Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944) fundó el movimiento futurista con un enardecido listado de principios subversivos en el arte y una justificación de la personalidad que asumirían estos intelectuales en el medio artístico. El tono del manifiesto futurista es desafiante, soberbio y violento; aparece en la revista Le Figaro de Francia, el 20 de febrero de 1909. La versión que comento es la traducción de Ramón Gómez de la Serna en la revista Prometeo de abril de 1909.
La presunción del joven Marinetti, de 22 años a la fecha de su manifiesto, en el artículo Le futurisme, inunda y satura su propuesta. Hace alarde de su juventud para justificar el desprecio al pasado cultural de occidente, queriendo instalarse ellos como un nuevo punto de referencia en la historia del arte, que sería llevada sin contar obras canónicas, museos, e imponiendo la violencia como valor supremo y motor de la creación estética. Presumió de las posibilidades de su movimiento, más el canon tradicional siguió valido.

La nueva fórmula del arte: Marinetti proclama la ecuación del arte como la suma de la violencia, injusticia y la crueldad. El fue un aristócrata displicente, muy seguro de su posición privilegiada, aunque también revaloró el trabajo de los obreros como actividad creadora de progreso. Es con la violencia que los futuristas esperan cumplir sus metas y proyectos en el arte, al llegar a los 40 años, ya no les importará que artistas más jóvenes los desplacen, opaquen y olviden.
A esta fórmula se le añade el culto a la velocidad, entendida como motor del cambio. En el manifiesto se considera que mirar al pasado es retroceder y admirar las obras de arte antiguas es desperdiciar energías que deberían promover el esfuerzo creador. Tiene tono revitalizante pero lo empaña el exceso, Marinetti se arriesgó a decir que un carro de carreras de 1909 era más hermoso que la Victoria de Samotracia o la Nike alada. Los coches de esa época alcanzaban en recta récords de 80 a 100 kilómetros por hora.
Marinetti se enorgullecía de los albores del automovilismo, el no esperó que actualmente los autos de competencias como Williams, Toyota y Renault alcancen en recta hasta 338 kph y en carrera hasta 285 kph. El exceso y la presunción tienen un riesgo muy alto en el arte, con el tiempo se paga caro el error del juicio. No podemos negar que los autos de 1909 tenían formas gráciles como Packard, Ford, Bugatti, Panhard-Eleva Seur, y que para la época lograron lo insospechado.

Odio al pasado: Marinetti se revela contra el canon y la situación de la Italia de su juventud, cree que falta violencia en la enseñanza escolar y académica, para evitar estancarse en un culto al pasado. Mediante la guerra y la destrucción propone eliminar los vestigios de las obras clásicas para tenerse a ellos mismos como referentes. El alarde de su propuesta tuvo efecto, porque causó ruido y alarma en el mundo intelectual. Piensa que la moral es un rezago de la cobardía del pasado.
Con sólo los valores en la tecnología, la mecánica y lo moderno, Marinetti no se da cuenta que recorta opciones de revisión del canon clásico a su movimiento, no observa que disminuye posibilidades de influencias y desarrollos, y que queda fuera de la cultura como entelequia universal. Es necesario probar los orígenes intelectuales y artísticos, se debe respetarlos y crear en base a ellos, ya que el tiempo solo sirve para acumular, continuar y mejorar, no para despreciar.
Como si el arte requiriese de la brutalidad y la fuerza, Marinetti se atreve a proclamarse misógino, creyendo que la guerra y el desprecio a la mujer van a enaltecer su obra. En otro arranque de ira escribe “Abandonemos la sabiduría”, es decir que no quiere que haya el reconocimiento a un guía del pasado, o a una persona que sin ser vieja valore la cultura tradicional. La inviabilidad de la propuesta de Marinetti consistió en cortar la comunicación de su movimiento con el canon de obras precedentes.
No hay futuro para la presunción: El tiempo es una dimensión que nos envuelve a todos, ya que en nuestra trayectoria vital o podemos negar nuestro pasado, ni la influencia de nuestros ancestros y menos aún cercenarnos y auto limitarnos por el odio irracional hacia lo que es noble y elevado. La hipérbole de la presunción de Marinetti fue creer que los futuristas vivían en el absoluto, ya que a su época le faltó ver muchas cosas más que han llegado hasta hoy.
La ira, el odio gratuito y la presunción saturan demasiado rápido. No se puede querer ser contestarlo todo el tiempo si no notamos que el orden imperante en la sociedad y la cultura también sufre variaciones y que el parámetro para contestar debe ser revisado a la luz de los sucesos recientes y la historia. Marinetti creyendo en el odio y la violencia apoyó al fascismo y a Mussolini, pues entendió el poder de forma egoísta. Los juicios estéticos no deben basarse en la rabia, esto imposibilita colgarse de una propuesta.
Marinetti se creyó más allá del tiempo y del espacio pero no pudo visionar los adelantos que vendrían hasta hoy, tampoco sostener su movimiento más allá de una edad madura. El quiso vivir acelerado sin pensar en el tiempo interior que hace madurar al ser humano, que según nuestras experiencias y conocimientos nos hace saber en que momento estamos listos para quemar etapas y realizar proyectos. Marinetti se olvidó de ver la vitalidad como aprecio por toda la cultura y como deseo de aprenderla.
Conclusión: El manifiesto futurista de Marinetti hizo mucho ruido en el mundo artístico e intelectual, pero se proclamó espurio desde el origen, al despreciar la cultura canónica que sostiene el logos de occidente. Las energías que usó para odiar el pasado debieron servir como un llamado a promover el deseo de cultivarse para alcanzar el verdadero progreso. Marinetti entendió el arte, el absoluto como la violencia, crueldad e injusticia que debían sostener su movimiento.
Con tanta violencia y la presunción de creer que acababa con toda la cultura anterior, quitó la virtud a su movimiento de la nobleza que da la comunicación y la revisión de la cultura como un todo de conocimientos vivo, que se recrea en el discurso del logos occidental y está asumido por la conciencia colectiva de la sociedad.
Fotos:
“Marinetti” de zakros.com
“marinetti” de artsaha.org
“68658-004-D896DE11″ de media-2.web.britannica.com
“marinetti_100″ de italpag.altervista.org
“19.%20victoria_de_samotracia” de uv.es

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