Norwegian Wood/Tokio Blues, Haruki Murakami
El boca a boca, o denominado más coherentemente, boca a oreja, ha provocado sin duda que Norwegian Wood (aquí llamado de forma más comercial, Tokio Blues), del japonés Haruki Murakami (1949- ) sea una de las novelas más leídas y admiradas de los últimos tiempos.
El maduro ejecutivo Toru Watanabe llega a Hamburgo y escucha una canción de los Beatles, la que da nombre al título del relato. De repente se entristece y vienen a su mente recuerdos de su adolescencia que hacía años que parecían haber sido olvidados. De repente Toru se siente muy triste, totalmente abrumado por la nostalgia, y la melancolía provoca que él mismo nos relate aquella turbulenta época.
Con gran agilidad, se nos muestra la admiración y deseo que siente Toru por Naoko, la novia de su mejor amigo. Al suicidarse éste, la relación entre ambos se dilata hasta el punto de que ya no puede vivir uno sin el otro. Pero Naoko está muy aturdida por la muerte de su antiguo novio, que sin duda ha influido en la idiosincrasia y personalidad de los dos personajes, y acaba en una residencia de rehabilitación psiquiátrica, con lo que Toru limita a una relación por carta su deseo hacia Naoko. En esto que aparece Midori, una compañera de la universidad. Vitalista y en muchos aspectos contrapuesta a la inestable existencia de Naoko, Midori saca a la luz el lado menos sombrío de Toru. En el momento en que Midori deja a su novio porque Toru “le gusta más”, el protagonista y narrador tiene que decidirse y poner en orden su intensa vida emocional.
Este argumento, tan simple o tan complejo como el lector quiera percibirlo, viene acompañado de una fascinante intención hipnótica. Da la sensación de que Murakami enseña todas sus cartas a la vez en este relato, mostrando la cotidianeidad de Toru bajo su propio filtro, preocupándose más de la impresión que la narración cause en el lector más que en el estilo literario. Esta arriesgada decisión podría ser un defecto en muchas ocasiones, pero en Norwegian Wood es precisamente su principal virtud.
La proposición de Toru como elemento central y narrador es insuperable. Con una melancolía, un hiperbólico miedo a la vaciedad, y una actitud solitaria que le lleva a emprender cualquier decisión con prudencia y una especie de mezcla de resignación y confusión, Toru es el perfecto adolescente perdido, y más tarde, el joven nihilista que todos hemos sido en mayor o menor cantidad de ocasiones. Los personajes de Naoko y Midori están muy bien perfilados, unidos al de Nagasawa, probablemente el único amigo de la residencia universitaria donde se aloja Toru. Nagasawa es un brillante estudiante, exageradamente seguro de sí mismo, prepotente y vanidoso, deja de lado sus limitaciones de índole emocional para acostarse con cuantas mujeres pueda. No así el personaje de Reiko, a todas luces metido con calzador, como la tutora de Naoko en el psiquiátrico, que termina entablando amistad con Toru a partir de sus visitas al centro. Asimismo, la tajancia que supone la sinceridad y honestidad de cada frase dicha por Toru, es motivo de dejar el libro un momento y asimilar lo que Murakami intenta decirnos, a veces con claridad arrolladora y otras intentando simplemente llegar a lo emocional, sin expresar nada racional o cerebral.
Las escenas de sexo son narradas de forma muy explícita. Al principio esto sorprende, pero con las repeticiones se hace un tanto tediosa la reiteración y la recreación de lo sexual, como si fuera lo más (y quizás único) importante de una relación amoroso-afectiva. De la misma manera, suena inverosímil que el suicidio sea una constante en los jóvenes en el contexto geográfico e histórico propuesto (Japón, finales de los 60). Por suerte esto se compensa con las increíbles descripciones del ambiente japonés, de manera muy visual y comprometida a pesar de la sobria narración. Las frases cortas imperan y la ausencia absoluta de florituras lingüísticas ayudan a que la novela sea tan envolvente como puede serlo. Es uno de esos relatos en los que, independientemente de lo que suceda, el estilo narrativo hace que el lector se sienta compungido y estremecido por la melancolía que se le está transmitiendo. Una tristeza existencial casi invisible y, sin embargo, omnipresente. Resulta significativo también el apunte de que las revueltas estudiantiles no son más que una de las muchas formas de hipocresía.
Hay momentos muy logrados en la novela, que ya de por sí sostienen todo el peso de la congruencia del libro, como aquel en el que Midori y Toru cantan, guitarra en mano, mientras la casa de Midori está a punto de incendiarse; el reflexivo y angustioso viaje de Toru hacia el centro psiquiátrico para visitar a Naoko; los planes nocturnos con Nagasawa; las simpáticas anécdotas de convivencia con Tropa-de-Asalto, el compañero de habitación de Toru en la residencia universitaria.
