Julio Ortega (Perú, 1942) escribe una nouvelle de humor negro Adiós Ayacucho (1986),
la cual reapareció en la antología de cuentos sobre la subversión en Perú titulada Toda la sangre (Matalamanga, 2006), en la que el protagonista Alfonso Cánepa es un zombie víctima de la acción militar que viaja a Lima a recoger los huesos que le faltan, este campesino dirigente, genera el odio y la desconfianza de las fuerzas armadas y de los grupos subversivos que censuran sus transacciones con el estado para con su comunidad, la localidad de Quinua.

Cánepa es un muerto con conciencia y locomoción propias, obsesionado por conseguir sus huesos para descansar en paz. “Vine a Lima a recobrar mi cadáver.” inicia el protagonista el relato, situando el punto de vista del narrador en primera persona desde la muerte. Cánepa quiere recuperar una pierna, un brazo y los huesos que se le cayeron al cadáver con las explosiones de granada que lo mataron. Cánepa como hombre andino quiere reunir todos sus restos para tener sepultura y dejar de vagar. Este es un relato que comienza desde la muerte y que presenta a un muerto avanzando por el escenario de Ayacucho y Lima. Nos recuerda al narrador en primera persona de Pedro Páramo (1955) de Rulfo, Juan Preciado por el tono de auto conmiseración que tienen ambos y porque Preciado viaja a Comala también por un reclamo. Sin embargo hay una inversión con la obra de Rulfo y es que Preciado comienza su viaje como un vivo en un pueblo de muertos, Comala; mientras que Cánepa es un muerto o zombie que interactúa con los vivos. Cánepa es visto por todos, habla, come, bebe, recuerda lecturas, se desplaza y debate.

Cosificación de la víctima: El zombie Cánepa no causa pavor entre el público que advierte su presencia, a lo sumo curiosidad pues se actualiza por el ridículo, camina cojeando y tose, su debilidad lo presenta en un nivel infra humano, entra dentro de maletas por su poco peso y refleja lo que fue el campesino para la prensa y los grupos beligerantes, mera estadística, la anécdota capaz de ser manipulada por el oficialismo, el elemento neutro incómodo, el sujeto indiferenciado y minimizado que canaliza las tensiones de la guerra civil. El muerto está deambulando ante una colectividad insensibilizada por la distancia social entre el campesinado y la urbe.
El Estado Centralista: Lima se halla lejos de Ayacucho, foco de la violencia subversiva en los ochentas. Para pedir una reparación a su traumática situación Cánepa viaja a Lima y llega hasta el presidente Belaúnde, quien no le hace caso ni lee su carta. El zombie solo recibe la paliza de los guardaespaldas del mandatario. La ineficiencia de la justicia ocasiona la movilización improductiva de la víctima, quien solo constata la indiferencia y el silencio a su reclamo.
La caricatura del debate campesino con un estudioso: Cánepa conversa sobre el estado de la cuestión del campesinado durante el conflicto armado con un estudiante de antropología que ocultaba su trabajo para el servicio de inteligencia. Este debate se realiza a bordo de un camión que va de Ayacucho a Lima, vehículo que representa un medio de comunicación para las relaciones comerciales entre el campo y la ciudad, así como se cambian mercaderías se cambian ideas de un lugar a otro. Este medio es de uso frecuente para los antropólogos que realizan su trabajo de campo en el medio rural.
Cánepa propone dos hechos como los pilares del discurso de dominación para subordinar a los indios, la toma de Cajamarca tras el discurso del cura Valverde y la matanza de Uchuracay, el estudiante inscrito al discurso oficial solo ironiza y resta importancia a los postulados de la víctima.
El intercambio de posiciones entre el dominante y el subordinado: El estado defiende intereses de grupos de poder, los blancos o mistis llevan la posición de prestigio de credibilidad, mientras que los campesinos indios o mestizos están subordinados a un sistema que no los considera en igualdad de roles. Ante el fracaso de su gestión en Lima, Cánepa decide meterse a la urna que contiene los huesos del conquistador Francisco Pizarro, quien fuera representante del sector dominante en la colonia y victimario de los indios durante la conquista del imperio incaico, en una violencia abusiva que iguala a la empleada por las fuerzas armadas y los grupos terroristas. Una víctima se burla del dominante tomando los huesos de Pizarro por los que le faltan, así se oculta de sus perseguidores y se mimetiza en el sector dominante por la usurpación y apropiación del espacio ajeno.
La baja autoestima de la víctima: Cánepa se siente cojudo de nacimiento por salir de la fosa común con medio cuerpo menos, se sabe perdedor y disminuido ante las fuerzas armadas y subversivas enfrentadas que lo ponen en medio de sus hostilidades. El humor es para el campesino Cánepa una forma de conocimiento, de aprehender la realidad, peruano es un sinónimo de cojudo, de buen tonto, de perdedor, el ignorante que no domina el castellano, que esta limitado a las observaciones del campo y no puede hacer abstracciones de temas intelectuales que hace el capitalino. Cánepa plantea esta equivalencia con amargura y gracia, la acepta para su ethos porque está convencido que aún no se ha consolidado en Perú un proyecto de nación que integre a todas las etnías y sectores sociales. Sentirse cojudo es sentirse el otro sin importancia, el que sabe que su desgracia se siente ajena en la capital. Agrava esta sensación la dicotomía costeño serrano o capitalino provinciano, que se refleja en el recelo entre estos sectores.

Conclusión: El protagonista Alfonso Cánepa en vida y muerte se desenvuelve al medio de dos grupos en conflicto, los terroristas de Sendero Luminoso y la policía que representa al Estado y lo victima. Cánepa se obsesiona por recuperar los huesos que le extirpó la policía antes de enterrarlo en la fosa común, para este fin viajará desde Quinua a Lima en camión, donde podrá debatir sobre la marginación del indio con un intelectual coludido con el Estado tolerante de la violencia de las fuerzas armadas. La baja autoestima y la auto conmiseración se reflejan en el discurso de Cánepa. Este es un muerto que se sabe de antemano perdedor, por la dominación ejercida a su clase social, los campesinos. Como todos los sectores dominantes, los ciudadanos, el presidente y los profesionales coludidos con el Estado no lo ayudan, decide vengarse usurpando la tumba de Pizarro, asumiendo un lugar que no le corresponde.
El relato mantiene el humor negro todo el tiempo, es por eso que la venganza de Cánepa en Pizarro se vuelve una burla, que socava el prestigio del conquistador, quien está al mismo nivel moral de quienes lo asesinaron a él o de los terroristas que no respetan la vida de la sociedad civil, sean campesinos o gentes de zonas urbanas.

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