“El Palacio de las Blanquísimas Mofetas” es una novela experimental que nos habla sobre las vicisitudes y la desesperanza de una familia cubana en los momentos previos a la Revolución de 1959. La novela, que dinamita deliberada y sistemáticamente las convenciones de la novela realista tradicional, gira alrededor de Fortunato, un joven sensible e inquieto al que le toca vivir en un período de turbulencia política en su país: la lucha subversiva contra el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista. Desesperado por escapar a las desilusiones y crueldades de su familia (a quienes se refiere como “criaturas” o “bestias salvajes”), así como también por escapar a Holguín, un pequeño y conservador pueblo rural, Fortunato intenta unirse a las fuerzas revolucionarias de Fidel Castro. Esta huída hacia la libertad, sin embargo, terminará en tragedia cuando el joven es arrestado, torturado y ejecutado por la policía oficial.
Reinaldo Arenas, su autor, fue un poeta, novelista y dramaturgo cubano. A través de su arte, combatió gran parte de su vida contra el régimen de Fidel Castro. Colaboró con la revolución cubana, hasta que debido a la exclusión a que fue sometido, optó por la disidencia. Su presencia pública e intelectual le granjeó marcadas antipatías en las más altas instancias de Estado, lo cual, unido a su condición homosexual, provocó una implacable y manifiesta persecución en su contra. Mucho más conocido por su obra autobiográfica Antes que anochezca, El Palacio de las Blanquísimas Mofetas es una novela más que recomendable.
Desde el comienzo del libro se presenta al lector las contradictorias y autocompasivas voces de los personajes, todos miembros de la misma familia. En este punto, el cruce de voces y personajes es tal que se vuelve extremadamente difícil descifrar en una primera lectura cuantos personajes hay y qué dice cada uno. Estos fragmentos de voces serán contextualizados y desarrollados las otras dos partes en que se divide la novela.
La segunda parte constituye el mayor volumen de la novela. Esta sección está dividida en cinco “agonías” en las que cada miembro de la familia se turna para relatar su propio sufrimiento. Estos relatos se presentan como un desvarío de voces que esconde con frecuencia la identidad del tema del que se habla. Es como si la inestabilidad en que vive el país en el momento de la novela se contagiara a unos personajes incapaces de proporcionarnos algún punto de referencia sobre el que construir su historia. A todo esto hay que añadir fragmentos de relatos periodísticos, boletines de actividad guerrillera, anuncios publicitarios y revistas de belleza; estos fragmentos son yuxtapuestos y sirven para establecer un paralelo entre el babel de voces de los miembros de la familia. En “Quinta Agonía,” aparecen doce versiones de los dos episodios más importantes de la novela: la decisión de Fortunato de irse de casa para unirse a los rebeldes liderados por Castro, y el intento fallido de Adolfina de perder su virginidad en una noche en el pueblo.
Cualquier lector que busque objetividad o un acercamiento al más puro estilo “novela histórica” se dará de bruces con una historia repleta de situaciones alucinantes, incidentes inverosímiles y disgresiones inconexas. Y este es precisamente uno de los aspectos que más me ha llamado la atención de la novela, esa locura genial con la que está escrita. La última parte del libro, hace un giro hacia la dramaturgia. El genial Reinaldo Arenas nos regala una representación teatral en la que los miembros de la familia se transforman en actores que recrean sus propias vidas y obsesiones. Sin importar lo que realmente sucedió, es significativo que ninguna versión niegue las razones fundamentales de Fortunato para escapar del hogar: hambre, pobreza, represión, falta de oportunidades, y las sofocantes demandas de su familia.


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