Autores, Literatura, Otros

El prestige y el postín

Fitzgerald lidera las reediciones a propósito de los Oscar
Por Alvy Singer, en 30 de Enero de 2009

Los Oscar son un negocio rentable todavía. Las películas nominadas acostumbran a tener mayor recaudación, pero con los años, las adaptaciones de otros medios propician reediciones, básicamente literarias. El año pasado pudimos ver en primera línea a escritores de prestigio como Sinclair Lewis, Cormac McCarthy o Ian McEwan.

Este año los Oscar regresan también mirando a los libros y con ello suculentas reediciones de bolsillo, ideal para el lector que quiera observar las relaciones entre cine y literatura, y también la dudosa calidad de muchos materiales previos.

Uno de los peores es ‘El Lector’ de Bernhard Schlink. La novela que sigue el romance entre un joven adolescente y una inculta que estuvo en las SS carece de sensibilidad o de otro interés que no sea el del sensacionalismo: encontrarán tópicos perfectamente cultos (el profesor que fue despedido por enseñar a Spinoza, la inculta como símbolo de la falta de conciencia) y perfectamente vacuos, carentes de una cierta perspectiva moral. Schlink, otrora autor de novela de detectives hardboiled, carece de la poesía de un Günter Grass y la revisitación (en formato de best seller) del Holocausto/el nazismo confirma tanto la fascinación del Mal presente, como el negocio editorial perfectamente hecho a través de la culpabilidad y el morbo euorpeos. La literatura es responsabilidad y conviene recordar lo que dijo George Steiner a propósito del nazismo: era una cultura, señalaba el pensador, evidentemente escrita y por eso mismo destruyó cualquier atisbo (también escrito) de diferencia. El exilio de los autores, Thomas Mann et al, era justo eso: la demostración de uan lengua contaminada, triste, nunca más inocente, al servicio del mal. El triunfo del nazismo fue también un triunfo del lenguaje. La literatura de Grass, aseguraba Steiner, debía entenderse de este modo: como un modo de narrar post-contaminado.


Reedita Lumen, y con mucha gracia, ‘El curioso caso de Benjamin Button’ de Francis Scott Fitzgerald y añade otros cuentos, también estupendos. Es una oportunidad para iniciarse en el autor, siempre conocido por su perfecta ‘El Gran Gatsby’, y descubrir a un narrador que frecuentemente oscila entre lo liviano y lo sumamente triste. La recopilación es enfática en los cuentos más imaginativos de Fitzgerald. Los amantes del personaje podrán disfrutar de ‘Hemingway contra Fitzgerald’ que se ocupa de dos mitos de la primera mitad del siglo pasado, con profusión anecdótica e ideal para mitómanos. La literatura del narrador norteamericano, en su día mecenas del mismo Hemingway, tiene la tentación del roman a clèf: era evidente que Fitzgerald era todos esos personajes, soñadores imposibles y transitorios, pero también hizo suficientes méritos narrativos que no deberían ser esquivados por la hagiografía: consiguió ser un escritor ambicioso, precisamente en su búsqueda imposible de la obra perfecta, que, según Mario Vargas Llosa, nunca escribió una gran novela.

Esta afirmación podría refutarse tranquilamente ya que ‘El gran Gatsby‘ no es una obra maestra por defecto, sino por su perfección: su autor nunca volvió a aconseguir ese punto de vista tan atractivo, distante del sentimentalismo del que muchas veces es, injustamente, acusado. Brilla Fitzgerlad en los cuentos de Lumen, consigue reproducir su voz liviana, indiferente, natural, clave para entender a muchos de los narradores de la segunda mitad del siglo XX, y demuestra un excelente dominio del fantástico: ‘El diamante tan grande como el Ritz‘ es uno de los relatos incluídos y que juega con perfección con los límites de la representación. Su historia es tan increíble como, algo que el autor domina, absolutamente verosímil.

Este es un buen año para el teatro y su renacido romance con el séptimo arte, y, Amazon mediante, se pueden rescatar la deliciosa ‘Frost/Nixon’, una obra del ágil dramaturgo Peter Morgan llena de diálogos brillantes y un trasfondo bien documentado o ‘Doubt‘ de John Patrick Shanley, estupendo relato psicológico sobre la religión y sus peligrosa axfisia a la Moral.

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2 Comentarios en “El prestige y el postín”

1

[...] que a mi compañero Alvy Singer no le ha gustado demasiado a tenor de sus últimos comentarios (ver El prestige y el postín). Sin embargo, yo romperé una lanza a favor de esta novela de la que en breve podremos disfrutar [...]

2

Ya que hablamos de los Oscars al Guión adaptado, se olvida Vd. – o ha decidido olvidarla, lo que me llevaría a pensar que no le agradó en absoluto – de “¿Quién quiere ser millonario”, de Vikas Swarup, convenientemente reeditada por Anagrama, poniendo en la portada una (falsa) imagen de “Slumdog Millionaire”. Fabula dickensiana adaptada a la India actual, me pareció una novela entretenida pero que empacha ligeramente por su exceso en el detalle escabroso (si me permite la boutade, decir que la literatura “india” no me sienta bien al estómago; quizás “El buda de los suburbios” de Hanif Kureishi…). Ahora bien, es una verdadera lástima que su original estructura – con los constantes saltos temporales – se sacrificara en la película por cuestiones, supongo, narrativas.

Afectadísimos saludos.

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