acercamientos…
Recuerdo que la primera vez que escuché de Milan Kundera, me dije: “un escritor checoslovaco expulsado del partido comunista, y censurado a nivel nacional?, tengo que conseguir algo de este hombre”. Y así lo hice.
Por alguna jugarreta del destino, el primer libro que llegó a mis manos (por pura coincidencia, ya que lo encontré en la biblioteca de un amigo, y me lo llevé), fue justamente la primer novela que este checo con cara de niño escribió:“La broma”, publicada en 1968 a sus 39 años. Cosas con las que uno se deja sorprender, en fin.
La batalla contra la inalterabilidad
Ésta primer novela nos muestra con un humor a veces ácido, y algo negro, (perfil que se va a conservar y perfeccionar a lo largo de toda su obra) cómo a partir de una simple broma de jóvenes, se crea una pesadilla política. Una persecución. Una novela algo autobiográfica, ya que el protagonista principal es expulsado del partido, y comienza el gran desengaño. Se muestra con detalle el turbulento tránsito desde la idea que el protagonista tiene de protección por parte de un régimen ideal, supuestamente comprensivo y bondadoso, a la hostilidad y rigidez extrema de un partido que no permite mínimos desvíos. Una muestra de lo absurda que puede resultar la lógica de un régimen que se pretende indestructible, y lo peor, inalterable.
Y Kundera va a comenzar la batalla contra lo inalterable.
“Escribo por el placer de contradecir y por la felicidad de estar solo contra todos”

Este hecho le permite entrar en un mundo de reflexiones que se van a continuar durante todo este libro, y –lo que más nos interesa- que abre una senda muy fértil para toda la posterior obra literaria de este eslavo de pómulos duros, de ojos grises, sombríos y risueños. Y también por supuesto para toda una generación de escritores.
“quien busque el infinito,
que cierre los ojos”
La soledad: una dulce ausencia de miradas.
Nacido en Brno, Checoslovaquia en 1929. Padre pianista. Madre comprensiva. Dio clases de historia del cine en la Academia de Música y Arte Dramático desde 1959 a 1969, y posteriormente en el Instituto de Estudios Cinematográficos de Praga. También trabajó como jornalero y músico de jazz, afición que compartían con su amigo Julio Cortázar.
Este escritor de la primavera de Praga, pero también relacionado al mayo francés y a toda revuelta juvenil de los 60s, e impregnado por el movimiento surrealista, plantea una forma de hacer novela, un estilo marcado por los grandes desengaños del siglo XX. Le llamaría un idealismo post-idealista.
Me interesa en este artículo, hablar del escritor, quizás a modo de puerta de entrada al mundo que nos propone. Descubrir en su personalidad y en su estilo, las formas apasionantes que hacen a sus novelas, tan envolventes.

“…pretendo que mis libros sean divertidos, fáciles de leer y difíciles de comprender.
Porque detesto los libros difíciles de leer
y fáciles de comprender…”
Me gustaría tomar una idea.
Una que Kundera plantea con frecuencia, y que determina, en mucho, su estilo literario. La máxima que nuestro autor nos trasmite parece ser que sus personajes le permiten abrir un abanico de posibilidades de sí mismo. Que todos, y cada uno de ellos, hasta los más desagradables y ruines, actúan, en algún sentido, de la manera que él hubiera actuado en ciertas circunstancias.
Kundera admite –cosa que no todos hacen tan abiertamente, y algunos, sin duda hasta lo negarían- que al escribir, siempre está escribiendo sus posibles posibilidades, las de un self inabarcable, aquella posibilidad de haber sido lo que no fue, que al mismo tiempo le permite ser en el instante en que se los crea.
Así, este autor toma a la literatura, como una forma de crearse y recrearse a sí mismo, y al mundo que lo rodea. Le permite hacer convivir formas opuestas de pensar, pero sin necesidad de caer en la contradicción, en el sentido de una contradicción inmovilizadora. En todo caso la contradicción que nos propone Kundera, se vuelve fuente creadora y disparadora de otras tantas temáticas.
Sus personajes, le dan la oportunidad de bucear en el océano que representa la complejidad humana. Con ellos se expresa.
Lo que nos trae Kundera con este planteo, es la aterradora idea (como seres necesitados de verdades absolutas que somos) de la multiplicidad en el individuo. Las múltiples partes divisibles en el supuesto in-divisible. Es así que Kundera no sólo arremete contra un totalitarismo más propiamente de Estado, sino también contra una suerte de sedentarismo existencial, de estancamiento del ser. Plantea, justamente, al movimiento… La vida, está en otra parte.
De ésta manera, logra una literatura-puente, una literatura-explosivo. Como catapulta de lo que no es conveniente preguntarse.
Las realidades que crea Kundera en este sentido son tan heterogéneas como atrevidas, irreverentes, audaces. Son historias de sexo con un tono despreocupado, con un trasfondo amoroso, historias de personas que hacen el amor de la misma manera que mantienen una discusión política.
“…todas las grandes novelas, las verdaderas novelas,
son bisexuales…”
Las que cuenta, son historias de personas que luego de hacer el amor, se preguntan porqué lo han hecho, y quedan pensativas al borde de la cama.
El personaje de Kundera es un personaje humano, contradictorio, envuelto en temáticas cotidianas que a la ves están entramadas, enquistadas en problemáticas políticas (en el sentido partidario), sociales y existenciales, sobre todo existenciales.

Lo publico, lo privado
La literatura del otro K checo -junto con Kafka-, penetra en los pormenores de la mente humana, en los intersticios más sutiles, para confundirse con la vida pública. Temática que alude al problema de la intimidad. El régimen totalitario que penetra y se mete en lo más intimo del ser humano. Pero para Kundera, ese espacio, el de la cama, es de los ámbitos más públicos, entonces, hay un saber popular sobre la cama, y que se transmite. Así, construye otra crítica fuerte y elaborada hacia el sistema que él sufrió, que lo condeno y expulsó. Pero al mismo tiempo, como decíamos, una crítica hacia todo intento totalizador del hombre, toda fuerza normalizadora, serial, estereotipada.
De una forma muy personal, Kundera se convierte en narrador que entra y sale de la historia, que juega en una puerta giratoria, sin saber lo que le depara a sus personajes. Narrador que se toma momentos-capítulo para la reflexión.
Es realmente fascinante cómo va construyendo una historia anti-lineal, cómo rompe con los límites de un tiempo constante y perpetuo, y crea así una sensación de novedad inacabable. Su retórica muestra una precisión de cirujano a la hora de crear climas, y pensar sobre estos mismos. Su modo narrativo es incongruente con lo armónico, lo acabado.
Kundera crea un tiempo literario (llamémosle tiempo k) en el que se sumerge con total comodidad, y que le permite moverse a través de la novela como lo hace también Cortázar con su Rayuela. Un libro Rayuela.
Y esto, creo, es el gran valor de Kundera. Esa capacidad para construir un personaje que se cuestiona, que está inmerso en un abanico de multiplicidades que son inacabadas, y que por esto mismo nunca predecibles.
Mucho más es lo queda por decir y abordar, de la basta obra de este escritor eslavo. Quedará para otra ocasión-que no faltara, sin duda- el abordaje de alguna de las magníficas novelas de las que he hecho referencia.
He dado alguna que otra pauta de lo que éste checo, de ojos cálidos y manos de pianista de jazz, ha dado en llamar novela esquizofrénica. Ahora, quien quiera sumergirse en este océano de incertidumbre, ya está avisado.


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