanza, que ha de proteger a un cronista llamado Cort Myshtigo, procedente de Vega, que viaja a la Tierra en busca de ciertos informes para un libro de inminente publicación. El contexto de la Tierra es especialmente hostil, ya que una guerra nuclear ha diezmado la población, con una posterior colonización de veganos y la correspondiente reacción defensiva antivegana por parte de los terrestres.
En esto, que Conrad halla consciencia de que a Myshtigo quieren verlo muerto. La forma en la que el héroe se adentra en las motivaciones que pueden tener los otros en acabar con él, resulta ambigua, en el sentido de que cabe plantearse si sería positivo, como terrestre, contribuir a la causa o no. Entre los que deciden acompañar a Conrad en su escoltamiento se encuentran Dos Santos o el asesino Hasan, que resulta ser una perfecta antítesis del protagonista. Igualmente ambiguo, igualmente extraño, pero exento de moralidad o de remordimientos.
La evolución que sigue la novela es bastante irregular y poco clara. En ocasiones es un libro de aventuras, otras veces es un relato de suspense y otras, simplemente, una fantasía épica de claro tono grecolatino. En la medida en que se descubren aspectos y detalles que contribuyen a la riqueza de la trama, también es posible dar con ciertas lagunas argumentales que desdeñan la historia en sí. No obstante, los diálogos resultan extraordinarios, en cuanto a contundencia y belleza poética, y el hecho de que esté narrado en primera persona, bajo el punto de vista de Conrad, enriquece el relato en cuanto a que en muchas ocasiones el héroe sabe lo mismo que el lector, y eso ayuda a mantener el interés y la atención.
Las influencias son variadas. El desarrollo de la trama podría tener semejanzas a las propuestas de Isaac Asimov, pero las fuentes más palpables proceden de los escritos de la Antigua Grecia, sobretodo la Iliada, la Odisea y el mito de Jasón y los Argonautas.
Tú, el Inmortal dudosamente es una obra maestra, pero realmente destaca en la literatura de ciencia-ficción por el talento que desprende la historia y su forma de contarla, su carácter ameno y fresco, y por tener uno de los mejores finales (cerrado, satisfactorio y adecuado) que pueden encontrarse en este género. Además, esta novela fue una puerta para el autor con el fin de adentrarse en sus infinitamente más conocidas Crónicas de Ambar.
Aquí puedes leerlo gratis.


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