Henry IV es una pieza histórica de Shakespeare que busca connotar la virtud de los reyes ingleses en cuanto nobles, guerreros, hábiles y justos, esclarecidos, bellos, en una palabra fair, cerca de la gracia, del entendimiento y de la verdad para el Reino y sus súbditos y en consonancia con la ideología de la era isabelina de considerarse a sí mismos los ingleses “we happy few” (nosotros los pocos dichosos) que manifiesta que la Inglaterra isabelina se siente predestinada para mantener la hegemonía europea. Shakespeare sigue el neoplatonismo en el cual el alma está cerca de alcanzar la belleza porque ella es en sí bella. Estos nobles se acercan a la definición clásica de areté o virtud entendida como una naturaleza que actúa según el deber ser de las cosas.

El príncipe Henry V, futuro heredero al trono del rey Henry IV, vive mezclado con la plebe para conocer de ella y aprender cómo dominarla. El contacto con la plebe está dado desde el relato primero (desde antes de los sucesos de la obra), corresponde al aprendizaje de Hal sobre un gobierno eficaz, basado en el conocimiento del ethos de la plebe, interactuando con ella pero sin desmerecer su rango social. La obra permite la evaluación del fin práctico de esta interacción. La virtud de Hal llegará al final como prueba de redención de este personaje, al probar al rey que es digno sucesor por sus virtudes guerreras y su prudencia.
El príncipe Hal en el submundo: Este descenso de Henry V a los estratos populares alude al descenso al Hades del héroe en busca del conocimiento. Se mezcla con bandoleros al salir con John Falstaff, un viejo antihéroe cobarde, fanfarrón, pícaro y ambicioso; a quien gasta bromas como robarle el botín de sus correrías y burlarse de su obesidad y sus vicios. Gran parte del aprendizaje se realiza en la taberna “la cabeza del jabalí”, espacio semiótico del descenso a la convivencia con las masas, en un espacio animalizado en que el vino se consume con azúcar y se reparte botines entre bandoleros. Se marca la distancia entre Hal y Falstaff, uno de sangre real y el otro un sir venido a menos, en los insultos de Hal a sir John por su gordura, su vejez y su calvicie. Falstaff como “cerdo” pertenece más que Hal a la taberna “la cabeza del jabalí”. Falstaff es el vínculo de Hal al mundo de los sentidos, actualizado en las imágenes del vino, los botines y los rufianes alrededor de ellos.

La conciencia meta teatral de Hal: Hal comenta la actuación de los otros personajes y los sitúa en algún punto de la cadena del ser, de este modo el mesero francisco está animalizado como loro, “¡Que este individuo tenga siempre menos palabras que un loro y sin embargo sea hijo de mujer! Toda su industria es subir y bajar escaleras. Toda su elocuencia, el total de una cuenta.” (II, IV) Francisco está a nivel de la imitación y el estímulo primario, el bocado hace hablar al loro como la cuenta hace hablar al mesero. Habla por necesidad, no por un fin trascendente, pues es un personaje accesorio.
Hal siempre acusa a Falstaff de fanfarrón, aún en un dialogo que es actuado entre ellos dos dentro de la obra haciendo Hal de si mismo y Falstaff haciendo del rey, Hal acusa que Falstaff no puede salir de su ethos, al reprocharle y cambiar los roles de la parodia: “¿Es que hablas como rey? Haz mi personaje y yo representaré a mi padre.”(II, IV) El autor prefiere mantener la distancia de Falstaff de la virtud y acercar a Hal más a ella al actualizarlo de rey como alter ego suyo. Hal mantiene la conciencia en la parodia del rey, de su vida apartada del ideal de heredero al trono, así dice de él mismo: “Las quejas que he oído de ti son graves.”(II, IV) Hal tiene la virtud de no fanfarronear como lo hace Falstaff. Esta cerca de la prudencia del rey por tener precaución en el lenguaje. El príncipe reconoce sus limitaciones en el momento en que planea redimirse ante el rey y ante el reino
El combate redime a Henry V: Hal toma conciencia del ethos de su duro antagonista Hotspur, como se ve en la ironía sobre Percy en la taberna: “el Hotspur del norte, que me mata seis o siete docenas de escoceses antes del desayuno…” (II, IV). La ironía es apropiada para hablar ante la plebe, a quien debe convencer por medio de las cifras; pero ante el rey, su padre hablará de Hotspur en otro tono más grave, al ofrecer la victoria sobre Percy como prueba de reivindicación: “día vendrá que obligue a ese niño del Norte a cambiar sus gloriosas acciones por mis indignidades.”(III, II) El ofrecimiento de redención va acompañado de sumisión ante el rey. Prometer vencer a un guerrero esforzado como Hotspur, asegura la grandeza de la empresa, y acerca al príncipe más al cargo de monarca.

