Por
Inma Manzanares, en 14 de Abril de 2008
...a cantaba don antonio machado, padre.
luego vendrían la institucion libre de ensenanza, la estancia en parís, soria, en particular, y castilla, en general, y caminos, muchos caminos que hacer, porque ya lo dice el poeta, ‘caminante, no hay caminos, se hace camino al andar’.
caminos que, a veces, parecen acercarlo al modernismo:
“adoro la hermosura, y en la moderna estetica
corte las viejas rosas del huerto de ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmetica,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar”
pero que lo despegan de el y lo acercan a un intimismo diferente, “mi verso brota de manantial sereno.”
las palabras de machado son significativas por sí mismas, no necesitan adornos, ni sus sutantivos van acompanados de epítetos floridos. el lenguaje de su poesía es bastante simple, o, al menos, eso aparenta, porque donde faltan ‘los afeites’, sobran los conceptos y las metaforas: los caminos, las veredas, las tardes, el agua que corre frente al agua de los cangilones, el olmo seco al que le empiezan a aparecer unas hojitas verdes, las galerías, los suenos, la luz, la primavera, los relojes… todos tienen otro sentido en la obra machadiana, no aparecen porque sí, marcan su vida, sus alegrías, el tiempo que pasa y que no volvera, sus recuerdos, sus momentos de tristeza y sus esperanzas.
en la vida de machado, tan dado a pasar desapercibido y a vivir como un hombre sencillo, hay tres grandes amores: uno, leonor, su esposa, a la que conocio cuando ella tenía 13 anos, recien llegado el a soria, con la que se casara apenas ella cumpla los 16 y que estara muy poco tiempo a su lado, pues muere pronto:
“sentí tu mano en la mía,
tu mano de companera,
tu voz de nina en mi oído
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡eran tu voz y tu mano,
en suenos, tan verdaderas!...
vive, esperanza, ¡quien sabe
lo que se traga la tierra!”
otro, guiomar, una luz que se ve en la niebla, y que, para algunos, es solo un fantasma y para otros, una esperanza y que machado deja a mitad de camino entre lo uno y lo otro:
“guiomar, guiomar,
mírame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar.”
“todo amor es fantasía;
el inventa el ano, el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, mas,
la amada. no prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamas.”
y su tercer amor, sin duda, castilla. la melancolía de machado encuentra un lugar idoneo en castilla, se llega a identificar tanto con la tierra, que se siente “extranjero” en los campos andaluces. el duero corre por sus venas, como si fuera su propia sangre, y anora aquellos paisajes desde baeza, lugar al que se traslada tras la muerte de su joven esposa. y recordar castilla es recordarla a ella (o, al contrario, que en este caso es lo mismo):
“alla, en las tierras altas,
por donde traza el duero
su curva de ballesta
en torno a soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazon esta vagando, en suenos…
¿no ves, leonor, los alamos del río
con sus ramajes yertos?
mira el moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.”
castilla es para machado la esencia y sus hombres son el reflejo de esa tierra dura y diversa:
“labriegos transmarinos y pastores
trashumantes –arados y merinos-,
labriegos con talantes de senores,
pastores del color de los caminos (…)
castilla visionaria y sonolienta
de llanuras, vinedos y molinos.
castilla –hidalgos de semblante enjuto,
rudos jaques y orondos bodegueros-,
castilla –trajinantes y arrieros
de ojos inquietos, de mirar astuto-,
mendigos rezadores,
y frailes pordioseros,
boteros, tejedores,
arcadores, perailes, chicarreros,
lechuzos y rufianes,
fulleros y truhanes,
caciques, y tahures y logreros.”
toda una gama que se completa con unas de sus composiciones mas logradas: ‘la tierra de alvargonzalez’, cuento y poema, en torno ambos a la historia negra ...