Autores, Literatura

Aquellos personajes que no se olvidan

Por Glenda Vergara Estarita, el 22 de Febrero de 2008

Si a mí, que soy una lectora sin vasta experiencia, me pusieran a escoger diez personajes entre los innumerables que pueblan las historias de ficción que han enriquecido la escena de la novelística mundial, trataría de hacer esa elección con base en un orden cronológico para no cometer injusticias con ninguna época. Partiendo de este punto retrocedería varios siglos para encontrarme en el XVII con una pieza del Barroco que inauguró la forma de contar novelada y que fue la que sirvió de 04.jpginspiración a todo un género: Don Quijote de la Mancha. Clásico entre los clásicos esta novela se apoya en dos figuras humanas que Miguel de Cervantes Saavedra dotó de unas notorias contradicciones de temperamento que las hace fascinantes. Entre la realidad y la ficción, el idealismo extremo y la cordura, surgen Don Quijote y Sancho Panza, cada uno complementando con sus virtudes las falencias del otro, en esa aventura delirante que emprenden juntos.

A estos dos personajes, que son con los que empezaría mi lista, les sucedería el inconformista y ambicioso Julian Sorel, ese personaje que nació de la pluma de Stendhal en el siglo XIX para convertirse en un medio a través del cual analizar, en su novela El Rojo y el negro, los combates del individuo contra el orden social.

Pero si Francia tuvo a un maestro del realismo en Stendhal, Rusia tuvo el suyo en Fiódor Mijáilovich Dostoievski y su novela más connotada, Crimen y Castigo (1866), para mostrarnos en ella a Rodia Raskolnikov, en quien están presentes como en nadie, los insondables misterios de la condición humana. Con este personaje como vehículo, Dostoievski expresa sus convicciones acerca de la vulnerabilidad del hombre frente al mal, y la confianza que también le embarga a él como autor de que ese hombre alcance la redención.

“Madame Bovary, soy yo”, decía Flaubert de Emma Bovary. Este perfeccionista de la prosa del siglo XIX en Francia, creó en una de sus novelas al personaje femenino que le proporcionó la incómoda experiencia de ser procesado por los tribunales de justicia para luego ser absuelto. Por esta mujer, por la descripción completa que Flaubert hace de ella, Madame Bovary, la novela, fue considerada una obra maestra del realismo. En la apasionada, romántica y adúltera Emma, Flaubert examina en detalle la esencia de lo humano hasta el punto de darle una vida para siempre a su personaje protagónico.


En La señora Dalloway, escrita por Virginia Woolf en el año de 1925, novela que sigue considerándose una de las precursoras de un estilo moderno, surge Clarissa Dalloway como el personaje en el que se reflejan las presiones a las que es sometida la mujer en una época determinada. Esta señora de la alta sociedad londinense está construida desde su propio pensamiento íntimo. Con la ayuda del monólogo interior Virginia Woolf consigue darle una perfecta identidad. Tanta, que lass sensaciones y las impresiones de Clarissa sobre lo que le rodea en esas doce horas que nos comparte de su vida, llegan también a ser las nuestras.

El Nóbel de literatura español Camilo José Cela escribió en 1942 La familia de Pascual Duarte, una novela dura y pesimista que le valió el aprecio de la crítica literaria, pero también le granjeó la censura del sector eclesiástico. Su protagonista y narrador es el campesino Pascual Duarte, quien cuenta su vida desde la cárcel donde le han conducido sus malos actos. Valiéndose de este personaje, Cela consigue retratar un mundo carente de valores, y al hacerlo de manera tan acertada, impresiona hasta los límites de la turbación.

El Artemio Cruz de Carlos Fuentes, personaje central de La muerte de Artemio Cruz, novela publicada por el autor mexicano en el año de 1962, es el magnifico resultado del uso que Fuentes hace de unos recursos literarios apropiados para darle una personalidad que trasciende. Con tres voces narradoras que se alternan, con el yo, tú, y él, el anciano Artemio Cruz va haciendo un recuento de su vida desde su lecho de moribundo. Esa reconstrucción de su historia, es también la reconstrucción de la historia de Mexico después de la revolución. En el personaje de Fuentes están conjugadas todas las características que acompañan a aquellos que buscan afianzarse en el poder para apropiarse de los beneficios que el ascenso les da.

Cien años de Soledad se caracteriza por tener una cantidad considerable de personajes. Entre todos ellos siempre me persigue la figura menuda de Ursula Iguarán, ese vientre fértil que trajo al mundo al singular Aureliano Buendía. Por eso y porque sobre ella se sostiene su estirpe es que me parece un personaje relevante al que su autor le otorgó unas características que le hacen inolvidable. Su diligencia, su severidad, y su buen juicio, le dan estatus de pilar moral de su familia y la convierte en una de los retratos de la identidad femenina mejor logrados en la literatura de todos los tiempos.

La historia de la novela El hombre duplicado, del Premio Nóbel de literatura en el año de 1998, el portugués José Saramago, se construye a través de Tertuliano Máximo Afonso, un personaje cotidiano sobre el que el autor edifica los interrogantes sobre la identidad humana. En Tertuliano Máximo Afonso, un personaje corriente como la mayoría de los mortales, Saramago examina las profundidades del alma, y busca las respuestas a los interrogantes sobre el ser individual.

La posición destacada que les doy a los diez personajes citados obedece a un criterio subjetivo, a la perduración que sus presencias han ejercido en mi memoria, y a la capacidad que encontré en sus autores de crearlos tan bien definidos para la ficción que viven hasta el límite de sus pasiones, haciéndonos creer que su vida transcurre es en este mundo que a los seres reales nos tocó vivir.

Para terminar, cito las palabras con las que Federico Andahasi se refirió al acto de creación de un personaje literario: “Para que un personaje sea sólido, el lector tiene que hacerse una representación clara de su fisonomía. Las características físicas, en general, deben ajustarse a sus rasgos espirituales. Para lograr una dimensión visual del personaje, muchas veces es más convincente una descripción anímica que una larga y enumerativa descripción física. Y a la inversa, a veces una brevísima descripción física puede definir el carácter. En ningún caso el aspecto del personaje debe quedar enteramente librado a la imaginación del lector. La composición del personaje tiene que estar supeditada a las necesidades narrativas, incluso en detalles en apariencia insignificantes”.

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2 Comentarios en “Aquellos personajes que no se olvidan”

1

bueno la verdad me aprece una exelente seleccion de personajes

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Le agregaría a Cipriano Algor de L a caverna de Saramago.

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