Es fácil identificarse con cualquiera de los personajes, dada la concretitud y completitud de las formas de vida presentadas en la perspectiva joven de la que todos formamos/hemos formado parte. Por este motivo, es obligatorio comparar a Norwegian Wood con El Guardián entre el Centeno, novela de J. D. Salinger que precisamente se nombra dos veces en este libro. Y es que Toru Watanabe podría ser perfectamente Holden Caulfield dos o tres años más tarde. De hecho Reiko llega a decirle: “Hablas de una manera muy especial (…) ¿Estás imitando al protagonista de El Guardián entre el Centeno?”
Norwegian Wood es, en definitiva, una elaboradísima y talentosa propuesta que, de forma inevitable, obliga a todos los lectores a buscar todo lo que haya escrito Murakami. Leerle es convertirse en seguidor de su inquietante y envolvente estilo, y de sus personajes. Su éxito no es de extrañar, pues es una novela imprescindible se mire por donde se mire.


Ayer terminé el libro, es interesante y me atrapó aunque no creo que sea la gran obra literaria.
En algunos pasajes me recordó a Martín y Alejandra de Sobre héroes y tumbas.
Una novela genial , real e inolvidable. eL PASO A VECES TERRIBLE DE LA ADOLESCENCIA A LA MADUREZ, LOS RECUERDOS Y LAS VIVENCIAS DE UNA EPOCA CERCANA EN MUCHOS ASPECTOS PARA MUCHA GENTE.
Es un libro que me cautivo, es muy bueno, y muy triste. muy bueno.
Después de leer TOKYO BLUES entendi lo de la memoria, decidí vivir el presento y comencé a sentir de nuevo vida dentro de mí…. Gracias Victor por el lindo regalo de interior…..
Yo leí primero Sputnik Sweetheart‎, pero me causó lo mismo que comentas al final de tu artículo, desde entonces he engullido casi toda su obra, con ansiedad. Os recomiendo especialemnte Dance, dance dance, aunque que creo que no se ha traducido al español.
Un saludo!
PD: Añadiría en tu comentario el amor por el jazz, que se refleja en toda su obra y las miles de referencias literarias que encuentras en ella!
Para no abundar en los análisis que tan brillantemente han aportado otros internautas intentaré buscar enfoques distintos y comenzaré por el final: el autor le ha dado a Reiko lá hermosa misión de desenlazar: ella servirá de puente a Watanabe para que este de el salto hacia la vida, para que logre entrar en el mundo adulto sin la rémora de la responsabilidad mal entendida ni la culpa. Y para realizar el exorcismo Reiko se vestirá con las ropas de Naoko, y con esa sutil impostura conseguirá que el muchacho recupere la oportunidad que el suicidio le quitó, al fin podrá despedirse de un amor involuntariamente oscuro y dañino. El lector se conmueve al comprender el riesgo que encierra su generosidad porque conoce la norma: el paciente que sale del sanatorio ya no puede regresar, asà que la necesidad de conducir a Watanabe también es en si misma su propia salvación porque Reiko llevaba tiempo con adicción al centro, estaba institucionalizándose en ese refugio, Reiko es el canto a la vida y el enlace entre la juventud perdida y el renacimiento en la madured, todos llevamos dentro el fenix capaz de resurgir de las cenizas.
El autor va contrastando y comparando, en un eficiente juego de espejos, a Naoko con Midori, -Midori, la elegancia de corazón simulando vulgaridad para poner a prueba el grado de confianza, para asegurarse de si podrá amarla en todas sus facetas, las reales y las hipotéticas, la que le entrega las zonas más recónditas de su intimidad incluyendo la enfermedad de su padre-, también Toru Watanabe está siendo contrastado con el novio de Midori para que el lector pueda marcar la diferencia… Wasanaba con Kizuki aunque con un salto temporal Kizuki pertenece a la adolescencia, Wasanaba a la juventud.