El encuentro entre Hotspur y el príncipe Enrique es un resumen de la caracterización de estos personajes, donde la arrogancia de Enrique V le hace recuperar la dignidad dañada por su mala fama, pero siempre manteniendo un lenguaje alturado ante el respetable enemigo: “Veo a un valentísimo rebelde… y no creas Percy, poder compartir por más tiempo la gloria conmigo.”(V, IV)
El reconocimiento del mérito del rival en este intercambio de presentaciones de tipo épico, es una forma de asegurar la predicción de la sucesión, Hotspur será reemplazado por Henry V en lo tocante a fama y virtud guerreras. Henry V debe reconocer el valor de su rival, porque así reconoce el valor de su empresa. El combate de ambos no brinda mayores detalles en la representación teatral porque se halla elidido y cortado por la intervención de Falstaff y Douglas. Sólo queda al lector el deíctico “combaten” y al espectador el resultado de un duelo que se actualiza como inspiración en la exclamación deíctica del agonizante Hotspur: “¡Oh Enrique, me has robado mi juventud! Soporto mejor la pérdida de esta frágil existencia que la de los títulos de orgullo que me has arrebatado.” (V, IV)
La inspiración se nota en la sorpresa de Hotspur por el breve desenlace del duelo y en la seguridad de Henry V de llevar a buen término su plan de redención en el cual Hotspur era la prueba decisiva. La inspiración representa un nivel suprasensible de entendimiento, por ello esta más cerca de la verdad que el conocimiento humano dependiente de la mediatización de los sentidos.
Antes de derrotar a Hotspur, Henry V se redime ante su padre el rey, defendiéndolo del ataque del escocés Douglas, quien huye, logrando que el rey diga agradecido de su hijo: “Detente y respira un poco. Te has redimido de la opinión que tenía recientemente de ti, y por la valiente ayuda que me has prestado has conseguido probar que tenías alguna preocupación por tu padre.” (V, IV) El mismo rey da prueba y fe de la redención de Henry V, porque el monarca era considerado un representante de Dios, encargado de detentar el poder temporal; por ello el rey se halla más cerca de la gracia. El campo de batalla se vuelve espacio semiótico de la redención porque la actividad guerrera es compartida y se actualiza como código que vincula al par de personajes padre e hijo de la familia real. La redención en la obra Enrique IV, es una suerte de vuelta al orden. Una actualización del conocimiento entre padre e hijo desde una reconciliación que asegura la pervivencia de la virtud de la familia real y permite al personaje de Henry V proyectarse a otra obra histórica de teatro más, la de Enrique V.
Conclusión: La virtud de Henry V consiste en planificar su redención luego de haber colmado su deseo de aprender del ethos del pueblo. El grado de autoconciencia de este personaje se expresa como conciencia metateatral, la rapidez del humor, la eficacia en la guerra en el momento oportuno, el dominio por medio de la competencia con Falstaff a quien vence socarronamente, luego de probada esta autoconciencia, la diégesis o narración de la obra se dividirá de acuerdo a los propósitos de Henry V.

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