Por
Luisfer Romero Calero, en 28 de Septiembre de 2007
...ion por parte del emperador, que se ha unido a la archienemiga casa harkonnen, paul debe superar las duras adversidades de arrakis, y recuperar el honor perdido por su familia.
el argumento, sin duda, es muy atractivo, y es de destacar la coherencia, los finos hilos con los que se mueve toda la historia. practicamente no existen lagunas narrativas y hay ciertas partes de la trama donde emerge la emotividad y el ambiente poetico tambien es omnipresente. sin embargo, dune tiene un defecto inconmensurable que la deja en una novela de "querer y no poder". podría ser obra maestra, como muchos defienden, y sin embargo, se queda en una posicion muy confusa, como lo es el propio libro.
y es que la lectura de este libro es todo un reto. cuando el lector se enfrenta a un sinfín de personajes, a una puesta en escena que incluye cientos de situaciones y lugares nuevos y ficticios, por lo menos exige que la lectura no sea tediosa, que todo pueda ser imaginado y reconstruido en su mente. que exista, al fin y al cabo, una implicacion por parte del lector y que esta no sea ardua. nada de esto sucede. leer dune es un continuo ejercicio de fuerza de voluntad, donde el no entender nada se convierte en lo normal. todo esto va en contra de su potencial argumento, ya que llega un momento en donde, el lector, muy poco partícipe en la propuesta, y agotado de tan laboriosa tarea, pierde absolutamente todo el interes en toda trama expuesta, en los dialogos (a veces muy logrados) de sus personajes. frank herbert no piensa para nada en el lector, castigandole con una innumerable sucesion de nuevos terminos y pocas explicaciones; nuevos personajes y pocas respuestas; nuevas circunstancias y muy pocas aclaraciones.
a dune le sucede lo mismo que a metropolis, de thea von harbou. muchos llegan al libro a traves de la película, creyendo que, si la película es lenta y carente de ritmo, el libro no se resiente por ello. gran error. cuando uno asimila que va a leer un libro lento y reflexivo, al menos prevee una compensacion externa, otras virtudes que lo contrarresten. de hecho, hay grandes obras de la literatura de ciencia-ficcion que se caracterizan por su ritmo lento, por sus pausas narrativas, por sus reflexiones, pero no suponen un desafío a la paciencia del lector. por citar algunas, se encuentran un caso de conciencia, de james blish, el fin de la eternidad, d...