Recuerdo que leyendo ‘Una lectora nada común‘, la maravillosa y hasta hoy más reciente obra en castellano del inglés Alan Bennett, me veía reflejado en más de una anécdota relacionada con la literatura y los libros. Una de ellas hablaba, en términos generales, de lo que supone comenzar a leer una novela y no engancharte, no encontrarle el punto adecuado, y pasado un tiempo volver a toparte con ese mismo título por circunstancias que nada tienen que ver con el azar (o sí) y, al ir a devorarlo de nuevo, hacerlo con fiereza.
Eso es lo que me ha pasado con ‘El lector‘, de Bernhard Schlink. Sé que a mi compañero Alvy Singer no le ha gustado demasiado a tenor de sus últimos comentarios (ver El prestige y el postín). Sin embargo, yo romperé una lanza a favor de esta novela de la que en breve podremos disfrutar en su versión cinematográfica y que, según auguran los trailers que he podido ver, me da la impresión que disfrutaremos mucho.
Para quien no conozca la historia habrá que ponerle en antecedentes. ‘El lector’ trata de un joven llamado Michael Berg. Tiene quince años y ha padecido una hepatitis que le ha debilitado más de lo que quisiera. Un día, volviendo a casa del colegio, se empieza a encontrar mal hasta el punto de vomitar en plena calle y una mujer acude en su ayuda. Limpian con un par de cubos el vómito, ella le abraza y en él, en ese mismo instante donde se mezclan su “aliento fétido” y el “sudor fresco” de ella siente un pinchazo en el corazón. La mujer le acompaña a su casa y se despiden. La madre de Michael, tras enterarse de todo, insiste en que le lleve un ramo de flores para agradecerle su atención, cosa que él no tenía prevista. Y así empezará una relación con esta mujer, donde el sexo se combina con las lecturas de Schiller o Goethe que el muchacho le realiza en la cama a su petición. No descubriré más (aunque las sinopsis del libro y los trailers sí lo hacen) para provocar una sorpresa en el lector o lectora de la novela.
Sí podríamos concretar que el libro se divide en dos partes claramente diferenciadas no sólo por la temática sino también por el estilo. La primera, que probablemente es la mejor y una de las más emotivas que he leído en muchos años, nos narra la tortuosa relación entre Michael y la misteriosa mujer, de la que no sabemos su edad y no nos enteraremos que se llama Hanna hasta que el joven lector no aguanta más y decide tirarse a la piscina. El aura que cubre a esta encantadora señora es tal que Schlink nos hace desearla fervientemente, nos hace sentirla profundamente y enamorarnos de ella hasta la locura como le ocurre a nuestro protagonista, todo ello sin mostrar apenas detalles sobre su físico o su personalidad.
La segunda parte se centra más en el tema que Schlink domina profesionalmente, ya que ejerce de juez, aunque no por esto se convierte en un John Grisham sin más. El alemán sabe perfectamente dónde se mete y que sus lectores no son los del best-seller mencionado, así que recurre mínimamente a los tecnicismos justos para dotar a la novela de un trepidante ritmo que nos deja sin respiración.
Hay quien argumenta que ‘El lector‘ tiene momentos previsibles y no le falta razón, aunque ésto no le resta un ápice de su valor a esta enorme novela que la adaptación cinematográfica nos vuelve a poner en el punto de mira para disfrutarla enormemente. Esperemos que así sea y que, como ya habían hecho hasta la fecha miles de lectores (acaba de salir al mercado la octava edición en castellano), otros tantos devoren esta pequeña y breve joya que, como los perfumes, se guarda en frasco pequeño, y como los buenos vinos, mejora con los años.
El lector
Bernard Schlink
Anagrama, 2003, 208 páginas

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3 Comentarios en “‘El lector’, de Bernhard Schlink”
[...] El principal problema de Daldry al afrontar su adaptación de la novela de Bernhard Schlink, ‘El lector’, es su mirada ausente, ausente a propósito. Para comprobarlo, sólo hay que fijarse en los [...]
[...] El principal problema de Daldry al afrontar su adaptación de la novela de Bernhard Schlink, ‘El lector’, es su mirada ausente, ausente a propósito. Para comprobarlo, sólo hay que fijarse en los [...]
pues me parece ke este es un libro genial pero seria mas genial ke presenten la obra completa