Esta misma tarde caminarán por el boulevard Exelmans. Sin razón aparente, él hablará de cosas un poco viejas. El entrenamiento de judo de todos los martes por la tarde hasta los catorce años de edad, una fractura de clavícula, una chica alemana que conoció en un intercambio, se teñía el pelo de azul y se llamaba Hanke.
Ella evocará a su madre, profesora de Historia y Geografía en el colegio Paul-Vaillant-Couturier y las conchas de Santiago reconvertidas en ceniceros en la sala de profesores.
Después de entregarse cada uno a trozos del pasado, tendrán la impresión de comprenderse y se besarán en la acera a las 23:43h delante de la vitrina de un herrero que hace copias de llaves en cinco minutos.
A continuación, seguirán besándose durante siete años y ocho meses. Esta costumbre les llevará a alquilar un piso juntos en la rue Alésia. Y a dejarlo enseguida.
En la medida en que es imposible pasar siete años y ocho meses con alguien sin dejar secuelas, él conservará un sentimiento confuso respecto a las faldas de lino y ella, una excesiva desconfianza hacia los chicos que eligieron alemán como primera lengua.
En menos de una hora, al salir de este restaurante, se besarán en la acera del boulevard Exelmans. Son los últimos instantes antes del acercamiento de los rostros, antes de la noche y el techo blanco de la habitación. Él ha pedido una campesina, ella ha escogido el menú de la huerta. Es una ensalada, está bastante bien presentado. Aquí estamos.
Así empieza Le fait d’habiter Bagnolet, la primera obra literaria de Vincent Delerm, músico francés contemporáneo cuyo interés reside en la justeza y la simpleza de sus textos, en los que las diferentes acciones de la vida cotidiana se mezclan con la profundidad de lo simple y la ironía de una mirada inteligente.
El texto citado es el comienzo de su obra de teatro cuyo procedimiento principal es la voz en off. Toda la obra está basada en los pensamientos de una pareja que acaba de conocerse y que se encuentra en una pizzería dispuestos a entablar una relación amorosa que durará 7 años y 8 meses.
En efecto, en la obra no hay diálogos, sólo escuchamos los monólogos interiores de ambos personajes que nos cuentan sus estados de ánimo, sus pensamientos, sus estipulaciones en relación al comportamiento propio y a las reacciones, siempre inciertas, del otro en ese momento especial que es el inicio de una relación sentimental. El hallazgo del autor consiste precismamente en ese diálogo de sordos que se desarrolla al escuchar los pensamientos de los protagonistas. Las situaciones cómicas fluyen por sí solas cuando comparamos los pensamientos femeninos y los masculinos sobre un determinado tema de conversación, o cuando observamos que una actitud como la elección del restaurant se transforma en una reflexión sobre los puntos en común y sobre lo traumático y complicado que puede resultar esta elección para el que debe hacerla.
Todo el texto está basado precisamente en esos detalles aparentemente sin importancia pero que presentan cierta comicidad y profundidad al ser enfocados por un autor como Delerm. Como por ejemplo cuando nos enteramos que la reciente pareja se besará en la acera a las 23:43h delante de la vitrina de un herrero que hace copias de llaves en cinco minutos. . El detalle principal, el beso, está rodeado de elementos nimios: la hora exacta (23:43h) del beso en vez de una hora un poco más aproximativa como las 23:40h; el hecho de hacerlo delante de una vitrina de un herrero que hace copias de llaves en 5 minutos en lugar simplemente de decir que lo han hecho en la calle, o delante de una vitrina cualquiera. Los detalles se transforman, en el ejercicio literario de este compositor francés, en el núcleo principal de la narración desplazando el tema principal hacia el ámbito de los temas secundarios.
Esta particularidad, el cambio de posición de los temas primarios/secundarios, provoca dos cosas: este trastocamiento genera por un lado el humor en el lector y, por el otro, una interesante variante de lo que Roland Barthes llamó “efeto de realidad” (effet de réel). El “efecto de realidad” es un concepto literario introducido por el ensayista francés que describe la manera con la que ciertos autores realistas introducen detalles sin importancia en el medio de sus narraciones para dar una apariencia de realidad a sus textos. Para entender un poco mejor esta noción tomemos el ejemplo dado por Barthes:
“Un viejo piano sostenía, debajo de un barómetro, una montaña de cajas y cartones”
La cita pertenece a la novela de Flaubert Madame Bovary. En este fragmento el detalle del barómetro es absolutamente innecesario para el desarrollo de la narración. Poco importa la existencia de ese aparato para el sentido del texto, sin embargo, mediante ese detalle, según el análisis que hacía Barthes allá por los 60′, el autor nos hace tomar la producción ficiticia por algo real. La escuela literaria estructuralista, para el análisis textual, reagrupaba los grandes ejes a través de los cuales funcionaba un libro. Ahora bien, en estos análisis los detalles superficiales quedaban dejados de lado por no tener mayor importancia textual. Sin embargo Barthes lleva el análisis estructural hasta las últimas consecuencias y sistematiza la función de estos detalles inútiles, muy a menudo encontrados en el medio de una descripción: su función es dar una apariencia de realidad, un efecto de realidad.
Vincent Delerm da una vuelta de tuerca a este efecto. Su efecto de realidad no está dado por los detalles superfluos sino por los detalles principales que ocupan en sus textos un lugar secundario. Tanto su obra de teatro como las letras de sus composiciones musicales funcionan como una especie de apología a esos detalles superfluos de la narración. Son ellas una seguidilla de situaciones cotidianas enmarcadas por uno o dos detalles importantes. Como en su canción “La hora del té”, el encuentro amoroso está apenas narrado directamente. En lugar de ello, el autor describe la escenografía que le sirve de marco, trastocando una vez más el rol de los temas narrativos:
Había pasado
para tomar un té
caramelo o vainilla
bueno no, sólo me queda de vainilla
Había ido
para decir cosas bastantes simples
hay muchas obras en tu calle
mirá que gracioso tienes la Biblia
bajo un poster de Modigliani
había pasado para tomar un té
y pasé toda la noche


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