![]()
Y ya que en otro artículo, aquél, de Jane Austen, mencionamos a Charlotte Brontë, justo es también que hagamos una reseña a su obra más conocida (y ¿por qué no? la más importante), Jane Eyre.
Ésta es otra de esas novelas que tienen un lugar privilegiado en la historia de la literatura inglesa y es, también, una de esas novelas que están considerados por algunos, que no las han leído, como literatura para mujeres. Y no es cierto.
En realidad todavía no tengo muy claro qué es eso de literatura para mujeres, pero me parece que poner este tipo de letreros lo único que sirve es para que algunos hombres, prejuiciosos, no lleguen a disfrutar de buenas obras literarias.
Pero dejemos este espinoso tema de la imposición de ciertas etiquetas literarias y volvamos a nuestra Jane Eyre.
Veamos, de forma resumida su argumento.
Jane Eyre es una niña huérfana, hija de un reverendo bastante humilde, recogida por la familia de su tío, el hermano de su madre, de familia adinerada. Una vez que el tío muere, queda bajo la custodia de la esposa de éste, mujer que la trata de forma cruel y despótica, echándole en cara constantemente su condición de huérfana pobre y abandonada; en cambio, malcría y deforma la personalidad de sus propios hijos.
A la pequeña Eyre acaban poniéndola como pupila en un internado, en unas condiciones pésimas, en el que la tuberculosis hace estragos (recuerdo del internado real en el que las Brontë pasaron unos años).
Jane sobrevive, pese a su aparente fragilidad física, y consigue ser profesora de dibujo del mismo internado, hasta que decide que es el momento de volar y conocer nuevos horizontes.
La contratarán en Thornfield Hall, la mansión del sr. Rochester, para ser institutriz de una francesita, huérfana de madre, quizás hija del señor, aunque eso no queda claro, pero también nos da igual, no añade nada a la trama, a no ser una nota más al carácter extraño, algo rudo y misterioso del caballero que la contrata.
En la mansión va a ser tratada, casi por primera vez y de forma casi uniforme por todos los habitantes de la casa, como una persona con voz propia y digna de ser oída.
Sin embargo, esta vida placentera en la que se mueve, eso sí, a mitad de camino entre las habitaciones de la servidumbre y las de los señores, va a ser interrumpida por la llegada de un grupo de amigos de Rochester. A partir de entonces, y pese a que el señor insiste en seguir tratándola como a ‘una igual’, sus relaciones se enfrían un tanto.
Se rumorea que Rochester va a casarse con una de sus jóvenes invitadas. Y esa noticia es lo que hace reconocer en Eyre que está enamorada.
La joven es llamada a casa de su tía, que, moribunda la ha hecho llamar para darle una noticia: al parecer, alguien la ha estado buscando, un tal señor Eyre, hermano de su padre, que quería encontrarla antes de partir a Madeira. Tiene oportunidad también de ver en qué se ha convertido su familia adoptiva: mientras ella ha ido creciendo en personalidad y se ha hecho una persona seria y responsable, los primos siguen portándose como los niños malcriados que fueron de pequeños, sólo que ahora con vicios de adultos.

