El componente novelístico de la literatura es muy rico, pues abarca un sin fin de subgéneros. A los más populares –el histórico, el policíaco, el de terror, etc- se añaden otros menos conocidos pero que también tienen su público. Así sucede, por ejemplo, con el que podríamos calificar como narrativa médica. Formarían parte de ella obras que, tras un argumento mejor o peor trazado, presentan cuestiones relacionadas con los profesionales de esta disciplina.

Portada de la obra
Al igual que en el caso de otros subgéneros narrativos, el médico también puede combinarse con los demás. Tendríamos así, por ejemplo, una novela médico-policíaca o una médico-histórica.
Esto es precisamente lo que viene haciendo a lo largo de su carrera literaria Antonio Cavanillas de Blas (Madrid, 1938), cirujano de profesión, escritor y admirador de la cultura árabe, que conoce ampliamente.
Cavanillas acaba de publicar ‘El cirujano de Al-Andalus’ (La Esfera de los Libros, 2009), novela que, ciñéndose a lo que comentábamos, se sumerge en la vida del médico personal de Califa Abderrahman III, Abul Qasim. Este genio medieval, al parecer, inventó revolucionarias técnicas quirúrgicas que le permitían operar con éxito ya por entonces las cataratas, las hernias y el bocio, así como realizar traqueotomías, trepanaciones y amputaciones.
Se trata, por tanto, de una suerte de biografía novelada de este médico español, que vivía en la ciudad por entonces más cosmopolita de occidente: la Córdoba califal. En esta urbe, que reunía todo el caudal de saberes de su tiempo, asistimos, no sólo a las intervenciones de Qasim, sino también al esplendor del palacio del Califa, al ambiente del zoco o a las aventuras del harén. Incluso lo acompañamos en su viaje a Bagdad en busca de nuevos conocimientos.

Antonio Cavanillas
De este modo, aunque Cavanillas se centra de forma especial en los temas médicos, la obra no resulta en absoluto aburrida para el profano, pues su contenido histórico y la ficción están bastante bien desarrollados. Al igual que hiciera en ‘El médico de Flandes’, el autor ha sabido combinar de modo acertado los ingredientes de su obra. No se le puede pedir más, pues es lógico que su condición de cirujano sea apreciable a la hora de escribir. Es lo que se llama deformación profesional.
Por tanto, la obra resulta interesante para todos los públicos. Y, si los pasajes sobre medicina nos aburren, siempre podemos saltárnoslos sin por ello perder el hilo argumental.
Fotos: Portada: tomada de la web de la editorial | Antonio Cavanillas: tomada de la web de la editorial

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