Una de las historietas clásicas de América Latina y probablemente la más leída y querida de todas las publicaciones de tiras de diarios o historietas es sin duda la que relata las grandes aventura cotidianas de la cabezona niña argentina. Sin duda Mafalda le pertenece a América Latina tanto como la generación del Boom literario de los años sesenta. Además la relación que tiene con autores como Gabriel García Márquez o Sábato es intensa. El genial y famoso Gabo, premio nobel de literatura y el colombiano más famoso del boom, escribió el prólogo de la edición completa de las tiras de Mafalda. Joan Manuel Serrat la quiso tener en la portada de uno de sus discos y Humberto Eco, un genio de la semiología y autor de novelas de culto como “El nombre de la Rosa”, ha declarado su pasión por la niña gaucha. Si se quiere leer buenas historietas en lengua española se debe empezar por Mafalda, su ingenio y gallardía seducen a todo el mundo.

La historia de Mafalda es conocida por todo los aficionados a la lectura. Creada por Joaquín Lavado inicialmente para formar parte de una campaña de electrodomésticos Mansfield (la idea era hacer publicidad, la simple y codiciosa publicidad), pero Mafalda estaba destinada a mejores y más trascendentes destinos. La dama crítica y rebelde con la sociedad por excelencia no podía limitarse a ser un divertido vehiculo publicitario. No era su destino definitivamente, por eso Quino la reinventó en una nueva serie de Daily Strips publicado en Leoplan y Primera Plana. La historia era la que todos íbamos a amar. Mafalda fue siempre nuestra compañera más fiel, la hermana que todos quisimos tener, la guía de todos nuestros pensamientos sociales.
Resulta curioso que cuando me encuentro con compañeros de la escuela, años después de nuestra ya lejana infancia, aquellos que ahora son más insensibles y más pragmáticos en relación a conseguir dinero y éxito social son, justamente, aquellos que en la niñez no gustaron de Mafalda. Recuerdo que la queja más común que solía escuchar sobre mi símbolo de la rebeldía (Mafalda) era que la tiras no les daban risa. Siempre que me decían eso les devolvía una mirada de lástima y superioridad. Pobres cavernarios que se quieren reír en la procacidad de lecturas simplistas. La gran Mafalda no era para ellos. Por el contrario Mafalda era una sonrisa y una reflexión. Con Mafalda aprendíamos a ser rebeldes y a tener una visión crítica de la sociedad. La sociedad deshumanizada mercantil y capitalista estaba en sus viñetas y ella nos ayudaba a desenmascararla. Los terrores del totalitarismo comunista también los encontrábamos en sus mejores tiras y como siempre Mafalda nos enseñaba sobre ellos. La guerra de Vietnam y la crueldad de la guerra también la descubríamos en sus páginas. Las familias tradicionales que pretendían vivir en el mejor de los mundos e ignorar los problemas sociales eran sacudidos por la mirada iracunda y rebelde de la niña argentina. Imposible no amarla. Con ella se aplicaba perfectamente el título de la célebre canción de los 50 “Conocerla es amarla”.
Pero es mayor la influencia de esta niña argentina sobre varias generaciones de latinoamericanos e hispanohablantes en general, sea en América, Filipinas o España. Con Mafalda, todos aquellos que nacimos tarde y no vivimos la fabulosa década de los 60, pudimos descubrir a los 4 fabulosos de Liverpool. Recuerdo que en mi niñez fui criado en un ambiente demasiado clásico, mi padre solía escuchar a Bach, Vivaldi, Bizet. Los Beatles y en general el rock me eran ajenos. Consideraba al rock inframúsica propia de gente que no sabe escuchar y solo justa sacudirse la cabeza. Pero conocí a Mafalda y con ella Lennon, McCartney, Harrison y Starr entraron para siempre en mi vida con canciones como “In my life”, “Hey Jude” o “Back in the USSRR”. Introducir a uan generación en la música de los 4 fabulosos de Liverpool no es poca cosa. No es un mérito menor de Mafalda el mostrarnos esa gran música. También no hizo conocer a Nixón y la peor política colonialista yanqui, la lucha de la mujer por ser mejor valorada. Son clásicas las tiras en las que Mafalda aboga por una mejor instrucción de las mujeres y así evitar ser mujeres incultas y conformistas… como su madre.
También Mafalda nos regaló estupendas tiras que retrataban la posibilidad del hombre de llegar a luna. Un tema que apasionó al mundo en los años 60 hasta que se produjo el famoso alunizaje del año 1969. La posibilidad de una guerra atómica fue otro tema que Mafalda recreó en sus tiras, una de ellas muy famosa acerca del juego más corto de los niños: jugar a la bomba atómica. También comentó sobre la pasión por el fútbol que tanto caracteriza a los argentinos, en tiempos en los que Maradona ni había nacido. También satirizó brillantemente la afición por viejos héroes de seriales de televisión y de historietas como Batman y el Llanero Solitario. Mafalda fue un repaso por toda la cultura pop de los años 60.
Quizás los mejores momentos de humor se lo debamos a Manolito, el entrañable amigo materialista de Mafalda, quien estaba a cargo de cuidar y administrar el almacén de abarrotes de su padre. Una tira extraordinaria, en su momento ignorada por Quino, es la genial tira sobre el gobierno y el peligro comunista que termina con el sabio consejo de Manolito a Felipe acerca de formar un biombo.
Durante años hemos esperado el regreso de Mafalda, pero Quino se mantiene firme en su decisión de no volver a dibujar a su personaje más famoso. Quizás sea mejor así. La altísima calidad que alcanzó Mafalda en los años 60 debe mantenerse intacta. Sus tiras representaban lo más inteligente que una historieta pudo ser. Un símbolo y una guía para toda una generación. Mafalda es inmortal.

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