Me encantan los hermosos cierres de cÃrculo que dibuja Murakami, tan poéticos: partida de Billar – suicidio de Kizuki, y el destino copiándose a sà mismo: de nuevo partida de billar premonitoria para Hitsumi la novia de Wasanaba (hablo de memoria, no sé si estoy escribiendo bien el nombre). La novela remite a “Esplendor en la hierba” habla de la inadaptación tan patente en la juventud cuando comprendes que el mundo en el que vas a entrar se ha diseñado sin contar contigo, habla del impacto que produce el suicidio que siempre es recibido como una agresión que mutila a los que aman a quien se quita la vida sin haber dado señales… Pone palabras donde antes no las habÃa, se vincula con el lector porque le ofrece los iconos comunes de los 60 que las generaciones posteriores también han hecho suyos, y sobre todo es tan esencial que ha conseguido traspasar todas las fronteras, hasta se nos olvida imaginar los rasgos orientales porque las descripciones corresponden siempre al interior. La música interna de la novela está exactamente construida como un blues, casi puedes contar los doce acordes de su ritmo. También me gusta mucho que las citas no estén puestas por erudición ni por azar sino que cumplan su función, asà durante el viaje Watanabe va leyendo la “Montaña mágica”, también el protagonista de la Montaña mágica, si mal no recuerdo, se dirigÃa en tren a un sanatorio e iba leyendo. Me gusta mucho cuando vuelve y compara la fauna humana de su barrio con la del sanatorio para entrecomillar la salud mental, vemos a los estudiantes vomitando tras la borrachera, a los ejecutivos juerguistas profiriendo obscenidades sexistas, a los esnifadores, al dueño del restaurante fundiendo compulsivo en el bingo de enfrente las ganancias… nos habla de la convivencia y sus ventajas y desventajas, de la soledad, de las apareincias, de los trasfondos y las trastiendas de lo que decimos y hacemos… En fin, continuarÃa, pero me limitaré a decir que es la segunda vez que leo tokio Blues y sé con certeza que se me ha metabolizado y forma parte de mis células me acompañará siempre. Sólo me resta felicitar a la traductora, un gran trabajo, las editoriales deberÃan invertir en traductores que sean escritores o lectores muy muy avezados, porque lees cada cosa llena de terminaciones en mente, y repeticiones que crean soniquetes que si lo supieran los autores extranjeros se hacÃan el harakiri, por fortuna Tusquets es exquisito con todo: portadas, autenticas obras de arte, sus libros parecen cofres, da gusto abrirlos, tipo de letra agradabilÃsima y hasta el palito de la q como emblema.
Gracias por crear este espacio para compartir Un abrazo,
Pili Zori
http:// pilizori.blogspot.com
La verdad es que no sea un critico muy analitico y la pasion puede que me gane en el contexto de una critica literaria sin ser un erudito en letras, es la primera vez que leo a un autor japones y fue de rebote ya que adquiri el libro por el simple hecho de escuchar lo extra;o del titulo y el nombre del autor en la libreria; pero las evocaciones y los momentos por los que atravieso en mi vida personal; resaltan de cierta manera las formas de cerrar los ciclos en los personajes de este autor; si produce que la lectura y escucha de las referencias se vuelva obligada y repasar algunos tramos del libro hace que la lectura se disfrute y la paz que busca toru recaiga en uno mismo, libera de cierta forma los recuerdos evocativos de nuestro paso estudiantil universitario y se mofa ricamente de los absurdos politicos sin importar tiempo y espacio, yo lo pondria como una continuacion o el siguiente paso en su vida del personaje central del libro un hilito de sangre; para cerrar es un libro obligado en la cabezera y para disfrutarlo con un exelente vino.
Acabo de terminar el libro y quise ver en internet opiniones de otros lectores. Asà llegué hasta aquÃ.
Encontré muy interesante este comentario y el aporte Nº 7, de Pili Zori.
Tal como se menciona, una de las cosas que más me gustaron de esta obra es el estilo narrativo, sin demasiadas pretensiones, que conquista por la brevedad de sus frases, a la vez claras y concisas a pesar de los complejos sentimientos que expresan. El estilo me pareció muy atractivo, con esa belleza libre de excesos y florituras. La belleza que surge de la elección de las palabras correctas.
La historia no deja de ser interesante, sobre todo por el cuadro que pinta de una época particular en una cultura que tiene sus diferencias con la occidental-cristiana, y por lo universal de los conflictos que atraviesa el protagonista en su camino de crecimiento.
En fin, me ha gustado y me ha dejado un sabor diferente. Tal como la primera pelÃcula japonesa de dibujos animados que và en un festival de cine o la primera serie de animé que seguÃ.
Ayer acabe con el libro , y solo quiero saber una cosa, aver el libro es muy interesante , es mas , te engancha una vez estas con el , pero el final no me ha gustado mucho. Acaba de una manera muy inesperada.
mi pregunta es : ¿ hay otro libro que lo siga ? me refiero si va x capitulos ??
Es un libro que no se lee, sino que se siente. Cada página forma un cúmulo de emociones que incluso perduran una vez que ya has dejado de leer. Remueve ese espacio de “nada”, que todos de alguna manera llevamos y con el que todos nos hemos sentido identificados alguna vez.
SÃ, el final es un poco extraño, te deja mal sabor de boca. Sobre todo al descubrir que finalmente Toru decide llamar a Midori, solo y desconcertado, desde el aeropuerto de Hamburgo, 17 años después.