Cuando Emile Zola expuso, en la segunda mitad del siglo XIX, su concepción de lo que debía ser la novela, dando lugar al movimiento que se conoce como Naturalismo, se proponía aplicar un método científico a la narrativa, de tal suerte que ésta sirviera como exponente de la realidad social y humana.

Octave Mirbeau
Pero lo que, sin duda, no pretendía era brindar la excusa apropiada para que otros autores incluyesen toda clase de excesos en sus novelas. Aunque el maestro tampoco retrocedía ante lo desagradable, hubo discípulos que, no sólo no lo evitaban sino que se complacían en ello, rellenando paginas y más paginas con toda clase de escenas soeces y escabrosas.
En esta línea, uno de los más aventajados cultivadores fue el también francés Octave Mirbeau (Trevieres, 1848-1917), periodista y crítico de arte, que fue un furibundo anticlerical y un belicoso antimilitarista y que participó activamente –como Zola- en la defensa de Dreifus, el oficial judío condenado por espionaje.
Personaje atormentado, tras escribir algunas novelas autobiográficas, en las que ejerce su venganza contra los jesuitas, en cuyo colegio había estudiado, y contra amantes poco fieles, comienza con su ciclo más escandaloso –si es que las anteriores no lo eran-, al que pertenecen El jardín de los suplicios, Diario de una camarera y Los veintiún días de un neurasténico.
Precisamente, ahora, la Editorial Impedimenta publica El jardín de los suplicios, aparecida por vez primera en 1899 y que constituyó un escándalo mayúsculo dentro de la sociedad francesa. Dedicada por el propio autor ‘a los soldados, a los jueces, a los hombres que educan, dirigen y gobiernan’, se halla cargada de intencionalidad política y erotismo.

Vannes, en cuyo colegio de jesuitas estudió Mirbeau
Se estructura en tres partes. La primera, titulada ‘Frontispicio’ defiende el crimen como algo consustancial al instinto humano. La segunda, bajo el titulo ‘En misión’ cuenta la caída en desgracia de un político corrupto. Y la tercera, que se titula como la obra, ‘El jardín de los suplicios’, nos presenta a un anónimo narrador que visita en compañía de su amante, la sadomasoquista Clara, una prisión china en la que ésta, ante la contemplación de las torturas a los presos, experimenta un loco éxtasis erótico.
Sinceramente creemos que Mirbeau no carecía de talento literario. Pero una personalidad atormentada –quizá por hechos vividos durante su estancia con los jesuitas- y un cierto desprecio hacia el mundo le hicieron seguir caminos errados que dieron como fruto escritos realmente repugnantes en el estricto sentido del término, es decir, que por su contenido producen repulsión.
Fotos: Mirbeau: Phrood en Wikipedia | Vannes: Sten en Wikipedia

Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “‘El jardín de los suplicios’, de Octave Mirbeau”
Aun no se han realizado comentarios.