De vuelta a la gran casa, finalmente acabará declarando su amor al caballero y se verá sorprendida al saber que es correspondida. Es curioso el discurso éste en el que se muestra enamorada ante Rochester y se declara su igual y una persona libre, porque retoma una teoría del amor casi medieval y que viene expresada desde Platón, en el que los enamorados, a pesar de ser de diferentes clases sociales, al sentir amor mutuo, se sitúan en un mismo nivel, se igualan y se hacen dignos el uno del otro, casi una muestra del amor platónico, del auténtico amor platónico quizás, aquí, menos espiritual, porque Jane y Rochester no sólo se sienten atraídos por sus almas, tema bastante típico también del Romanticismo literario, por otra parte.
Volviendo a la novela y dejando de divagar, tan rápido como los enamorados reconocen su mutuo amor y de forma casi precipitada, Rochester organiza la boda y prepara un viaje al extranjero.
Pero en Thornfield hay otro misterio que ni la propia institutriz conoce. Un misterio que va a decidir sobre su propia vida y que hará que todo cambie de la mañana a la noche, dando a la novela un giro diferente.
Después del descubrimiento de este misterio, una vez que el misterio deja de serlo, la vida de Eyre va a entrar en una nueva etapa, va a conocer a nuevas personas, a una familia que hasta ahora le era desconocida, nuevos lugares, hasta su posición económica va a cambiar, pero lo más importante es que va a ser (y a sentirse) mucho más fuerte e independiente, va a aprender, por fin, a ser dueña de su propio destino.
No quiero adelantar mucho más de la obra, dejemos algo para que los lectores se asombren y se sorprendan.
Lo que sí me gustaría comentar es algo más sobre otros aspectos, por ejemplo, sobre la época literaria a la que pertenece.
Con Orgullo y Prejuicio, comentábamos que, a pesar de haber sido escrita en el Romanticismo, no era propiamente una novela con las características que se esperaría en esta etapa literaria, aquí, en Jane Eyre sí que tenemos todos los puntos para catalogarla (de nuevo las etiquetas, pero éstas, inevitables para los que nos dedicamos a esto) como novela romántica, para algunos romántica y gótica, lo de ‘gótica’ por el ambiente que la gran mansión y sus misterios proporcionan a la trama, también por ser ella una institutriz, tema que se repite una y otra vez en este género de novelas.
Y es posible catalogarla como romántica, no sólo por la época de aparición (1847), cosa que ya vimos que no siempre es decisivo, sino por el estilo y el tema: las descripciones de los personajes, en las que la fisonomía queda marcada por el carácter y la personalidad (Eyre, parece débil, pero tiene algo de fortaleza en su mirada; el sr. Rochester, a simple vista parece feo y algo desagradable, pero, al conocerle mejor, su cara también cambia; las damas, especialmente Blanche es pusilánime, por dentro y por fuera; St. John, es puro espíritu, una mezcla de delicadeza y fortaleza espiritual se le asoma a la cara…); la naturaleza que parece acompañar al estado de animo de los que por ella transitan y llega a participar de la historia misma; las alusiones a países remotos y exóticos, a viajes y a estados de alucinación provocados por extrañas sustancias, extraños ambientes o, simplemente, entre sueños; taras y defectos que pasan de padres a hijos; la misma rebeldía de los personajes, especialmente, de Eyre que no se resiste a soportar su destino de maestra en un internado para señoritas y que luego vuelve a sublevarse ante el quedar callada y perder la oportunidad de amar y ser amada como una persona independiente y única; la forma autobiográfica de la novela, que no siendo exclusiva de la época es tan querida por los novelistas de este momento y podríamos seguir enumerando, pero, como dije antes, no quiero entrar en más detalles, ni desvelar más el argumento.

Una última cosa, hay quien confunde a las Brontë y piensa que Charlotte es también autora de Cumbres Borrascosas. No es así. Las Brontë escritoras, fueron tres: Emily que escribió, precisamente, Cumbres Borrascosas; Anne que nos dejó dos novelas, Agnes Gray y La dama de Wildfell Hall; y, finalmente, Charlotte, que escribió Jane Eyre, Shirley, Villete y, de forma póstuma, El Profesor. Entre las tres habían escrito, además, un libro de poemas, publicado en 1846, usando ya los seudónimos con los que firmaron sus obras posteriores: Acton (Emily), Ellis (Anne) y Currer (Charlotte) Bell. Las tres murieron de lo que se conoció como la enfermedad del siglo, la tuberculosis, siendo bastante jóvenes.
Y quiero terminar esta reseña, con unas palabras del prefacio que Charlotte hizo a la segunda edición de la novela, destinadas a los que la criticaban por haber escrito Jane Eyre: “Tal ve odie (el mundo) a quien se atreva a escrutar y poner en evidencia la verdad, a raspar el dorado y mostrar el metal de calidad inferior que hay debajo, a penetrar en el sepulcro y revelar las reliquias carnales. Pero por mucho que lo odie, aun quedará en deuda con él”

Añadir a Del.Icio.Us


Comentarios de “Jane Eyre de Charlotte Brontë”
Aun no se han realizado comentarios.