Autores, Libros, Literatura, relatos
El que busca encuentra

Literatura por casualidad

Nada como rebuscar en las librerías o acercarse a las páginas de literatura de periódicos y revistas para encontrar letras frescas y llenas de fuerza
Por Vanessa Del Cristo, en 13 de Julio de 2008

Es posible que no haya literatura que más y mejor nos impresione que la que encontramos por casualidad. Es algo que me ocurre a menudo, probablemente porque sólo el que busca encuentra. La última vez fue esta semana a bordo de un avión de la compañía Vueling.

Antes de partir hacia el aeropuerto esa misma tarde me había parado en una de las librerías Beta de Sevilla, una red de librerías que nada tienen que envidiar a la Casa del Libro y en la que los lectores pueden encontrar desde la última novela de Julia Navarro hasta el libro de relatos de jóvenes escritores andaluces publicado hace un año por la Facultad de Comunicación de la ciudad: Narraciones preventivas y otros cuentos por tu bien, muy recomendable os lo aseguro.

Esta vez iba a la caza de Algo más que magia, la segunda entrega (en español, pues en inglés se trataría de la quinta) de la saga sobre los seres sobrenaturales ideada por la norteamericana Kelley Armstrong. La primera parte (cuarta en Estados Unidos), A golpe de Magia, la encontré, por casualidad, también justo antes de coger un avión, en una de esas librerías de aeropuerto, plagada de best-sellers, novelas históricas y libros sobre personajes de actualidad.

Estaba allí escondido, entre montañas apiladas de “últimas novedades”. Me llamó la atención el título y decidí echarle un vistazo a la contraportada. La sinopsis no me desagradó:

A diferencia de las que salen en los cuentos de hadas, las brujas de esta historia no son seres terribles y amenazadores, sino mujeres descendientes de una antigua raza que temen por su supervivencia en un mundo hostil.

Paige Winterbourne es una de ellas: con sólo 23 años, no sólo tiene que hacer frente a los problemas de cualquier chica de su edad, sino que ha heredado los poderes de su madre y es una de las líderes del Aquelarre Americano, una asociación encargada de velar por los intereses de las brujas. Además, también tiene la responsabilidad de cuidar de Savannah Levine, una bruja adolescente de 13 años extremadamente inteligente y muy rebelde, fascinada por la magia negra y que está en el punto de mira de las poderosas camarillas de hechiceros, los eternos rivales de las brujas.
Cuando las cosas comienzan a complicarse, la única persona en la que Paige puede confiar es también la única con la que de ningún modo debería relacionarse: el abogado (y hechicero) Lucas Cortez.”

Y al ver el precio, sólo cinco euros, acabé de convencerme. “Que un libro tan grande esté a este precio sólo puede significar dos cosas, o que es muy malo o que no lo compra nadie porque no lo conocen y les resulta raro”, me dije, incapaz de resistirme a comprobar si la respuesta correcta era la segunda. No me equivoqué mucho.

Sí, resulta algo fantasiosa la trama y, sin duda, recuerda sospechosamente a la serie de televisión Embrujadas (¿qué fue antes, el huevo o la gallina?). Sin embargo, la historia acabó enganchándome como Saramago es incapaz de conseguir (meses llevo para fumarme Ensayo sobre la lucidez). Con un lenguaje simple, sin demasiados artificios y con un toque que recuerda a la novela policíaca o la de aventura, la historia de Paige me cautivó tanto que me terminé la novela de unas 500 páginas en menos de una semana.

Fue tal la impresión que me provocó que, como les contaba, justo antes de coger mi avión de regreso a Gran Canaria me acerqué a Beta con la esperanza de encontrar la segunda parte. No estaba. Sólo la tenían en la Beta de Nervión Plaza y no me daba tiempo a llegar con margen suficiente para llegar al aeropuerto.

Así que, finalmente, acabé embarcando rumbo a Gran Canaria sin un buen libro en el que sumergirme, con lo que tan sólo me quedaba hojear la revista para pasajeros que todas las compañías ofrecen. Y allí estaba mi sorpresa: “Página 79, La Gran Vida. Las disparatadas aventuras de Mayer Aramburu”, rezaba el índice. Intrigada viajé hasta la página 79, preparada para encontrarme el habitual relato de exaltación a una ciudad o un destino turístico que a menudo pululan por este tipo de revistas.

Efectivamente, así era: tocaba Bilbao en este caso. Pero de un modo diferente. Os copio un trocito de lo que leí maravillada:

“(…) Nos ponemos de punta en blanco –Bilbao obliga-, ella pijamera de Prada y yo de zigzagueante Missoni. “Agur” se despide Soledad en recepción. “Agur es útil”, me explica, “sirve para cuando te vas pero igual vuelves”. Paseando del bracito por lo viejo, Soledad me avisa con poco disimulo cuando avista “un buen mozo”. Y a fe que los hay. Algunos pasan ‘a lo ochote’, en procesión a sus rituales de ‘poteo’. Soledad cambia de planes y da un giro de 180º para seguir a uno de los grupos.

- Aprederemos más con ellos que en el Guggenheim, Mayer. No ves la cara que tienen de saber de todo.

Al rato, en Los Candiles, Soledad y la tropa se han hecho inseparables, rioja alavés mediante.

-¡Otra de rabas!

-¡Y esos rollitos de ‘txangurro’!

-¡Tengo una novia en Santurceee –cantan al unísono: yo sabía que iban a caer bilbaínas- ay, qué novia más chipéeen, pero no puedo ir a verla, que cuesta muy caro el treeen! (…)”

Al pie de la página leo: “Mayer Aramburu tiene 31 años y es la asistente de Soledad, una refinada coleccionista de arte con la que viaja por toda Europa”, como única referencia sobre la autoría del texto. Intrigada me dejó, así que cuando llegué a casa me dispuse a tratar de descifrar la verdadera identidad del escritor o escritores de esta pequeña historia que parece formar parte de un conjunto de relatos de viajes muy interesante.

No encontré nada, más que un link a la revista Ling, la misma que había encontrado en el avión que el relato que me sorprendió. Un delicioso misterio de autoría que no logra más que conferir aún mayor misterio al deleite de lectura que son sus relatos.

Es quizás éste tan sólo un ejemplo de cómo en el sitio menos pensado podemos encontrar una pequeña joyita literaria. “El que busca, encuentra” que os decía al principio. Nada como las pequeñas revistas y los periódicos, sobre todo los locales o regionales y sobre todo en estos meses en que comienza el verano y que muchas publicaciones aprovechan para suplir la falta de información política con todo lo que pueda resolverles una página, para encontrar deliciosos relatos, cuentos y poesías de desconocidos o casi desconocidos capaces de llevarnos a mundos insospechados.

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1 Comentario en “Literatura por casualidad”

1

Aprovechando que soy uno de los escritores de “Narraciones Preventivas y otros cuentos por tu bien”. Doy las gracias a la mención de la obra y animo a todo el mundo a que no deje un hábito tan maravilloso, como es la lectura.
Buena página por cierto.
Suerte y saludos.

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