Literatura, Relatos
Un best seller

‘El librero de Kabul’, de Asne Seierstad

Crónica de la vida en el Afganistan posterior a los talibanes
Luís Martínez González
08:00h Domingo, 05 de abril de 2009
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La narrativa de testimonio y denuncia es muy antigua. Desgraciadamente, hubo y sigue habiendo tantas injusticias en el mundo que es obligado que exista. Los seres humanos albergamos la esperanza de que las circunstancias mejoren, pero pasan los siglos y la explotación, la miseria y la marginación no desaparecen, aunque, eso sí, la encerramos en guetos para no verla e, incluso, en ocasiones, nos aprovechamos de ella.

Asne Seierstad

Asne Seierstad

Viene esto a cuento porque nos proponemos hablar de ‘El librero de Kabul’, escrito por Asne Seierstad (Oslo, Noruega, 1970) y publicado en 2005. Seierstad es corresponsal de guerra y ha estado en conflictos como el de Afganistán, el de Chechenia o el de Serbia, obteniendo elogios por parte de sus compañeros de profesión por el rigor, la objetividad y la dimensión humana que da a sus crónicas. Además de la que nos ocupa, ha escrito otras obras sobre estos conflictos, como ‘De espaldas al mundo’ y ‘Ciento un días: crónicas de una guerra’.

‘El librero de Kabul’ nace así de su experiencia en Afganistán. Seierstad entró en aquel país con las tropas dos semanas después de los ataques del once de septiembre y pasó allí tres meses, alojada en casa de un librero de Kabul, Shah Muhammad Rais, con cuya familia vivió el día a día de la vida de la clase media de la capital.

Así, la obra es una mezcla de crónica periodística y novela que narra las vicisitudes de esta familia. Pero, además, brinda una visión amplia del país, que abarca la historia, las costumbres y usos sociales, la situación política vivida antes y después de la invasión e, incluso, la geografía. Y, sobre todo, incide en la asfixiante vida de los miembros de la familia –sobre todo de las mujeres-, a causa de los códigos sociales imperantes en aquella sociedad.

Rais, a quién la autora ha cambiado el nombre por el de Sultán Khan para preservar su intimidad, tiene una librería de lance en Kabul y ha luchado para sostener económicamente a su amplia familia. Como él mismo señala, cuando entraron los talibanes, le quemaron la tienda; pero, después, al irse éstos y entrar sus enemigos, se la volvieron a incendiar. Es el inconveniente de no formar parte de ninguna de las facciones en conflicto.

Portada de 'El librero de Kabul'

Portada de 'El librero de Kabul'

Es un hombre culto y mesurado, pero ello no le impide seguir las costumbres de su pueblo y ejercer una absoluta tiranía sobre su familia: saca a sus hijos de la escuela para ayudar en el negocio familiar, cuando lo que deseaban era seguir estudiando y trata a las mujeres de forma despótica.

Al hilo de esto, se impone hacer una precisión. El original –junto al título- llevaba la apostilla ‘Un drama familiar’, circunstancia que parecen haber ignorado los críticos españoles, que consideran la novela poco más que la historia romántica y exótica de un tendero afgano, cuando, en realidad, se trata de una dura visión de las condiciones de vida de aquel país y, sobre todo, de las mujeres.

‘El librero de Kabul’ ha sido un rotundo éxito, vendiendo más de dos millones de ejemplares. Pero También ha generado una enorme polémica. El inspirador de la obra, Muhammad Rais ha protestado airadamente contra ella, ya que considera que no autorizó su publicación y que revela opiniones suyas expresadas en la intimidad de una conversación que le han provocado peligrosas enemistades para él y su familia en su país. Incluso ha llegado a pedir asilo político en Noruega y Suecia.

En efecto, aunque la autora ha cambiado su nombre, el protagonista era suficientemente conocido en Kabul como para que se le haya identificado con facilidad. Y allí no están las cosas como para expresar opiniones. Además, el indignado Rais ha señalado que él no defiende la vejación de los derechos de la mujer ni las posturas extremistas de algunos de sus conciudadanos. Y, para rebatir todo lo escrito por Seierstad, ha publicado su propia versión de la historia, bajo el título ‘Había una vez un librero en Kabul’.

Vista de Kabul

Vista de Kabul

Todo ello nos lleva a plantear un interrogante que debe ser aclarado por cada uno según su conciencia. Reconociendo de antemano el derecho de cualquier escritor a denunciar lo que considera injusto, cabe preguntarse hasta qué punto éste tiene derecho a hacer pública –sin su consentimiento- la intimidad de una familia, incluso poniendo en peligro la vida de sus miembros. Es evidente que la situación en Afganistán no es estable y la más mínima salida de tono puede acabar en un atentado contra quién la protagoniza.

Por otra parte, la vida de Rais no sólo no difiere de la de otras familias del país, sino que probablemente nos encontremos ante una persona más abierta a la occidentalización que otras por su carácter de persona culta.

Igualmente, para denunciar una situación injusta, no es necesario personalizar en alguien por demás conocido en su ámbito. Basta exponerla de modo objetivo e inconcreto.

Por tanto, a nuestro juicio, Seierstad, probablemente con la mejor intención –nos resistimos a pensar que la moviera la ambición de enriquecerse a costa de su historia-, ha ido más lejos de lo que permiten unas mínimas normas de humanidad y el conocimiento de la zona. Ha entrado como un elefante en una cacharrería y ha obrado de modo inconsciente, poniendo en peligro las vidas de los protagonistas de su obra.

Una calle de Kabul

Una calle de Kabul

Y es que, con frecuencia, los habitantes de los países ricos nos creemos con patente de corso para utilizar a los del tercer mundo a nuestro antojo y eso es inadmisible.

Es de esperar que –en próximas ocasiones- la prestigiosa corresponsal mida más certeramente las consecuencias de sus actos. Si es que éstos fueron así, pues no podemos negarle el beneficio de la duda: quizá Rais autorizó el libro y ahora, atemorizado por sus consecuencias, lo niega. Pero eso sólo lo saben ellos dos.

En cuanto a su calidad literaria, la obra resulta correcta y se lee bien, aunque es dura, pero no pasa de ser una novela de su época. Sí resulta muy interesante para conocer las circunstancias de una tierra que lleva treinta años en guerra permanente, las condiciones de vida de sus habitantes y las costumbres del país en que se desarrolla. Pero, desde luego, no pasará a los anales de la literatura. La historia de ésta habría sobrevivido perfectamente sin ella.

Fotos: Asne Seierstad: Jarwin en Wikipedia | Portada: tomada de la web de la editorial | Vista de Kabul: Oxam Hartog en Wikipedia | Calle de Kabul: Garrapata en Wikipedia

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