Toledo, 1476. Los Reyes Isabel y Fernando, que gobiernan un extenso territorio gracias a sus alianzas y contiendas, festejan en la capital de su reino la victoria sobre los portugueses. Todo el pueblo celebra con ellos la ocasión, miran fascinados los trajes de sus monarcas y su séquito. Todos excepto la comunidad judía. Observan con preocupación cómo la mojigatería de la soberana está a punto de acabar con la comodidad de sus vidas.
Entre ellos están David Villeda, un comerciante veterano y su joven y mimada esposa Orovida. La familia de ella, su hermana Alegra y su cuñado Eleazar, no comparte este escepticismo con David. Eleazar es médico al servicio del mujeriego rey Fernando, y creen poder resistir las embestidas de Torquemada durante mucho tiempo. El confesor de la reina está moviendo los hilos para acabar de una vez por todas con la influencia “maligna”, según él, de los judíos en la Corte.
La situación comienza a ser desesperante para David y su frágil esposa, y se trasladan a Villafranca, una población extremeña donde tienen un conocido, Jufré del Águila, que es además, corregidor de la villa, donde tratarán de recomponer su existencia y su economía, pues los privilegios de los que disfrutaban los judíos se convierten en menosprecios y agresiones. En la tierra donde vivirán a partir de ahora, la vida no será nunca más como hasta ahora.
La comunidad judía de Villafranca les acoge con recelo, pues sus costumbres se han relajado tan lejos de la capital y David y Orovida pueden dar al traste con los trapicheos que se traen entre manos los miembros más destacados de la asamblea. La sencillez y belleza de la mujer, junto a su inteligencia y cultura, harán de ella alguien a quien no terminan de aceptar las judías de Villafranca.
A través de los menús que prepara la cocinera vamos conociendo los platos típicos que los judíos comían en España en el siglo XV, que resultan curiosos y exóticos para nosotros, pues más de uno se imagina que la cocina medieval era pobre, mientras la realidad es que los guisos y la introducción de sabores dulces y salados en los platos era algo habitual en las mejores mesas de aquella época.
La joven Orovida se aburre mortalmente en Villafranca, pues está acostumbrada a una vida fascinante en la capital, y ahora languidece en el campo. Tan sólo las visitas de Jufré, que termina separado de su esposa por las infidelidades de ésta, animan a la protagonista y la sacan del ensimismamiento del que no consigue despertarla su marido. El punto de inflexión del libro lo supone el fallecimiento accidental de David, que conllevará la obligación de sacar adelante los negocios de la familia para Orovida, y por extensión, el descubrimiento de un amor pasional hacia Jufré del que no disfrutó en su matrimonio con David, que fue acordado por conveniencia, a pesar de sentir cariño por él.
Los problemas no han hecho más que empezar para ambos, pues un cristiano y una judía son como Romeo y Julieta, una bomba que siempre está a punto de estallar por los cotilleos maliciosos de los vecinos. Pero la ilusión y la confianza entre ambos serán un importante incentivo para supera los numerosos obstáculos que se les presentarán, aunque ¿será suficiente su amor para acabar con todos los impedimentos?
Personalmente veo a la protagonista como una mujer culta pero excesivamente frágil, mediocre en sus sentimientos y poco apasionada. No está acostumbrada a excesos: ni ha sufrido nunca, ni ha sido feliz. Quizá esperaba encontrar a una persona mucho más fuerte, a la que no hubieran solucionado la vida siempre, pero lo cierto es que hacia la mitad-final del libro se va solucionando esta carencia, pues a Orovida no le queda más remedio que enfrentarse al mundo tras la muerte de su esposo, y es en ese momento cuando se observa el cambio de mentalidad de la mujer. Me ha costado mucho interiorizar el personajes, algo que es relativamente sencillo en muchos otros libros. Había momentos al leerlo en los que Orovida ni siquiera me resultaba simpática. Pero finalmente, en alguien frío y poco pasional descubrimos unos sentimientos profundos y ardientes que derretirán los escrúpulos que habían permanecido protegiendo su verdadero interior.
Yael Guiladi (Nueva Zelanda, 1955) es una escritora y estudiosa de la cultura hebrea que demuestra sus extensos conocimientos en esta novela. Sin embargo parece que por darnos muchos datos, y muy buenos, ha sacrificado algo de ritmo al contar la historia. Es cierto que describe muy bien los paisajes de Villafranca, relacionando éstos con la apatía de Orovida, pero no termina de coger carrerilla en el momento necesario para desarrollar una historia que, independientemente de cómo se cuente, es hermosa en sí misma.


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