Guy de Maupassant (1850-1893), escritor francés, amigo y alumno de Flaubert tiene influencia del realismo literario, recoge el punto de vista de los sectores marginados como los campesinos, sus aspiraciones, su modo de vida y su código de honor. En su cuento Campesinos, presenta a dos familias numerosas, los Tuvache y los Vallin, quienes son tentados por un matrimonio pudiente, los Hubières de venderles a uno de sus hijos, los Tubache rechazan vender a Carlos a los seis años de edad.
Los Vallin venden a su hijo Juan, quien se convierte en un joven de sociedad a los 21 años cuando visita a sus padres, Carlos lo ve llegar triunfante al campo y se resiente terriblemente con sus padres por no haberlo vendido y condenado a la miseria. Lleno de envidia insulta a sus padres “Miserables” y los abandona. Para Carlos ver la bonanza de Juan es la quiebra del orgullo inculcado por su madre, quien le hizo creerse superior a los otros chicos de la aldea porque ella no lo vendió.
La vida en el campo: En el pueblo de Rolleport, los aldeanos tienen familias numerosas, las dos familias del cuento tienen cada una seis hijos. Los niños juegan libres en el campo porque sus casas son pequeñas. Es un paseo en coche de los Hubières, que la mujer sin hijos quiere adoptar uno de estos niños y lo consigue por la oferta que realiza su marido a los Vallin. Sólo por salir de la miseria con la pensión que le ofrecen los esposos acomodados y ver a su hijo heredero aceptan.
La señora Hubières, conoce primero al pequeño Carlos, a quien colma de besos, dulces y atenciones, primero visita a su familia hasta que cree tener la confianza necesaria para proponerles la adopción. La señora Tuvache reacciona iracundamente, realzando su moralidad y criticando de por vida a los Vallin. En el tiempo del relato, las diferencias entre el campo y la ciudad eran abismales en el acceso a educación, salud, cultura, y entrada a la economía de mercado en lugar de la economía de subsistencia.
La vida monótona del campo contrasta con las mejores posibilidades de desarrollo en la ciudad, la riqueza de los Hubières se actualiza por signos exteriores, como el coche que los moviliza. Su poder para disponer de notarios que legalicen la adopción de Juan Vallin, la vida de comodidades que le van a ofrecer al pequeño que se resume al final de un salto de tiempo, con el joven crecido y convertido en un caballero que va a visitar con afecto a sus padres verdaderos.

La paternidad y maternidad: Los Tubache están en el deber ser de la paternidad responsable y ética, no venden a su hijo Carlos porque el amor no es una mercancía. Del otro lado, los Vallin venden a su hijo Juan, mejorando su destino y el del niño; pero lo hacen por interés y comodidad, para dejar de trabajar con dureza en el campo. La madre Tuvache se indigna al extremo de difamar a la madre Vallin en Rolleport; inculca un orgullo fatuo en Carlos, basado en la moral como sentencia y presunción.
Los Vallin festejan el regreso de Juan en su joven adultez, se asombran de verlo bien vestido y educado, su algarabía se cruza con la rabieta y envidia de Carlos, quien ve llegar a su antiguo vecino completamente cambiado. Los Vallin regatearon la renta inicial subiéndola de 100 a 120 francos mensuales con lo que desahogaron sus necesidades, mientras los Tuvache pierden un hijo, otro se va al ejército y cuentan solo con Carlos para las faenas agrícolas.
Guy de Maupassant representa la miseria moral a la que se llega por la pobreza, al punto de vender a los propios hijos, la falta de principios de ricos y pobres en estos traspasos de la paternidad a cuenta de rentas, dejando de lado el principio del afecto, de la unidad familiar, de la conciencia de clase y grupo. Los sectores más pobres en época de Maupassant eran los campesinos; por ello eran los más proclives a ser corrompidos en beneficio de las clases sociales altas.

El resentimiento: Los jóvenes pueden actuar de forma apasionada, guiados por imágenes y signos exteriores. Lo que sorprende es que Carlos, querido por sus padres pobres los recrimine al final por no haberlo querido vender. Una persona equilibrada no reniega de su origen, menos de sus padres. Carlos cegado por la envidia y el resentimiento se niega a sí mismo y a sus padres, los juzga por saberlos pobres. El se había sobrevalorado en orgullo por no haber sido vendido por su madre.

Carlos se siente golpeado por la realidad, ve a su contemporáneo que ocupó su lugar mejor que él, en el festín de la vida. Siente que sus padres le han quitado la oportunidad de su vida. Ya mayor, su conducta es desleal e inmadura al abandonar a sus padres e insultarlos. La calidad de vida es una preocupación muy en boga, no se puede atribuir a un golpe de suerte, sino a la interacción de procesos de aprendizaje emocional, métodos de autoconocimiento que ahora se investigan.
Toda esta red de actitudes y conductas que potencian y encausan a la satisfacción el gozo de una persona constituyen un sistema complejo de estrategias de vida y toma de decisiones. El hombre es responsable de su destino, aún así merece ayuda; pero debe tener ordenada su conciencia para evitar negarse a si mismo o a los suyos. Los Tuvache compartieron su amor y su destino con su hijo, hicieron lo correcto, el exceso fue de la madre, de quererlo enaltecer por una reacción natural y necesaria.
Conclusión: El cuento Campesinos de Guy de Maupassant ilustra la descomposición de la sociedad campesina por la pobreza, llegando los padres a vender a su hijo. Carlos Tuvache envidia a su vecino de Juan Vallin en el momento que lo ve regresar a la aldea hecho un joven de sociedad. Cegado por el resentimiento reprocha a sus padres no haberlo vendido a la familia pudiente que se llevó a Juan en su lugar; desclasado y amargado abandona a sus progenitores.
Fotos:
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