Por primera vez supe de la escritura Roberto Bolaño por un fragmento de uno de sus cuentos que fue publicado en el suplemento cultural de un diario de circulación nacional en Colombia, mi país de origen. Hasta entonces había oído mencionar al autor, pero no me había asomado a los primeros títulos de su obra, ni me imaginaba cuan fascinante era, aunque ya su novela Los detectives salvajes (1998) había obtenido en Venezuela el premio Rómulo Gallegos que, en esta parte del continente americano, tiene la resonancia y el prestigio de un Nóbel.
Es muy particular su universo literario, decían unos; es el escritor que ha abierto brechas, opinaban otros. El entusiasmo por su incorporación a la nueva narrativa hispanoamericana era cada vez más creciente, y fue entonces que llegó a mis manos una novela breve que me deslumbró desde sus primeros párrafos: “Ahora soy una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fui una delincuente. Mi hermano y yo nos habíamos quedado huérfanos. Eso de alguna manera lo justificaba todo. No teníamos a nadie y todo había sucedido de la noche a la mañana”. El título de la novela era Una novelita lumpen, y se acaba de publicar ese año de 2002. Su argumento no era rebuscado, y con una notable precisión verbal el autor contaba en dieciséis capítulos la historia de Bianca, referida por ella misma, tiempo después de haber ocurrido los hechos narrados, cuando ella y su hermano quedaron huérfanos siendo muy jóvenes y pudieron sobrevivir gracias a una pensión que le dejaron los padres. Ambos son estudiantes de colegio, y ambos trabajan. Bianca en una peluquería; el hermano en un gimnasio. Un día cualquiera el hermano se presenta con dos amigos que se quedan a vivir en la casa. El parecido físico entre ellos es asombroso. Los tres jóvenes planean un robo a un ciego a quien Bianca le vende su cuerpo a domicilio. La misión de ella será averiguar el escondite de los objetos de valor del actor retirado, pero termina arrepintiéndose de la acción que está por cometer y echa a la calle a los amigos del hermano. La historia es sencilla, con cierta tendencia a la simplicidad, y no tiene esas características que son particularmente habituales en la temática de la narrativa de Bolaño. Aquí no hay derramamiento de sangre, no hay derroche de violencia, ni mucha truculencia, sino cinco personajes que viven un drama que se desarrolla en Roma porque el autor fue invitado por la editorial, junto a otros escritores, a escribir novelas que tuvieran como telón de fondo a una ciudad capital.
Después de leer Una novelita lumpen, texto que recomiendo en Leergratis.com porque me parece una obra maestra que despierta el deseo de seguir leyendo a Roberto Bolaño, me propuse conocer más de su vida, y por su autobiografía breve supe que su infancia había transcurrido en el Chile anterior al gobierno de Salvador Allende, y que en los años 60 su familia viajó a México para remediar una crisis económica. En ese país integra un irreverente grupo literario. Después del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 regresa a Chile para hacer parte de una resistencia que le ocasiona ser privado de la libertad por dos días. Posteriormente regresa a México y publica en 1976 el libro de poemas Inventar el amor. Luego su destino será Europa y primero deambula un tiempo por Francia para después establecerse en España donde escribe sin pausa mientras realiza trabajos de distinta índole. Con lo que gana en esto, y en los premios obtenidos en concursos de cuentos nacionales, consigue subsistir en los años 80. Aunque a esta década pertenece Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (1984), un texto que escribe con Antoni García Porta y que le significó el Premio Ámbito Literario de Novela, el reconocimiento a su obra se da a partir de 1990.
Los detectives salvajes fue escrita en 583 páginas, y los conocedores de la vida de Roberto Bolaño afirman que esta novela contiene el itinerario personal del autor desde que su familia se establece por primera vez en México hasta su traslado a España. Los escenarios son México, Santiago de Chile, Nicaragua, Estados Unidos, España, Francia, los mismos en los que el autor paseó su trashumante existencia.
Arturo Belano y Ulises Lima, son los detectives salvajes y poetas que se imponen la misión de rastrear el paradero de Cesárea Tinajero, una escritora que desapareció en México después de la Revolución. En la búsqueda emplean veinte años, en los que se desplazan por varios países del mundo, apareciendo y desapareciendo entre numerosos personajes tan enigmáticos y desconcertantes como ellos. En esta novela pasa de todo y su fuerza mayor radica en el buen uso del lenguaje.
Además de las novelas citada, La extensa bibliografía está conformada por los siguientes títulos: La pista de hielo (1993), Estrella distante (1996), La literatura nazi en América (1996), Llamadas telefónicas (1997), Amuleto (1999), Monsieur Pain (2000), Nocturno de Chile (2000), Putas asesinas (2001), Amberes (2002), El gaucho insufrible (2003), y Entre paréntesis (2004), y 2666 (2004), ambas obras póstumas, pues el autor murió el 14 de julio de 2003, a causa de una insuficiencia hepática, mientras esperaba un trasplante de hígado. 2666 fue su obra más ambiciosa y cuando murió ya tenía escritas más de mil páginas. Yo no la he leído aún, pero supongo que esta novela es el resultado de una intención totalizadora, y que en ella deben estar resueltas algunas de las obsesiones literarias de un autor apasionado como Bolaño, para quien la literatura era “Saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso. Correr por el borde del precipicio: a un lado el abismo sin fondo y al otro lado las caras que uno quiere, las sonrientes caras que uno quiere, y los libros, y los amigos, y la comida. Y aceptar esa evidencia aunque a veces nos pese más que la losa que cubre los restos de todos los escritores muertos”.


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